Las políticas de Estado ante el consumo de drogas y el narcotráfico, sobre todo en la última década, siguen siendo las grandes ausentes en una realidad violenta que ofrece, a diario, casos desgarradores de víctimas y victimarios. Por lo general, la adicción empieza a tratarse cuando ya está muy arraigada, lo que, como es obvio, hace más difícil lograr resultados positivos. Pero una parte muy significativa del gran problema, es que Tucumán no cuenta con la suficiente cantidad de centros donde pueda aplicarse un tratamiento. Pueden inventariarse rápidamente las posibilidades, en la órbita oficial. El centro de Las Moritas -que pasó por un dilatado calvario antes de ser inaugurado-, tiene internación, pero fue pensado para un servicio muy limitado ya que solamente recibe a adultos y siempre que no tengan causas judiciales. En el Hospital Obarrio, solamente se interna a los menores encausados y sólo si media una orden del juez. En el Hospital Avellaneda, el Servicio de Asistencia y Prevención de las Adicciones presta atención general, pero a través de consultorios externos, sin internación. En el caso de las mujeres, la única repartición que atiende a las adictas es el hospital del Carmen. Pero se trata de un psiquiátrico, no un centro específico para el tratamiento de adicciones. Finalmente, están algunos centros privados y fundaciones que tienen convenios con el Gobierno, pero se limitan al diagnóstico, sin internación. Y eso es todo. Hay que convenir que se trata de una estructura demasiado pequeña -de hecho ya está completamente colapsada- para afrontar una problemática con las dimensiones que posee la adicción de los menores. En nuestra edición de ayer, por ejemplo, contamos el caso desgarrador de Angie, una joven de 24 años que luego de un doloroso calvario, tuvo que abandonar a sus hijos para poder viajar a otra provincia e iniciar un tratamiento de desintoxicación. Esta realidad no es nueva en Tucumán y, a decir de médicos y trabajadores sociales, poco se hace para solucionarla. Por eso vale la pena tener en cuenta la advertencia de la directora de la Fundación Yo Puedo, María Marta Pastoriza Ferro: “Tucumán no tiene lugares para ayudar a las mujeres adictas graves”. Así las cosas, parece más que clara la necesidad de que el Estado encare resueltamente la atención de semejante carencia, cumpliendo con las promesas reiteradas constantemente en los últimos años. La provincia requiere con premura centros de rehabilitación de adictos en una cantidad adecuada, y que incluyan internaciones, para los casos en que esa medida sea imprescindible. Porque la adicción es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Basta con hojear el último informe de Naciones Unidas sobre el tema y las encuestas recientes de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) para comprender la complejidad y magnitud del problema. Entre 2001 y 2012, la Argentina fue el tercer proveedor mundial de cocaína, detrás de Brasil y Colombia. El 12,3% de los estudiantes consumió alguna droga ilícita en el último año. La edad de inicio en el consumo de psicofármacos, solventes o sustancias inhalables y paco se encuentra en los 14 años. Entre el 15% y el 27% de los estudiantes consumen en forma habitual alguna sustancia. Son datos contundentes que definen la urgencia de encarar esta problemática con la colaboración de todos, sin duda; pero enmarcada en un serio esfuerzo presupuestario del Estado. No puede demorarse más tiempo.








