Se suele decir que los valores esenciales de una persona se aprenden en el seno del hogar y se afianzan en la escuela. Da la impresión de que en los últimos tiempos ello no sucede con algunos, teniendo en cuenta el incremento de la corrupción en todos los estratos de la sociedad. La honradez que debería ser normal en todo ciudadano corre el riesgo de convertirse en una excepción. Y aunque la educación es fundamental, se puede estimular estos principios poniéndolos al alcance de la mano.
Alguien que encuentra un objeto en la vía pública no tiene un lugar dónde dejarlo para su reclamo y devolución, y en consecuencia, termina quedándose con este. Ciudades como París, Barcelona, Londres, Madrid, Sevilla, poseen oficinas de objetos extraviados; también Tucumán la tuvo en algún momento.
Hasta 2010 existió la División de Relaciones Policiales, donde se podían reclamar los objetos perdidos, aunque no eran muchas las personas que restituían los objetos hallados. En 2009 la dependencia funcionaba desde hacía 15 años, pero nadie entregaba nada, según dijo el entonces jefe de Policía. De acuerdo con las estadísticas, apenas el 3% de las personas que hallaban cosas perdidas en la calle las devolvía.
El dinero, los celulares, los documentos de identidad, las tarjetas de crédito, las joyas y los animales domésticos -en ese orden- figuraban en la nómina de elementos perdidos que se reclamaban en la oficina, que funcionaba en Chile y San Miguel, de nuestra ciudad capital.
En 2011, en la ciudad de Buenos Aires se presentó un proyecto que preveía que la repartición dependiera del Ministerio de Seguridad y Justicia, así como la instalación de una línea telefónica gratuita para efectuar reclamos por los objetos extraviados. Con la descripción del objeto, lugar y fecha aproximada de la pérdida y la presentación del DNI, una persona podía solicitar su devolución, en el caso de que alguien lo hubiera encontrado y devuelto.
Se desconocen las razones por las cuales en 2010 dejó de funcionar la dependencia policial tucumana. También es cierto que una buena parte de la ciudadanía ignoraba su existencia. Posiblemente ello se debió que no se la había publicitado debidamente o que quedaba lejos o a trasmano. Una persona que encontrara tirado en el centro un portafolios, un reloj, una pulsera, una cámara de fotos, debía tomar un ómnibus o un taxi para llegar a la División de Relaciones Policiales. Es decir que, en lugar de brindar una facilidad para devolver un objeto, se creaba una dificultad y paradójicamente, sucedía lo contrario.
Se debería pensar en reflotar esta oficina, pero con un sentido práctico, que permitiera plenamente la concreción del objetivo de su existencia. Si no se sabe bien cómo implementarla, se podría solicitar el asesoramiento de otras ciudades que tuvieran este servicio al ciudadano.
Los tucumanos arrastramos el ya histórico sambenito de tener la inclinación de apropiarse de lo ajeno. “No sé si somos ladrones, pero resulta notable la facilidad con la que se pierden las cosas en esta provincia”, señalaba con humor el doctor en Filosofía, Alberto Zeballos.
Tal vez si hubiese un organismo de esta característica se alentaría a los ciudadanos a devolver lo que hayan encontrado y se fortalecería el valor de la honestidad. “La honradez es siempre digna de elogio, aun cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho”, afirmaba el escritor latino Marco Tulio Cicerón.
Alguien que encuentra un objeto en la vía pública no tiene un lugar dónde dejarlo para su reclamo y devolución, y en consecuencia, termina quedándose con este. Ciudades como París, Barcelona, Londres, Madrid, Sevilla, poseen oficinas de objetos extraviados; también Tucumán la tuvo en algún momento.
Hasta 2010 existió la División de Relaciones Policiales, donde se podían reclamar los objetos perdidos, aunque no eran muchas las personas que restituían los objetos hallados. En 2009 la dependencia funcionaba desde hacía 15 años, pero nadie entregaba nada, según dijo el entonces jefe de Policía. De acuerdo con las estadísticas, apenas el 3% de las personas que hallaban cosas perdidas en la calle las devolvía.
El dinero, los celulares, los documentos de identidad, las tarjetas de crédito, las joyas y los animales domésticos -en ese orden- figuraban en la nómina de elementos perdidos que se reclamaban en la oficina, que funcionaba en Chile y San Miguel, de nuestra ciudad capital.
En 2011, en la ciudad de Buenos Aires se presentó un proyecto que preveía que la repartición dependiera del Ministerio de Seguridad y Justicia, así como la instalación de una línea telefónica gratuita para efectuar reclamos por los objetos extraviados. Con la descripción del objeto, lugar y fecha aproximada de la pérdida y la presentación del DNI, una persona podía solicitar su devolución, en el caso de que alguien lo hubiera encontrado y devuelto.
Se desconocen las razones por las cuales en 2010 dejó de funcionar la dependencia policial tucumana. También es cierto que una buena parte de la ciudadanía ignoraba su existencia. Posiblemente ello se debió que no se la había publicitado debidamente o que quedaba lejos o a trasmano. Una persona que encontrara tirado en el centro un portafolios, un reloj, una pulsera, una cámara de fotos, debía tomar un ómnibus o un taxi para llegar a la División de Relaciones Policiales. Es decir que, en lugar de brindar una facilidad para devolver un objeto, se creaba una dificultad y paradójicamente, sucedía lo contrario.
Se debería pensar en reflotar esta oficina, pero con un sentido práctico, que permitiera plenamente la concreción del objetivo de su existencia. Si no se sabe bien cómo implementarla, se podría solicitar el asesoramiento de otras ciudades que tuvieran este servicio al ciudadano.
Los tucumanos arrastramos el ya histórico sambenito de tener la inclinación de apropiarse de lo ajeno. “No sé si somos ladrones, pero resulta notable la facilidad con la que se pierden las cosas en esta provincia”, señalaba con humor el doctor en Filosofía, Alberto Zeballos.
Tal vez si hubiese un organismo de esta característica se alentaría a los ciudadanos a devolver lo que hayan encontrado y se fortalecería el valor de la honestidad. “La honradez es siempre digna de elogio, aun cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho”, afirmaba el escritor latino Marco Tulio Cicerón.








