El dramático incidente ocurrido el domingo a la tarde en el dique El Cadillal, en el que un niño tuvo que ser rescatado por la Policía Lacustre de una zona del lago, reactualiza el largo debate sobre la adecuada vigilancia y las medidas de seguridad que deben cubrir los balnearios públicos -y también las piletas- para proteger a los veraneantes y la especial preocupación y paciencia de la que deben armarse los padres y familiares para cuidar a los más pequeños en ocasión de las vacaciones.
Las altas temperaturas que imponen los veranos en nuestra provincia -como parece ser que ocurrirá con el que se soporta en la presente temporada- moviliza a miles de familias a buscar un poco de alivio en ríos, arroyos, lagos, campings y en las piletas de clubes o de las casas particulares. Huir del calor sofocante es una recomendación de los médicos para cuidar la salud, en especial de los ancianos y de los más pequeños. Pero muchas veces ocurre que ante estas circunstancias, no se toman todos los recaudos y las prevenciones suficientes como para evitar riesgos o accidentes, como el que se produjo en la zona del principal espejo de agua de Tucumán, aunque también sería oportuno recalcar que hay lugares públicos destinados a la recreación que no están lo suficientemente preparados para atender las concurrencias masivas de personas.
La Policía Lacustre de la provincia ha revelado que hasta este fin de 2015, ha registrado por lo menos diez accidentes fatales en el año y ha hecho hincapié en que la zona del dique El Cadillal (Doctor Celestino Gelsi) tiene niveles de peligrosidad muy altos, especialmente, porque las profundidades del agua no son uniformes. Estas advertencias también se difunden desde las áreas de Salud y de Defensa Civil, organismos que han reclamado reiteradamente que las mayores precauciones deben tomarse en los ríos y arroyos.
Estos reclamos de seguridad, junto a la debida cobertura de salvavidas y guardias policiales de patrullaje -sin embargo- parecen estrellarse y transformarse en estériles ante ciertas actitudes irresponsables, tomas de riesgos innecesarios y hasta evidentes excesos de parte de bañistas, que en ocasiones acceden a esos lugares en estado de ebriedad, como lo ha marcado en mas de una vez la crónica policial y la denuncia de lectores.
Se trataría entonces de atender un fenómeno social que, aunque se transforma en crítico cuando irrumpe un caso de emergencia o inseguridad, registra aristas que cruzan toda la problemática social, que está visto que deben cubrirse desde una organización más profunda que involucre no sólo a la Policía, sino a las delegaciones comunales próximas donde están localizados estos espacios de disfrute, a las áreas de turismos y, claro, a las de Salud, Asistencia y Promoción Social o comunitaria.
Un refuerzo especial en los fines de semanas de los distintos actores públicos involucrados en estos operativos de custodia y urgencias, el reparto de folletos que refiera a las características de los lugares y que señale los riesgos que enfrentan quienes transgredan estas recomendaciones, podrían figurar o agregarse entre los programas de protección ciudadana.
La atención de los espacios públicos -como lagos y ríos- forma parte de las competencias de los estados municipales, provinciales o nacionales, pero obligaciones como estas no debieran eximir de la responsabilidad de padres y familiares en cuidar -muy especialmente- a las personas más desprotegidas o indefensas de algunos peligros, que enfrentan en esas zonas de recreación.
Las altas temperaturas que imponen los veranos en nuestra provincia -como parece ser que ocurrirá con el que se soporta en la presente temporada- moviliza a miles de familias a buscar un poco de alivio en ríos, arroyos, lagos, campings y en las piletas de clubes o de las casas particulares. Huir del calor sofocante es una recomendación de los médicos para cuidar la salud, en especial de los ancianos y de los más pequeños. Pero muchas veces ocurre que ante estas circunstancias, no se toman todos los recaudos y las prevenciones suficientes como para evitar riesgos o accidentes, como el que se produjo en la zona del principal espejo de agua de Tucumán, aunque también sería oportuno recalcar que hay lugares públicos destinados a la recreación que no están lo suficientemente preparados para atender las concurrencias masivas de personas.
La Policía Lacustre de la provincia ha revelado que hasta este fin de 2015, ha registrado por lo menos diez accidentes fatales en el año y ha hecho hincapié en que la zona del dique El Cadillal (Doctor Celestino Gelsi) tiene niveles de peligrosidad muy altos, especialmente, porque las profundidades del agua no son uniformes. Estas advertencias también se difunden desde las áreas de Salud y de Defensa Civil, organismos que han reclamado reiteradamente que las mayores precauciones deben tomarse en los ríos y arroyos.
Estos reclamos de seguridad, junto a la debida cobertura de salvavidas y guardias policiales de patrullaje -sin embargo- parecen estrellarse y transformarse en estériles ante ciertas actitudes irresponsables, tomas de riesgos innecesarios y hasta evidentes excesos de parte de bañistas, que en ocasiones acceden a esos lugares en estado de ebriedad, como lo ha marcado en mas de una vez la crónica policial y la denuncia de lectores.
Se trataría entonces de atender un fenómeno social que, aunque se transforma en crítico cuando irrumpe un caso de emergencia o inseguridad, registra aristas que cruzan toda la problemática social, que está visto que deben cubrirse desde una organización más profunda que involucre no sólo a la Policía, sino a las delegaciones comunales próximas donde están localizados estos espacios de disfrute, a las áreas de turismos y, claro, a las de Salud, Asistencia y Promoción Social o comunitaria.
Un refuerzo especial en los fines de semanas de los distintos actores públicos involucrados en estos operativos de custodia y urgencias, el reparto de folletos que refiera a las características de los lugares y que señale los riesgos que enfrentan quienes transgredan estas recomendaciones, podrían figurar o agregarse entre los programas de protección ciudadana.
La atención de los espacios públicos -como lagos y ríos- forma parte de las competencias de los estados municipales, provinciales o nacionales, pero obligaciones como estas no debieran eximir de la responsabilidad de padres y familiares en cuidar -muy especialmente- a las personas más desprotegidas o indefensas de algunos peligros, que enfrentan en esas zonas de recreación.








