15 Febrero 2004 Seguir en 
Llegó la hora. El "general" José Alperovich tiene que salir a la cancha. El entrenamiento ha terminado.
En los próximos días deben comenzar las clases y la gestión debe empezar a definirse.
Hasta ahora trató de acercarse al pueblo y, por lo tanto, no ser un rehén del aparato peronista. También buscó marcar diferencias con su antecesor, el doctor Frankestein que supo crear al hombre político que es hoy Alperovich. Los objetivos se cumplen, pero el Gobierno está más cargado de sueños, proyectos y buenos augurios que de concreciones reales.
Alperovich sale, da la cara y a diario inaugura una obra, lo que le permite que su gestión parezca que circula a una velocidad incontenible.
Aunque los adulones de los "sijosesistas" defienden lo contrario, Alperovich aún no puede despegar y sigue carreteando como si estuviera en el 29 de octubre pasado.
El gobernador no recibió atrasos salariales. Además, tiene casi duplicada la recaudación. Y mejor ni hablar de la coparticipación; por ella, todos los meses la Provincia recibe más, mucho más que los emolumentos que entraban a las arcas durante la administración de Miranda.
Para beneficio del actual gobernador no hay bonos circulando; por lo tanto, los fondos son en efectivo. Estas tres diferencias -mayor recaudación, más fondos por la coparticipación y la desaparición de los Bonos de Cancelación de Deudas (Bocade)- no aparecen aún en una gestión que muestra más dinamismo que acciones certeras hacia el famoso cambio.
Alperovich corre el riesgo de que pase el tiempo y que todo quede en buenas intenciones y en poquísimas concreciones en favor de la Provincia. En estos últimos días la relación con los gremios ha llegado a un punto de tensión que tendrá su momento culminante cuando en marzo den las primeras campanadas anunciando el inicio de las clases.
El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, paseaba ayer por el microcentro con la sonrisa de oreja a oreja. A todo aquel que le consultaba sobre su ánimo, él sonreía respondiendo que a más tardar el miércoles se solucionarían los rifirrafes que tienen con los sindicatos, pues estos están dispuestos a porfiar hasta el final por un incremento del sueldo mínimo a $ 350 pesos.
Aunque lo disimule, el gobernador aún no disfruta de días tranquilos porque, a pesar de que tiene las riendas en sus manos y vocifere como propiamente suelen hacerlo los conductores de los carros tirados por caballos, no transmite la sensación de control.
Alperovich ya cumplió 100 días de gestión y la finalización de febrero pondrá punto final a las vacaciones. Con el comienzo de las clases se pondrá en marcha la gestión del "general", que hasta ahora hizo derroche de poder y despliegue de imagen.
Lazos poco fuertes
Hasta ahora las preocupaciones centrales fueron reorganizar sus relaciones políticas, tal vez lo más endeble del número uno del Poder Ejecutivo. Por eso durante estas vacaciones puso en marcha el operativo JFK. La J fue tal vez la que menos le costó. Es que Julio Miranda es un amigo y socio con el que se entiende; también se desconfían, y cuando vociferan hacia afuera, ambos saben que se trata de fuegos de artificio.
La F de Fernando Juri fue el segundo logro. Aceitar esta relación no significa estar tranquilo, menos aún cuando en la Legislatura se abroquela el peronismo, pero sí le permite tenerlo cerca a Juri.
Precisamente, es la peor distancia para el vicegobernador, acostumbrado a dar pelea manteniendo la larga distancia. Como los boxeadores, cuanto más lejos estuvo de su rival, más creció políticamente. Después de la reunión que tuvieron en Anca Juli, Alperovich consiguió acortar las distancias y ahora es Juri quien aparece opacado. Sus propios adláteres se quejan de que está más preocupado en atender los llamados que le hacen desde el Ejecutivo y en gestionar las leyes que le pide el gobernador, que en la administración de la Legislatura.
En estos primeros meses de gestión el operativo JFK ya tiene las dos primeras letras. De esa manera. Alperovich se siente más cómodo para gobernar si Miranda y Juri no andan con la cara pintada.
Falta la K
Justamente la letra más difícil es la K. Néstor Kirchner sigue siendo la obsesión del equipo de gobierno del "general". Alperovich le mandó tres senadores al Congreso. Uno es Miranda, quien, por ahora, es un hombre de Eduardo Duhalde y porta una imagen tan negativa que nadie quiere salir en la foto con él. Los otros dos son nada menos que bussistas. Esto Kirchner no lo perdona.
Varios funcionarios se pusieron en campaña para promover un encuentro entre Alperovich y Kirchner, y ponerle punto final a la operación JFK. Hasta a la esposa del gobernador, Beatriz Rojkés, la mandaron a Nueva York para que se cruzara con la primera dama nacional, Cristina Fernández de Kirchner. Con Julio Miranda controlado; Juri, concentrado en la administración de Gobierno y no en posibles jugadas políticas, y Kirchner guiñándole un ojo, el "general" cree que no perderá nuevas batallas y podrá darle consistencia a su gestión.
Las contradicciones
El último escollo a superar es el propio protagonismo del gobernador. Esta semana, cuando un policía hizo el papelón de aparecer como espía en una reunión en el Partido Socialista, reaparecieron las contradicciones del poder. Mientras el ministro de Seguridad, el capitán letrado Pablo Baillo, y el sheriff Osvaldo Nieva pedían disculpas, el gobernador los dejaba mal parados dándoles poco crédito a los políticos Rodolfo Succar y Gumersindo Parajón. "Buscan protagonismo", sugirió.
Lo mismo ocurrió hace pocos días cuando en una comida ante funcionarios nacionales el gobernador se trenzó en una triste discusión con Vicente Lucci, quien no escatimó críticas hacia la nueva gestión de gobierno. La pirotecnia verbal finalizó con acusaciones por evadir impuestos y afloraron incluso viejos rencores de cuando el gobernador era empresario.
La templanza no es precisamente una virtud de Alperovich y para gobernar le sería muy útil.
En los próximos días deben comenzar las clases y la gestión debe empezar a definirse.
Hasta ahora trató de acercarse al pueblo y, por lo tanto, no ser un rehén del aparato peronista. También buscó marcar diferencias con su antecesor, el doctor Frankestein que supo crear al hombre político que es hoy Alperovich. Los objetivos se cumplen, pero el Gobierno está más cargado de sueños, proyectos y buenos augurios que de concreciones reales.
Alperovich sale, da la cara y a diario inaugura una obra, lo que le permite que su gestión parezca que circula a una velocidad incontenible.
Aunque los adulones de los "sijosesistas" defienden lo contrario, Alperovich aún no puede despegar y sigue carreteando como si estuviera en el 29 de octubre pasado.
El gobernador no recibió atrasos salariales. Además, tiene casi duplicada la recaudación. Y mejor ni hablar de la coparticipación; por ella, todos los meses la Provincia recibe más, mucho más que los emolumentos que entraban a las arcas durante la administración de Miranda.
Para beneficio del actual gobernador no hay bonos circulando; por lo tanto, los fondos son en efectivo. Estas tres diferencias -mayor recaudación, más fondos por la coparticipación y la desaparición de los Bonos de Cancelación de Deudas (Bocade)- no aparecen aún en una gestión que muestra más dinamismo que acciones certeras hacia el famoso cambio.
Alperovich corre el riesgo de que pase el tiempo y que todo quede en buenas intenciones y en poquísimas concreciones en favor de la Provincia. En estos últimos días la relación con los gremios ha llegado a un punto de tensión que tendrá su momento culminante cuando en marzo den las primeras campanadas anunciando el inicio de las clases.
El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, paseaba ayer por el microcentro con la sonrisa de oreja a oreja. A todo aquel que le consultaba sobre su ánimo, él sonreía respondiendo que a más tardar el miércoles se solucionarían los rifirrafes que tienen con los sindicatos, pues estos están dispuestos a porfiar hasta el final por un incremento del sueldo mínimo a $ 350 pesos.
Aunque lo disimule, el gobernador aún no disfruta de días tranquilos porque, a pesar de que tiene las riendas en sus manos y vocifere como propiamente suelen hacerlo los conductores de los carros tirados por caballos, no transmite la sensación de control.
Alperovich ya cumplió 100 días de gestión y la finalización de febrero pondrá punto final a las vacaciones. Con el comienzo de las clases se pondrá en marcha la gestión del "general", que hasta ahora hizo derroche de poder y despliegue de imagen.
Lazos poco fuertes
Hasta ahora las preocupaciones centrales fueron reorganizar sus relaciones políticas, tal vez lo más endeble del número uno del Poder Ejecutivo. Por eso durante estas vacaciones puso en marcha el operativo JFK. La J fue tal vez la que menos le costó. Es que Julio Miranda es un amigo y socio con el que se entiende; también se desconfían, y cuando vociferan hacia afuera, ambos saben que se trata de fuegos de artificio.
La F de Fernando Juri fue el segundo logro. Aceitar esta relación no significa estar tranquilo, menos aún cuando en la Legislatura se abroquela el peronismo, pero sí le permite tenerlo cerca a Juri.
Precisamente, es la peor distancia para el vicegobernador, acostumbrado a dar pelea manteniendo la larga distancia. Como los boxeadores, cuanto más lejos estuvo de su rival, más creció políticamente. Después de la reunión que tuvieron en Anca Juli, Alperovich consiguió acortar las distancias y ahora es Juri quien aparece opacado. Sus propios adláteres se quejan de que está más preocupado en atender los llamados que le hacen desde el Ejecutivo y en gestionar las leyes que le pide el gobernador, que en la administración de la Legislatura.
En estos primeros meses de gestión el operativo JFK ya tiene las dos primeras letras. De esa manera. Alperovich se siente más cómodo para gobernar si Miranda y Juri no andan con la cara pintada.
Falta la K
Justamente la letra más difícil es la K. Néstor Kirchner sigue siendo la obsesión del equipo de gobierno del "general". Alperovich le mandó tres senadores al Congreso. Uno es Miranda, quien, por ahora, es un hombre de Eduardo Duhalde y porta una imagen tan negativa que nadie quiere salir en la foto con él. Los otros dos son nada menos que bussistas. Esto Kirchner no lo perdona.
Varios funcionarios se pusieron en campaña para promover un encuentro entre Alperovich y Kirchner, y ponerle punto final a la operación JFK. Hasta a la esposa del gobernador, Beatriz Rojkés, la mandaron a Nueva York para que se cruzara con la primera dama nacional, Cristina Fernández de Kirchner. Con Julio Miranda controlado; Juri, concentrado en la administración de Gobierno y no en posibles jugadas políticas, y Kirchner guiñándole un ojo, el "general" cree que no perderá nuevas batallas y podrá darle consistencia a su gestión.
Las contradicciones
El último escollo a superar es el propio protagonismo del gobernador. Esta semana, cuando un policía hizo el papelón de aparecer como espía en una reunión en el Partido Socialista, reaparecieron las contradicciones del poder. Mientras el ministro de Seguridad, el capitán letrado Pablo Baillo, y el sheriff Osvaldo Nieva pedían disculpas, el gobernador los dejaba mal parados dándoles poco crédito a los políticos Rodolfo Succar y Gumersindo Parajón. "Buscan protagonismo", sugirió.
Lo mismo ocurrió hace pocos días cuando en una comida ante funcionarios nacionales el gobernador se trenzó en una triste discusión con Vicente Lucci, quien no escatimó críticas hacia la nueva gestión de gobierno. La pirotecnia verbal finalizó con acusaciones por evadir impuestos y afloraron incluso viejos rencores de cuando el gobernador era empresario.
La templanza no es precisamente una virtud de Alperovich y para gobernar le sería muy útil.







