Que reine Dios en la historia de Tucumán

Por Redacción Sociedad 20 Noviembre 2016

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

La Iglesia celebra la fiesta de Cristo Rey. Termina el ciclo litúrgico y se inicia el próximo domingo el tiempo de Adviento como preparación a la Navidad. Esta celebración nos hace dimensionar la importancia de la historia como ámbito de nuestra existencia única e irrepetible. En ella se juega nuestra libertad de seguir la verdad, el bien, a Dios. De lo que hayamos sembrado y trabajado dependerá nuestra vida tanto aquí como en la vida definitiva con Dios.

Dios, la historia, nuestra libertad, la gracia y el pecado: todo juega en una sola persona que somos cada uno de nosotros; y de nosotros depende que hagamos reinar a Dios, a Jesús en nuestras vidas.

Hemos de dar gracias al Señor por lo vivido en el 2016, Tucumán tuvo su momento histórico de ser centro del país por el Bicentenario, pudimos vivir la experiencia de fe del Congreso Eucarístico, la dimensión social e histórica de Pensar la Patria para los próximos 100 años, se han generados muchas alegrías que nos dan aliento para trabajar en la próxima centuria, de nosotros dependerá, porque los tucumanos siempre seremos los que hicimos la Independencia de este país.

Pero estos logros y buenos propósitos no han estado privados del dolor de la cruz, la presencia irrefrenable de la droga como causa de muerte de tantos niños y jóvenes, la violencia y fragmentación social, la pobreza excluyente de posibilidades, la soledad de familias marcadas por el dolor, la muerte de una hermano sacerdote convulsionó como un tsunami la vida de nuestra provincia. Todo esto no debe ser ignorado sino asumido para hacerse cargo de la historia vivida.

Que Dios reine en Tucumán es construir el aporte de la fe a la vida social e individual, es proyectar una cultura que haga crecer integralmente a todos los sectores de la vida del hombre, desde su derecho a ser respetado desde el momento mismo de la fecundación a respetar su proceso natural de muerte, es luchar para que no nos acostumbremos a ver pobres sino a erradicar la pobreza injusta de tantos hermanos, es superar la resignación ante la corrupción estructural que nos invade como forma habitual de noticias, es tomar a Dios en serio, ya en nuestras vidas como en la sociedad.

Que luchemos por hacer reinar a Jesús, Él es nuestra paz y nuestra vida.

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