“El populismo no terminó con la llegada de Macri”

Los ensayistas Gloria Álvarez y Axel Kaiser advierten: “el relato se reactiva”.

COAUTORES. La guatemalteca Álvarez y el chileno Kaiser con su libro. LA GACETA / FOTO DE OSCAR FERRONATO COAUTORES. La guatemalteca Álvarez y el chileno Kaiser con su libro. LA GACETA / FOTO DE OSCAR FERRONATO
17 Septiembre 2016
Ella es una guatemalteca modelo 1985; él, un chileno del año 81. Juntos escribieron “El engaño populista. Por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos”, libro que presentaron en esta ciudad el martes en una función organizada por la Fundación Federalismo y Libertad. En LA GACETA, Gloria Álvarez (GA) y Axel Kaiser (AK) se muestran parcos hasta que surge la primera pregunta: entonces comienzan a hablar sin parar -como si fuesen máquinas- sobre el populismo, tema de sus desvelos. Otro aspecto llama la atención en el diálogo con este dúo de apóstoles de la libertad: cada vez que Álvarez toma la palabra, Kaiser chequea sus mensajes de WhatsApp.

-¿Por qué hay que leer “El engaño populista”?

AK:-En este libro abordamos los fundamentos culturales e intelectuales del populismo, que es básicamente el conjunto de creencias contrarias a la libertad individual. Ello propicia la famosa división de clases: el pueblo versus la élite supuestamente explotadora. Ninguna doctrina sintetiza mejor ese tipo de ideas en América Latina que el peronismo. Quisimos llamar la atención sobre el rol que juegan las universidades, la prensa y los actores de la cultura en la difusión de la hegemonía populista. En ese afán, analizamos los casos de (Néstor y Cristina) Kirchner; del español Pablo Iglesias con Podemos; de Evo Morales; de Hugo Chávez y de Fidel Castro.

-¿Ustedes dicen que en la experiencia populista latinoamericana el peronismo llegó más lejos que el PRI mexicano?

AK:-Sí por el culto al líder carismático que empezó con Perón y por la profundidad de la corrupción que el peronismo logró en el aparato institucional argentino. Creo que esto es mucho más difícil de deshacer que el populismo del PRI en México, que es más contenido e institucionalizado: no es un fenómeno que avanza por fuera del sistema. Y si hubiera que elegir al mayor populista latinoamericano de todos los tiempos, ese sería Perón, aún cuando Chávez haya sido más extremo. Perón inaugura una tradición desconocida en su época, en un país tan desarrollado y avanzado como Argentina. Perón logró subdesarrollar a su nación. Ese rol de caudillo que se convierte en fetiche de las masas, donde el peronismo lo invade todo, no se ve en México.

GA:-Pero el PRI tampoco iba amarrado a la promesa de sacar de la pobreza a los sectores más necesitados de una forma casi mágica. Esto sí es propio del discurso de Perón y de su esposa, Eva Duarte. El PRI es una institucionalización del mercantilismo estatal que mantiene a las élites de antaño con privilegios económicos desplegando un México donde la movilidad social es bien difícil. Y eso es lo que empieza a romperse en 1989, cuando comienzan a perder el poder.

-¿América Latina está viviendo el fin del ciclo populista?

GA:-Es bien importante entender que cambiar de un presidente a otro no erradica la mentalidad populista. Hay que ver si el nuevo Gobierno podrá implementar medidas distintas. El mayor problema del populismo no pasa tanto por sus consecuencias económicas y políticas, sino por las justificaciones psicológicas que hay detrás de ellas: el odio a la libertad; la idolatría del Estado; el complejo de víctima; la pretensión demagógica de que una mayoría puede desbaratar la institucionalidad... El populismo no terminó con la llegada de Macri: se equivoca quien así lo crea porque persiste la ignorancia sobre cómo funciona la economía, incluso en cuestiones tan básicas como que gastar más de lo que ingresa produce déficit o de que no existe nada gratis. Y tampoco la solución es regresar a los años 90 porque en esa década se prometió un libre mercado que nunca realmente sucedió: lo único que se hizo fue privilegiar a ciertos grupos con prebendas económicas. Lo que nos hace falta es igualdad ante la ley y libertad, y volver a limitar a los gobiernos a sus funciones más básicas. Necesitamos desempolvar a Alberdi, a Borges, a Martí y a Bolívar, que eran conscientes de que nuestras repúblicas eran sólo de papel y que eso nos iba a llevar inexorablemente al caudillismo.

AK:-Los cambios peligran porque vuelve a reactivarse el relato. La sociedad pide más de lo mismo que ya se sabe que no funciona: los empresarios querrán subsidios; la gente exigirá regalos de todo tipo; los políticos seguirán colonizando el Estado y así sucesivamente hasta llegar al desastre que hemos visto.

-¿La división de poderes es una quimera en América Latina?

GA:-Tenemos totalmente invertida la pirámide del poder. En una república, para que haya igualdad ante la ley y los controles puedan desenvolverse en forma pareja. El Poder Judicial debe ser la columna vertebral. En segundo plano vendría el organismo legislativo, que en nuestros países tiende a convertirse en un ente monstruoso. Y, por último, estaría el Ejecutivo. Pero para nosotros la pirámide funciona al revés: primero está el presidente, luego viene la Legislatura y, en tercer puesto, la Justicia. El caudillo avanza sobre los otros poderes. De hecho es lo que ha pasado en todos los populismos: vemos pocos opositores auténticos, y pocos jueces y cortes autónomos.

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