ROSTROS OCULTOS. Hay permiso para matar, pero sin mostrarse.
14 Julio 2016 Seguir en 

Uno de los máximos logros de la humanidad en su evolución fue superar la idea de la venganza privada (el ojo por ojo) y ceder la seguridad y la Justicia al Estado a través de sus mecanismos policiales y del Derecho Penal. Más allá de las dificultades de aplicación, el castigo institucional es un avance colectivo notorio, ya la sociedad admitió considerar que el delito la afectó en su conjunto y no a una persona o a una familia en particular.
La tercera entrega de “12 horas para sobrevivir”, acompañada del subtítulo “El año de la elección”, no rompe con la idea de ese monopolio sino que lo pervierte de un modo delicado: una vez al año, durante una noche, el descontrol y la violencia quedan legalizados por los Nuevos Padres Fundadores de Estados Unidos, que eliminan las consecuencias legales de los actos que se cometan. Así, se pierden siglos de evolución social y se retorna a un estado casi primitivo y todo se tiñe de sangre.
En esta oportunidad, la responsabilidad de evitar males mayores recae en el ex sargento de policía Leo Barnes, máximo responsable de la seguridad de la senadora Charlie Roan, candidata a la próxima elección presidencial y en cuya plataforma figura la anulación de este polémico permiso para matar. Barnes carga sobre sí la muerte de su propio hijo y su decisión de no vengarse del asesino. Pero en las 12 horas de perdón anticipado, todo puede pasar.
La dirección le fue confiada a James DeMonaco, experto en un argumento reiterado, ya que fue el responsable de escribir el guión y luego filmar las tres películas de la saga, tras una carrera como guionista de series policiales y de suspenso para la televisión. Calificó a esta entrega de “thriller político”, en referencia al paralelismo que se viene mencionando con algunos personajes de la política de EEUU.
La tercera entrega de “12 horas para sobrevivir”, acompañada del subtítulo “El año de la elección”, no rompe con la idea de ese monopolio sino que lo pervierte de un modo delicado: una vez al año, durante una noche, el descontrol y la violencia quedan legalizados por los Nuevos Padres Fundadores de Estados Unidos, que eliminan las consecuencias legales de los actos que se cometan. Así, se pierden siglos de evolución social y se retorna a un estado casi primitivo y todo se tiñe de sangre.
En esta oportunidad, la responsabilidad de evitar males mayores recae en el ex sargento de policía Leo Barnes, máximo responsable de la seguridad de la senadora Charlie Roan, candidata a la próxima elección presidencial y en cuya plataforma figura la anulación de este polémico permiso para matar. Barnes carga sobre sí la muerte de su propio hijo y su decisión de no vengarse del asesino. Pero en las 12 horas de perdón anticipado, todo puede pasar.
La dirección le fue confiada a James DeMonaco, experto en un argumento reiterado, ya que fue el responsable de escribir el guión y luego filmar las tres películas de la saga, tras una carrera como guionista de series policiales y de suspenso para la televisión. Calificó a esta entrega de “thriller político”, en referencia al paralelismo que se viene mencionando con algunos personajes de la política de EEUU.
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