Hace pocos días, el martes 15, varias zonas de nuestra provincia fueron castigadas por una granizada de alrededor de 20 minutos. La zona más afectada resultó Trancas, donde la caída de piedras fue de mayor duración, unos 30 minutos. El viento derribó algunos árboles en Banda del Río Salí. Además hubo inconvenientes en Lules, Delfín Gallo y El Colmenar, donde las lluvias fueron más intensas, y Cruz Alta, donde el viento sopló más fuerte.
Justo 80 años atrás otra tormenta de piedras afectó la localidad de Leales y sus adyacencias. Nuestro diario lo anunciaba de la siguiente manera: la tormenta destrozó todas las sementeras (sembrados), mató gran cantidad de animales de corral y causó otros muchos daños, no habiendo empero que lamentar desgracias personales ni desperfectos sensibles en los edificios.
El fenómeno meteorológico también tuvo inusitada violencia en Simoca, Balderrama, Monte Rico y Alto Verde. En estas dos últimas zonas además de sembradíos y cultivos también quedaron destruidas numerosas viviendas. Las piedras habían sido precedidas por un fuerte aguacero que inundó el lugar.
Las primeras imágenes llegadas a nuestra redacción mostraban los destrozos que habían sufrido las plantaciones de melones de Balderrama, donde se perdió toda la cosecha.
Un fenómeno atmosférico, inesperado, ha venido a echar por tierra muchas esperanzas y destruir, en el término de escasos minutos, los esfuerzos y sacrificios de un núcleo ponderable de tucumanos entregados desde hace muchos años a labrar nuestra tierra fértil. Así comenzaba la crónica sobre los efectos de la tormenta en la población sureña. La información aseguraba que la tormenta había sido de una intensidad inusitada hasta ahora, pocas veces registrada, y su duración, de 20 minutos, lo suficiente para cumplir con su fatal misión de destrucción.
La crónica resalta también que afectados pidieron la ayuda oficial para aliviar la crítica situación en que el fenómeno les ha colocado.
Las autoridades en primer término enviaron a técnicos de la Estación Experimental para constatar los daños, calcular el monto del perjuicio y disponer los planes de reconstrucción para los afectados Con un listado que especificaba los datos de los agricultores recién censados con sus correspondientes pérdidas en hectáreas, nuestras páginas expresaban: son muchos los agricultores perjudicados por el fenómeno, el que alcanzó la zona comprendida desde el río Balderrama hasta Monteagudo Viejo.
Semejanzas
Pocos días atrás, el 16 de noviembre de 2016, nuestra crónica expresaba: en apenas media hora diluvió, granizó, salió el sol y la ciudad se llenó de arco iris. Las nubes ya lo anunciaban, pero el cielo se mantenía indeciso. A las 18.20, justo cuando el microcentro “hervía” de gente, las piedras comenzaron a caer, primero aisladamente, y en cuestión de segundos ya azotaban a los desprevenidos transeúntes que corrían a guarecerse debajo de los techos. El artículo señala que Jorge Luis Noriega, del Servicio Meteorológico Nacional, confirmó que el granizo se produjo en la zona céntrica y hacia el oeste de la capital. Y aseguró que a partir del viernes descenderá la temperatura.
Vuelta atrás
Hace 80 años nuestras páginas registraban los primeros informes al día siguiente: la población de esta villa (Leales), tanto como las adyacencias, vivió ayer momentos de verdadera intranquilidad con motivo de la tormenta de piedra que se desencadenó a las 19.50 con violencia inusitada y se prolongó lo suficiente como para causar enormes perjuicios, por el momento imposible de calcular exactamente.
Los días posteriores al meteoro de 80 años atrás se presentaron lluviosos y fríos. Según datos recogidos por nuestros repórter, la lluvia, con diferencia de intensidad, abarcó todo el territorio de la provincia, alcanzando en algunos lugares como Padilla y Río Seco unos 38 milímetros”, anunciaba nuestro informe del tiempo. Además se decía que la temperatura no había pasado de los 14 grados en algunas jornadas.
Justo 80 años atrás otra tormenta de piedras afectó la localidad de Leales y sus adyacencias. Nuestro diario lo anunciaba de la siguiente manera: la tormenta destrozó todas las sementeras (sembrados), mató gran cantidad de animales de corral y causó otros muchos daños, no habiendo empero que lamentar desgracias personales ni desperfectos sensibles en los edificios.
El fenómeno meteorológico también tuvo inusitada violencia en Simoca, Balderrama, Monte Rico y Alto Verde. En estas dos últimas zonas además de sembradíos y cultivos también quedaron destruidas numerosas viviendas. Las piedras habían sido precedidas por un fuerte aguacero que inundó el lugar.
Las primeras imágenes llegadas a nuestra redacción mostraban los destrozos que habían sufrido las plantaciones de melones de Balderrama, donde se perdió toda la cosecha.
Un fenómeno atmosférico, inesperado, ha venido a echar por tierra muchas esperanzas y destruir, en el término de escasos minutos, los esfuerzos y sacrificios de un núcleo ponderable de tucumanos entregados desde hace muchos años a labrar nuestra tierra fértil. Así comenzaba la crónica sobre los efectos de la tormenta en la población sureña. La información aseguraba que la tormenta había sido de una intensidad inusitada hasta ahora, pocas veces registrada, y su duración, de 20 minutos, lo suficiente para cumplir con su fatal misión de destrucción.
La crónica resalta también que afectados pidieron la ayuda oficial para aliviar la crítica situación en que el fenómeno les ha colocado.
Las autoridades en primer término enviaron a técnicos de la Estación Experimental para constatar los daños, calcular el monto del perjuicio y disponer los planes de reconstrucción para los afectados Con un listado que especificaba los datos de los agricultores recién censados con sus correspondientes pérdidas en hectáreas, nuestras páginas expresaban: son muchos los agricultores perjudicados por el fenómeno, el que alcanzó la zona comprendida desde el río Balderrama hasta Monteagudo Viejo.
Semejanzas
Pocos días atrás, el 16 de noviembre de 2016, nuestra crónica expresaba: en apenas media hora diluvió, granizó, salió el sol y la ciudad se llenó de arco iris. Las nubes ya lo anunciaban, pero el cielo se mantenía indeciso. A las 18.20, justo cuando el microcentro “hervía” de gente, las piedras comenzaron a caer, primero aisladamente, y en cuestión de segundos ya azotaban a los desprevenidos transeúntes que corrían a guarecerse debajo de los techos. El artículo señala que Jorge Luis Noriega, del Servicio Meteorológico Nacional, confirmó que el granizo se produjo en la zona céntrica y hacia el oeste de la capital. Y aseguró que a partir del viernes descenderá la temperatura.
Vuelta atrás
Hace 80 años nuestras páginas registraban los primeros informes al día siguiente: la población de esta villa (Leales), tanto como las adyacencias, vivió ayer momentos de verdadera intranquilidad con motivo de la tormenta de piedra que se desencadenó a las 19.50 con violencia inusitada y se prolongó lo suficiente como para causar enormes perjuicios, por el momento imposible de calcular exactamente.
Los días posteriores al meteoro de 80 años atrás se presentaron lluviosos y fríos. Según datos recogidos por nuestros repórter, la lluvia, con diferencia de intensidad, abarcó todo el territorio de la provincia, alcanzando en algunos lugares como Padilla y Río Seco unos 38 milímetros”, anunciaba nuestro informe del tiempo. Además se decía que la temperatura no había pasado de los 14 grados en algunas jornadas.
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