El 7 de noviembre de 2007, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó una resolución que recomendaba al Poder Ejecutivo Nacional proceder a la repatriación de los restos mortales del presbítero tucumano Ildefonso de las Muñecas, que descansan en la capilla de Huaqui, en la República de Bolivia.
No se conocen informes oficiales sobre el trámite posterior de dicha recomendación. Pero pensamos que la próxima celebración del Bicentenario de la Independencia es inmejorable oportunidad para reactivar la gestión con la diligencia necesaria para que llegue a efectivarse. Y esto porque, justamente, en 2016 se cumple también el bicentenario de la muerte de Muñecas.
Como todos lo saben, Muñecas es el nombre de una arteria céntrica de nuestra ciudad, por la cual el público transita constantemente. Pero lo que no se sabe tanto es que Ildefonso de las Muñecas fue una figura clave en la Guerra de la Independencia, altamente valorada por Belgrano y por San Martín, y que fue ultimado por la espalda el 7 de julio de 1816; es decir dos días antes de que el Congreso de Tucumán pronunciara la célebre declaración.
No es este el espacio para desarrollar una biografía del renombrado tucumano. Nuestras columnas lo han evocado varias veces (ver, por ejemplo, una página entera en la sección “Tucumanos”, del 8 de diciembre de 2013). Pero sí puede apuntarse que, desde los movimientos revolucionarios americanos de 1809, y hasta su muerte, Muñecas fue el terror de los ejércitos realistas. Al frente de una de las “republiquetas” indígenas altoperuanas combatió incesantemente a las fuerzas del rey de España en fulminantes operaciones, sobre todo de guerrilla, hasta que fue derrotado, capturado y remitido a Lima para que lo juzgaran. En el camino, en algún punto entre Tihuanaco y Huaqui, sus captores resolvieron matarlo.
La República de Bolivia ha sido mucho más generosa que nosotros con la memoria del patriota tucumano. En 1826 se dio el nombre de Muñecas -conservado hasta la actualidad- a una de las veinte provincias que forman el departamento de La Paz. Tiene 4.965 kilómetros cuadrados de superficie y su capital es Chuma. Suena verdaderamente curioso que dicha República haya honrado de esa manera a Muñecas, mientras que en el país de su nacimiento es casi un desconocido.
Entre las tareas oficiales que se han programado para el año bicentenario de la Independencia sabemos que está el traslado de los restos del doctor Bernardo de Monteagudo, desde la Recoleta porteña hasta su ciudad natal de Tucumán. También se planea dar a los restos de Juan Bautista Alberdi una ubicación distinta a la actual -y poco conveniente- de la Casa de Gobierno.
Convendría sumar, a esos muy justificados traslados de cenizas ilustres, el de las del doctor Ildefonso de las Muñecas, desde la capilla de Huaqui. Por cierto que, tratándose de un templo ubicado en Bolivia, el asunto requiere las solicitudes diplomáticas del caso, por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores y, por cierto, el consentimiento del gobierno del vecino país. Podría empezarse, pensamos, por indagar el estado de las gestiones que posiblemente ese Ministerio haya iniciado en 2007. Esto sin perjuicio de empezarlas decididamente, si así no ocurrió. Para que, en el bicentenario de la muerte del valiente sacerdote, sus restos vuelvan a la ciudad que lo vio nacer.
No se conocen informes oficiales sobre el trámite posterior de dicha recomendación. Pero pensamos que la próxima celebración del Bicentenario de la Independencia es inmejorable oportunidad para reactivar la gestión con la diligencia necesaria para que llegue a efectivarse. Y esto porque, justamente, en 2016 se cumple también el bicentenario de la muerte de Muñecas.
Como todos lo saben, Muñecas es el nombre de una arteria céntrica de nuestra ciudad, por la cual el público transita constantemente. Pero lo que no se sabe tanto es que Ildefonso de las Muñecas fue una figura clave en la Guerra de la Independencia, altamente valorada por Belgrano y por San Martín, y que fue ultimado por la espalda el 7 de julio de 1816; es decir dos días antes de que el Congreso de Tucumán pronunciara la célebre declaración.
No es este el espacio para desarrollar una biografía del renombrado tucumano. Nuestras columnas lo han evocado varias veces (ver, por ejemplo, una página entera en la sección “Tucumanos”, del 8 de diciembre de 2013). Pero sí puede apuntarse que, desde los movimientos revolucionarios americanos de 1809, y hasta su muerte, Muñecas fue el terror de los ejércitos realistas. Al frente de una de las “republiquetas” indígenas altoperuanas combatió incesantemente a las fuerzas del rey de España en fulminantes operaciones, sobre todo de guerrilla, hasta que fue derrotado, capturado y remitido a Lima para que lo juzgaran. En el camino, en algún punto entre Tihuanaco y Huaqui, sus captores resolvieron matarlo.
La República de Bolivia ha sido mucho más generosa que nosotros con la memoria del patriota tucumano. En 1826 se dio el nombre de Muñecas -conservado hasta la actualidad- a una de las veinte provincias que forman el departamento de La Paz. Tiene 4.965 kilómetros cuadrados de superficie y su capital es Chuma. Suena verdaderamente curioso que dicha República haya honrado de esa manera a Muñecas, mientras que en el país de su nacimiento es casi un desconocido.
Entre las tareas oficiales que se han programado para el año bicentenario de la Independencia sabemos que está el traslado de los restos del doctor Bernardo de Monteagudo, desde la Recoleta porteña hasta su ciudad natal de Tucumán. También se planea dar a los restos de Juan Bautista Alberdi una ubicación distinta a la actual -y poco conveniente- de la Casa de Gobierno.
Convendría sumar, a esos muy justificados traslados de cenizas ilustres, el de las del doctor Ildefonso de las Muñecas, desde la capilla de Huaqui. Por cierto que, tratándose de un templo ubicado en Bolivia, el asunto requiere las solicitudes diplomáticas del caso, por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores y, por cierto, el consentimiento del gobierno del vecino país. Podría empezarse, pensamos, por indagar el estado de las gestiones que posiblemente ese Ministerio haya iniciado en 2007. Esto sin perjuicio de empezarlas decididamente, si así no ocurrió. Para que, en el bicentenario de la muerte del valiente sacerdote, sus restos vuelvan a la ciudad que lo vio nacer.








