15 Febrero 2004 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Finalmente, Néstor Kirchner llegó al "jardín de los senderos que se bifurcan" y se apresta a tomar una decisión trascendente en materia de deuda que, al decir de Borges, involucra "diferentes porvenires".
El laberinto que le propone la realidad resulta el comienzo de una serie de opciones, con distintas consecuencias e impactos en el corto y en el mediano plazo, que no sólo involucrará su construcción personal de poder sino que marcará a fuego la vida de todos los argentinos.
En un momento en que las condiciones locales e internacionales están alineadas y a pedir de boca para salir del default, y cuando desde el exterior los países del G-7 dijeron "basta", el Presidente deberá optar, nada más ni nada menos, entre privilegiar el frente interno, para continuar ganando popularidad y para seguir asentando su base política, o bien resignar algunos puntos de tamaño apoyo, para no dejar a la Argentina desenganchada del mundo.
Esta íntima elección de Kirchner generó, durante los últimos días, muchas tensiones en su entorno, lo que explica las innumerables contradicciones entre palabras y hechos que se observaron en el Gobierno, tras las inhibiciones de bienes argentinos en el exterior y la fuerte caída bursátil del martes, y después de haber disparado dos o tres señales favorables a los mercados y otras simultáneas de dureza hacia los organismos.
Las contradicciones
La designación de Merrill Lynch como "lead manager" de la renegociación de la deuda, la recomposición tarifaria que se anunció casi un mes antes de lo previsto, el compromiso de un plazo de 50 o 60 días para dar a conocer los términos del canje y hasta la oportuna visita de Cristina Kirchner a Nueva York operaron en un sentido.
La bravata presidencial sobre el pago al Fondo y el contrapunto con el vocero del organismo, Thomas Dawson, más el celo puesto por algunos funcionarios en difundir sus posturas de dureza como inmodificables, y sobre todo el desgaste al que fue sometido Roberto Lavagna desde dentro de la Casa Rosada, jugaron decididamente en otro.
Este último aspecto, tan delicado por cierto, debido a que Lavagna es reconocido como un interlocutor muy serio por parte de los organismos, tensó el clima que se llenó de suspicacias, después de tres días sin que el ministro cruzara al despacho presidencial, tras haberse encontrado con Horst Köhler en Miami. "Hablaron por teléfono, pero todavía no pudieron reunirse", dijo una fuente del Gobierno, quien admitió que la foto de una reunión con el titular del BCRA, Alfonso Prat Gay, fue difundida "por orden del Presidente".
El nivel de inquietud de los mercados por la jugarreta -que hizo recordar algunos misiles similares de Carlos Menem hacia Domingo Cavallo- y por la imprudencia de algunas declaraciones, creció también porque trascendió que desde la Casa de Gobierno se acusaba a Lavagna de ser "demasiado blando" en las negociaciones y porque se lo emparentaba sibilinamente en la interna con Eduardo Duhalde.
Entre tanto delirio, el Presidente sumó a la balanza de los gestos destinados a mejorar las expectativas, el encuentro del viernes con los empresarios. Allí, Kirchner utilizó 20 minutos de su tiempo para convencer a la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) de que sí tiene una estrategia definida y para transmitirle que quiere "terminar con esto de una vez por todas".
También agregó música en los oídos de quienes escucharon su monólogo, cuando les dijo: "esta estrategia la estamos llevando adelante con Roberto", por el ministro de Economía, ausente con aviso en la reunión. Los empresarios, quienes habían sido citados el jueves por la noche, llegaron con ciertos reparos sobre el clima de dureza que presumían podía tener la reunión. Sin embargo, se quedaron muy conformes con la entrevista y destacaron en privado la confianza que les transmitió Kirchner. La mayor impresión de los visitantes pasó por el nivel de conocimiento del problema que demostró el Presidente y por el nivel de información en cifras y detalles de la "letra chica", algo poco usual en sus antecesores. "No se habló ni de porcentajes, ni de quitas. Se habló de estrategias", relató un allegado a la jefatura de AEA.
Falta la última palabra
En relación con los números, que el Presidente fijó casi sin retorno, no está para nada dicha la última palabra en cuanto a que no puedan aparecer en los bordes de la negociación algunas variantes que hagan más digerible la propuesta. Los intereses caídos desde el momento del default serán seguramente un apetecido bocado a negociar.
Está claro que el "paper" de Dubai ha sido superado por las circunstancias y es más que probable que -sin desdecirse y sin vulnerar el principio de equidad- se generen soluciones a medida para cada tipo de inversores, especialmente para unos 9 millones de futuros jubilados, perjudicados en sus ahorros porque son tenedores indirectos de bonos, a través de las AFJP. El punto más crítico hacia adelante será convencer a la mayor cantidad de tenedores de entrar en el canje, para que ese consenso debilite las presentaciones judiciales de los pocos que no acepten la propuesta y para que los jueces los manden a negociar, tal como hace la masa. Si aceptan pocos, los problemas de embargos estarán a la orden del día y las dificultades seguirán golpeando contra las expectativas.
En cuanto a la aprobación de las metas de la segunda revisión y al pago al FMI de U$S 3.100 millones el 9 de marzo, no parece que vaya a haber grandes complicaciones, ya que el único escollo era el tema de la deuda y está claro que se avanza con mayor vocación, sobre todo a partir de los gestos presidenciales. (DyN)
El laberinto que le propone la realidad resulta el comienzo de una serie de opciones, con distintas consecuencias e impactos en el corto y en el mediano plazo, que no sólo involucrará su construcción personal de poder sino que marcará a fuego la vida de todos los argentinos.
En un momento en que las condiciones locales e internacionales están alineadas y a pedir de boca para salir del default, y cuando desde el exterior los países del G-7 dijeron "basta", el Presidente deberá optar, nada más ni nada menos, entre privilegiar el frente interno, para continuar ganando popularidad y para seguir asentando su base política, o bien resignar algunos puntos de tamaño apoyo, para no dejar a la Argentina desenganchada del mundo.
Esta íntima elección de Kirchner generó, durante los últimos días, muchas tensiones en su entorno, lo que explica las innumerables contradicciones entre palabras y hechos que se observaron en el Gobierno, tras las inhibiciones de bienes argentinos en el exterior y la fuerte caída bursátil del martes, y después de haber disparado dos o tres señales favorables a los mercados y otras simultáneas de dureza hacia los organismos.
Las contradicciones
La designación de Merrill Lynch como "lead manager" de la renegociación de la deuda, la recomposición tarifaria que se anunció casi un mes antes de lo previsto, el compromiso de un plazo de 50 o 60 días para dar a conocer los términos del canje y hasta la oportuna visita de Cristina Kirchner a Nueva York operaron en un sentido.
La bravata presidencial sobre el pago al Fondo y el contrapunto con el vocero del organismo, Thomas Dawson, más el celo puesto por algunos funcionarios en difundir sus posturas de dureza como inmodificables, y sobre todo el desgaste al que fue sometido Roberto Lavagna desde dentro de la Casa Rosada, jugaron decididamente en otro.
Este último aspecto, tan delicado por cierto, debido a que Lavagna es reconocido como un interlocutor muy serio por parte de los organismos, tensó el clima que se llenó de suspicacias, después de tres días sin que el ministro cruzara al despacho presidencial, tras haberse encontrado con Horst Köhler en Miami. "Hablaron por teléfono, pero todavía no pudieron reunirse", dijo una fuente del Gobierno, quien admitió que la foto de una reunión con el titular del BCRA, Alfonso Prat Gay, fue difundida "por orden del Presidente".
El nivel de inquietud de los mercados por la jugarreta -que hizo recordar algunos misiles similares de Carlos Menem hacia Domingo Cavallo- y por la imprudencia de algunas declaraciones, creció también porque trascendió que desde la Casa de Gobierno se acusaba a Lavagna de ser "demasiado blando" en las negociaciones y porque se lo emparentaba sibilinamente en la interna con Eduardo Duhalde.
Entre tanto delirio, el Presidente sumó a la balanza de los gestos destinados a mejorar las expectativas, el encuentro del viernes con los empresarios. Allí, Kirchner utilizó 20 minutos de su tiempo para convencer a la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) de que sí tiene una estrategia definida y para transmitirle que quiere "terminar con esto de una vez por todas".
También agregó música en los oídos de quienes escucharon su monólogo, cuando les dijo: "esta estrategia la estamos llevando adelante con Roberto", por el ministro de Economía, ausente con aviso en la reunión. Los empresarios, quienes habían sido citados el jueves por la noche, llegaron con ciertos reparos sobre el clima de dureza que presumían podía tener la reunión. Sin embargo, se quedaron muy conformes con la entrevista y destacaron en privado la confianza que les transmitió Kirchner. La mayor impresión de los visitantes pasó por el nivel de conocimiento del problema que demostró el Presidente y por el nivel de información en cifras y detalles de la "letra chica", algo poco usual en sus antecesores. "No se habló ni de porcentajes, ni de quitas. Se habló de estrategias", relató un allegado a la jefatura de AEA.
Falta la última palabra
En relación con los números, que el Presidente fijó casi sin retorno, no está para nada dicha la última palabra en cuanto a que no puedan aparecer en los bordes de la negociación algunas variantes que hagan más digerible la propuesta. Los intereses caídos desde el momento del default serán seguramente un apetecido bocado a negociar.
Está claro que el "paper" de Dubai ha sido superado por las circunstancias y es más que probable que -sin desdecirse y sin vulnerar el principio de equidad- se generen soluciones a medida para cada tipo de inversores, especialmente para unos 9 millones de futuros jubilados, perjudicados en sus ahorros porque son tenedores indirectos de bonos, a través de las AFJP. El punto más crítico hacia adelante será convencer a la mayor cantidad de tenedores de entrar en el canje, para que ese consenso debilite las presentaciones judiciales de los pocos que no acepten la propuesta y para que los jueces los manden a negociar, tal como hace la masa. Si aceptan pocos, los problemas de embargos estarán a la orden del día y las dificultades seguirán golpeando contra las expectativas.
En cuanto a la aprobación de las metas de la segunda revisión y al pago al FMI de U$S 3.100 millones el 9 de marzo, no parece que vaya a haber grandes complicaciones, ya que el único escollo era el tema de la deuda y está claro que se avanza con mayor vocación, sobre todo a partir de los gestos presidenciales. (DyN)







