En estas fechas del año en las que se registra uno de los momentos de mayor movimiento social y económico por la celebración de la Navidad y el Fin de Año se constata una virtual profundización de la crisis que enfrenta el sistema de tránsito y circulación de vehículos en el Gran San Miguel de Tucumán, especialmente en nuestra ciudad. Es que cada vez se hace más complicado circular no sólo por el casco céntrico de esta capital, sino también por las principales avenidas por donde se viaja desde y hacia Yerba Buena, Las Talitas-El Colmenar, Banda del Río Salí, El Manantial y Tafí Viejo.
Con un parque automotor en continuo ascenso -en especial el motociclista- la situación actual del tráfico y el movimiento vehicular en la zona de mayor concentración poblacional de la provincia raya lo caótico e impone una urgente reacción de las autoridades municipales y provinciales. Como se conoce, desde los años 90 se viene estudiando la evolución del tránsito en San Miguel de Tucumán, e incluso lo han hecho expertos extranjeros. El trabajo más auspicioso se concretó en diciembre de 2005, con la presentación de un plan Estratégico Urbano Territorial para nuestra capital que fue elaborado por especialistas, funcionarios y vecinos. Se aconsejaba, por caso, desconcentrar las actividades de carácter administrativo y avanzar en la peatonalización como un modo de desalentar que los vehículos ingresen al centro y favorecer al transeúnte que en ese diagnóstico parecía ser menos importante que los vehículos que circulan por las calles y avenidas.
Sin embargo, esta iniciativa no tuvo el éxito esperado acaso porque se pusieron en práctica algunas recomendaciones y porque se intentó una aplicación parcial de la propuesta. Desde esa época hasta ahora sólo hubo avances parciales en el abordaje de esta problemática en el ámbito de la Municipalidad capitalina, pero el cuadro no tuvo prácticamente ninguna intervención desde el punto de vista metropolitano.
Hoy en día, resulta crítico y arriesgado transitar en vehículos durante bastante horas del día desde el este hacia el centro de la ciudad, tanto como en sentido contrario, y lo mismo que entre el oeste y la zona céntrica y viceversa. Los accesos por El Manantial o por El Colmenar y el regreso hacia esos lugares desde la periferia capitalina se han convertido en prácticamente infranqueables. Los vehículos de cargas agregan un flujo que complica más -si cabe- ese panorama de características laberínticas, amén de los riesgos para el tránsito y peatones que generan el deterioro de calles, avenidas y conexiones interjurisdiccionales.
Urbanistas y expertos han venido advirtiendo que este arcaico sistema de movilidad debe ser abordado desde una manera integral (comprometer a todas las jurisdicciones del área y al Gobierno provincial), en el que se destaque un reordenamiento urbanístico, un replanteo del recorrido del transporte de pasajeros y -sobre todo- de los vehículos particulares, además de un estricto y eficiente sistema de control vial. La municipalidad capitalina había anticipado que pondría en marcha un nuevo ambicioso plan de reorganización del transporte público para los primeros meses del año que termina; la administración provincial parece no tener en carpeta un compromiso para atender leste asunto y otro tanto ocurre con los municipios vecinos. El nuevo ciclo político que se ha puesto en marcha debería incorporar entre sus prioridades de gestión una respuesta cabal, mancomunada y profunda a una problemática dolorosa, intolerable, primitiva.
Con un parque automotor en continuo ascenso -en especial el motociclista- la situación actual del tráfico y el movimiento vehicular en la zona de mayor concentración poblacional de la provincia raya lo caótico e impone una urgente reacción de las autoridades municipales y provinciales. Como se conoce, desde los años 90 se viene estudiando la evolución del tránsito en San Miguel de Tucumán, e incluso lo han hecho expertos extranjeros. El trabajo más auspicioso se concretó en diciembre de 2005, con la presentación de un plan Estratégico Urbano Territorial para nuestra capital que fue elaborado por especialistas, funcionarios y vecinos. Se aconsejaba, por caso, desconcentrar las actividades de carácter administrativo y avanzar en la peatonalización como un modo de desalentar que los vehículos ingresen al centro y favorecer al transeúnte que en ese diagnóstico parecía ser menos importante que los vehículos que circulan por las calles y avenidas.
Sin embargo, esta iniciativa no tuvo el éxito esperado acaso porque se pusieron en práctica algunas recomendaciones y porque se intentó una aplicación parcial de la propuesta. Desde esa época hasta ahora sólo hubo avances parciales en el abordaje de esta problemática en el ámbito de la Municipalidad capitalina, pero el cuadro no tuvo prácticamente ninguna intervención desde el punto de vista metropolitano.
Hoy en día, resulta crítico y arriesgado transitar en vehículos durante bastante horas del día desde el este hacia el centro de la ciudad, tanto como en sentido contrario, y lo mismo que entre el oeste y la zona céntrica y viceversa. Los accesos por El Manantial o por El Colmenar y el regreso hacia esos lugares desde la periferia capitalina se han convertido en prácticamente infranqueables. Los vehículos de cargas agregan un flujo que complica más -si cabe- ese panorama de características laberínticas, amén de los riesgos para el tránsito y peatones que generan el deterioro de calles, avenidas y conexiones interjurisdiccionales.
Urbanistas y expertos han venido advirtiendo que este arcaico sistema de movilidad debe ser abordado desde una manera integral (comprometer a todas las jurisdicciones del área y al Gobierno provincial), en el que se destaque un reordenamiento urbanístico, un replanteo del recorrido del transporte de pasajeros y -sobre todo- de los vehículos particulares, además de un estricto y eficiente sistema de control vial. La municipalidad capitalina había anticipado que pondría en marcha un nuevo ambicioso plan de reorganización del transporte público para los primeros meses del año que termina; la administración provincial parece no tener en carpeta un compromiso para atender leste asunto y otro tanto ocurre con los municipios vecinos. El nuevo ciclo político que se ha puesto en marcha debería incorporar entre sus prioridades de gestión una respuesta cabal, mancomunada y profunda a una problemática dolorosa, intolerable, primitiva.








