Hace un año y dos días la Corte Suprema de Justicia de Tucumán salvaba las elecciones del 23 de agosto de un papelón institucional sin precedentes en la historia bicentenaria. Durante 28 días, la provincia había estado en boca del mundo por las urnas quemadas, las protestas masivas, las denuncias de fraude, la represión en la plaza y la sentencia de la Sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que había anulado los comicios. También había sobrevolado el fantasma de la intervención federal. Pero el peronismo vernáculo, como adelanto del Día de la Primavera, desparramó ese día alegría y vitoreó a los jueces de la Corte, los mismos a los que habían amenazado a través de pintadas y con su presencia en la plaza Yrigoyen.
El chubasco pasó y Juan Luis Manzur se instaló en el poder con una sonrisa amplia y una cintura maradoniana para esquivar rivales y sorprender a todos. El gobernador se acercó a propios y a extraños, e hipnotizó a empresarios y funcionarios nacionales con sus ideas y buenos tratos. El ex vicegobernador venía dispuesto a diferenciarse, a mostrar que su triunfo había sido legítimo y a dejar en claro que tenía capacidad para ejercer el cargo.
Lo logró hasta el Bicentenario. Junto con las cenizas de los fuegos artificiales del 9 de Julio pereció una tregua tácita, que trocó en bomba guerrera en los últimos meses y cuyas esquirlas parecen impregnadas de los venenos de internas partidarias, hechos de inseguridad, escándalos judiciales y casos de narcotráfico que involucran a empleados de políticos.
Por ello la segunda primavera de Manzur como gobernador -una electo y la otra en funciones- lo halla sin la alegría de aquella que recibió con la confirmación de su triunfo en las urnas. A todo ello suma problemas puertas adentro. Por ejemplo, son cada vez menos frecuentes aquellas imágenes junto a Osvaldo Jaldo, donde se mostraban inseparables en la lucha por legitimar su victoria electoral. Los noctámbulos del poder cuentan que el mandatario aprovechó el sábado para departir con algunos dirigentes. Ante ellos se habría quejado de Jaldo, a quien habría comenzado a mirar con recelo por sus dotes de librepensador. La relación entre ambos estaría atravesando un mal momento.
Curiosamente, su rival José Cano compartiría el enojo hacia el vicegobernador. En la vereda del Acuerdo para el Bicentenario están seguros de que las denuncias de Mariela Martín Domenichelli-Víctor Arias y la de Gerónimo Vargas Aignasse en contra suyo aparecieron por obra y gracia de la Legislatura. Casualmente, habrían conseguido contratos allí (para sí y para punteros suyos) y extrañamente las presentaciones judiciales parecieron sincronizadas. Otro dato: Martín Domenichelli-Arias y Vargas Aignasse se dijeron de todo en la previa electoral del año pasado e incluso rompieron el Frente Renovador tucumano por supuestas diferencias insalvables. Ayer, frente a la plaza Urquiza, a metros de la Legislatura, Martín Domenichelli y Vargas Aignasse compartieron un café. Demasiadas coincidencias para los que no creen en las casualidades.
Como si todos se hubiesen puesto de acuerdo para golpear a Jaldo, también mencionan que el vicegobernador habría intentado arreglar una reunión entre un boina blanca y el gobernador. Manzur se habría negado rotundamente a involucrarse en interna ajena.
El mandatario y el titular del Plan Belgrano habrían comenzado a meditar si las supuestas “campañas sucias” de los últimos meses que uno y otro “paranoiqueaban” que habían en su contra no habrían surgido de sectores interesados en acrecentar la grieta entre ellos y no de sus propios espacios. ¿Los “unió” Jaldo?
Flores marchitas
El vivaz vicegobernador, en tanto, tampoco pudo recibir con flores la estación del amor. Más bien estalló en odio cuando la detención del presunto “narco” Julio César Trayan golpeó la Cámara. “Soy asesor de la Presidencia de la Legislatura”, habría “chapeado” el detenido ante los hombres de las fuerzas federales que fueron a ponerle las esposas. Con esa frase hundió más a su “empleador” Ramón Cano y a todo el oficialismo. Por ello Jaldo no pudo festejar ni capitalizar su política de blanqueo de los gastos sociales, con la que pretendía que se deje de hablar mal del poder que preside. Ahora se habla peor. En su afán de transparentar su accionar tomó algunas decisiones noctámbulas que podrían volverse en contra suya. Además, la investigación sobre narcotráfico en marcha incluiría detenciones y medidas que complicarían a otros integrantes del cuerpo que preside. Una hermana de Trayan también estaría nombrada en la Cámara. Los escándalos no cesarán.
A un año de aquel negro mes poselectoral, Tucumán es visto por la Nación por los casos “narco”, por los problemas en la Justicia local, por la auditoría en los Tribunales Federales y por las denuncias contra José López y otros ex funcionarios locales y nacionales. Manzur conserva la buena llegada y el “visto bueno” de los funcionarios de la Casa Rosada. Sin embargo, la orden federal es que nadie -ni los suyos y menos los ajenos- tenga protección alguna en investigaciones judiciales por casos de corrupción.
Como si aquel caos de 2015 no hubiese cesado, por estos días peronistas y radicales lidian con sus problemas de cara a las legislativas del año próximo. El trío del ApB que conforman Cano-Domingo Amaya-Germán Alfaro se mide constantemente. Están juntos, pero a la defensiva, como para que ninguno lo deje al otro afuera. Mientras el intendente armó partido propio, Amaya se la juega con el ala “frigerista” de la Nación y Cano con la “peñista”. Sin embargo, afirman que llegarán juntos a los comicios, porque así se lo “prometieron” a sus votantes. Habrá que ver si alguno no cruzó los dedos para conjurar el compromiso. La interna radical no le preocupa, dice el del Plan Belgrano. Manzur ni mira hacia el peronismo, al menos por ahora. Si se pelea con los “viejos”, deberá enfrentar una interna “en serio” de la que podría salir magullado. Pero falta para la próxima primavera.
El chubasco pasó y Juan Luis Manzur se instaló en el poder con una sonrisa amplia y una cintura maradoniana para esquivar rivales y sorprender a todos. El gobernador se acercó a propios y a extraños, e hipnotizó a empresarios y funcionarios nacionales con sus ideas y buenos tratos. El ex vicegobernador venía dispuesto a diferenciarse, a mostrar que su triunfo había sido legítimo y a dejar en claro que tenía capacidad para ejercer el cargo.
Lo logró hasta el Bicentenario. Junto con las cenizas de los fuegos artificiales del 9 de Julio pereció una tregua tácita, que trocó en bomba guerrera en los últimos meses y cuyas esquirlas parecen impregnadas de los venenos de internas partidarias, hechos de inseguridad, escándalos judiciales y casos de narcotráfico que involucran a empleados de políticos.
Por ello la segunda primavera de Manzur como gobernador -una electo y la otra en funciones- lo halla sin la alegría de aquella que recibió con la confirmación de su triunfo en las urnas. A todo ello suma problemas puertas adentro. Por ejemplo, son cada vez menos frecuentes aquellas imágenes junto a Osvaldo Jaldo, donde se mostraban inseparables en la lucha por legitimar su victoria electoral. Los noctámbulos del poder cuentan que el mandatario aprovechó el sábado para departir con algunos dirigentes. Ante ellos se habría quejado de Jaldo, a quien habría comenzado a mirar con recelo por sus dotes de librepensador. La relación entre ambos estaría atravesando un mal momento.
Curiosamente, su rival José Cano compartiría el enojo hacia el vicegobernador. En la vereda del Acuerdo para el Bicentenario están seguros de que las denuncias de Mariela Martín Domenichelli-Víctor Arias y la de Gerónimo Vargas Aignasse en contra suyo aparecieron por obra y gracia de la Legislatura. Casualmente, habrían conseguido contratos allí (para sí y para punteros suyos) y extrañamente las presentaciones judiciales parecieron sincronizadas. Otro dato: Martín Domenichelli-Arias y Vargas Aignasse se dijeron de todo en la previa electoral del año pasado e incluso rompieron el Frente Renovador tucumano por supuestas diferencias insalvables. Ayer, frente a la plaza Urquiza, a metros de la Legislatura, Martín Domenichelli y Vargas Aignasse compartieron un café. Demasiadas coincidencias para los que no creen en las casualidades.
Como si todos se hubiesen puesto de acuerdo para golpear a Jaldo, también mencionan que el vicegobernador habría intentado arreglar una reunión entre un boina blanca y el gobernador. Manzur se habría negado rotundamente a involucrarse en interna ajena.
El mandatario y el titular del Plan Belgrano habrían comenzado a meditar si las supuestas “campañas sucias” de los últimos meses que uno y otro “paranoiqueaban” que habían en su contra no habrían surgido de sectores interesados en acrecentar la grieta entre ellos y no de sus propios espacios. ¿Los “unió” Jaldo?
Flores marchitas
El vivaz vicegobernador, en tanto, tampoco pudo recibir con flores la estación del amor. Más bien estalló en odio cuando la detención del presunto “narco” Julio César Trayan golpeó la Cámara. “Soy asesor de la Presidencia de la Legislatura”, habría “chapeado” el detenido ante los hombres de las fuerzas federales que fueron a ponerle las esposas. Con esa frase hundió más a su “empleador” Ramón Cano y a todo el oficialismo. Por ello Jaldo no pudo festejar ni capitalizar su política de blanqueo de los gastos sociales, con la que pretendía que se deje de hablar mal del poder que preside. Ahora se habla peor. En su afán de transparentar su accionar tomó algunas decisiones noctámbulas que podrían volverse en contra suya. Además, la investigación sobre narcotráfico en marcha incluiría detenciones y medidas que complicarían a otros integrantes del cuerpo que preside. Una hermana de Trayan también estaría nombrada en la Cámara. Los escándalos no cesarán.
A un año de aquel negro mes poselectoral, Tucumán es visto por la Nación por los casos “narco”, por los problemas en la Justicia local, por la auditoría en los Tribunales Federales y por las denuncias contra José López y otros ex funcionarios locales y nacionales. Manzur conserva la buena llegada y el “visto bueno” de los funcionarios de la Casa Rosada. Sin embargo, la orden federal es que nadie -ni los suyos y menos los ajenos- tenga protección alguna en investigaciones judiciales por casos de corrupción.
Como si aquel caos de 2015 no hubiese cesado, por estos días peronistas y radicales lidian con sus problemas de cara a las legislativas del año próximo. El trío del ApB que conforman Cano-Domingo Amaya-Germán Alfaro se mide constantemente. Están juntos, pero a la defensiva, como para que ninguno lo deje al otro afuera. Mientras el intendente armó partido propio, Amaya se la juega con el ala “frigerista” de la Nación y Cano con la “peñista”. Sin embargo, afirman que llegarán juntos a los comicios, porque así se lo “prometieron” a sus votantes. Habrá que ver si alguno no cruzó los dedos para conjurar el compromiso. La interna radical no le preocupa, dice el del Plan Belgrano. Manzur ni mira hacia el peronismo, al menos por ahora. Si se pelea con los “viejos”, deberá enfrentar una interna “en serio” de la que podría salir magullado. Pero falta para la próxima primavera.
Lo más popular








