FOTO DE JORGE PARRA
13 Diciembre 2015 Seguir en 

La vida de Hugo Carrizo es un ir y venir permanente, con el deporte como gran inspirador y sus propias inquietudes como motor. El “Coyuyo”, a los 58 años, es un devoto corredor de motocross que en la temporada 2015 ganó cuatro subcampeonatos, que practica distintas disciplinas y que, pese a la vorágine de sus días, no olvida ni a su familia ni a su taller de chapa y pintura, ubicado en la ciudad de Concepción.
Carrizo cuenta que a los 12 años se subió por primera vez a una moto. “Era una Zanella y competía en las calles, o en pistas de speedway. Las motos fueron una locura para mí desde niños. Desde que me subí por primera vez a una de ellas, ya nunca más paré.”
Lo cierto es que en la dilatada carrera deportiva con que cuenta, ganó infinidad de competencias y de títulos, recorriendo circuitos tucumanos, jujeños, santiagueños, catamarqueños, incluso cordobeses y sanjuaninos. “En estos últimos tiempos me acompaña mi hija Dalma, a quien le apasiona esta disciplina. Ella quiere correr algún día, veremos qué pasa. Al menos, ya está muy ambientada al mundo del motocross” cuenta sobre la licenciada en Higiene y Seguridad de 26 años, que lo sigue ante cada carrera que el sureño decide asistir. Su otra hija, Anabella, aún es estudiante de primaria y, de momento, se concentra en ello.
El tema deportivo para Carrizo no se agota con el motocross. Ciclismo, atletismo, incluso kick boxing y natación en verano son sus “ocupaciones” desde hace varios años.
- ¿Con tanto que te gusta la velocidad, no pensaste en algún momento hacer rally?
- No, eso me aburre, aunque tengo muchos amigos a los que seguí, pero solamente como espectador. También me aburre quedarme sentado cinco minutos. No lo soporto, siempre tengo que estar haciendo algo. Si no hay nada, me voy a dormir: todos los días me acuesto a las 23. Luego, tempranito, ya estoy enfilando a mi taller.
- ¿Tu felicidad es estar siempre en movimiento?
- Sí. Es mi naturaleza. Y correr en moto para mí es un placer, me alienta ante el paso de los años. Yo voy a las carreras a competir contra los jóvenes. No me les achico para nada.
Es conocido en el ambiente de las motos el buen humor de “Coyuyo”. “Siempre estoy haciendo bromas, yo mismo me río mucho, le pongo onda a cada encuentro. Siempre digo que en la televisión no me hacen notas porque por mi color de piel, en la pantalla todo aparecería en blanco y negro. En carrera, a mis rivales les pido que no me choquen, que respeten mis canas, y las cargadas no dejan de llegar. Hay saltos en los que yo suelto las manos para dar un poco de show a la gente. Pero lo hago con responsabilidad, usando la experiencia, no es cuestión de golpearse por una locura.”
Carrizo recibe una gran mano en la asistencia de la moto de parte de Daniel de la Fuente. Y Reynaldo Córdoba trabaja en la suspensión. En 2015, participó de más de 40 carreras. Y haría más, si no fuera por cuestiones presupuestarias o de seguridad. “Me invitan de todos lados, pero lamentablemente no puedo aceptar siempre. La verdad que ese sentido los amigos se portan muy bien. Y los tengo en varias provincias”, asegura.
Dice ser amigo de “Tin” Noguera, de “Lito” Mohamed, de Juan Bustos. Y que con César Toro, papá del piloto Lautaro Toro, tiene una excelente relación (”compartimos viajes, nos cuidamos entre nosotros”). También admite su gusto por los perros (”tengo en crianza varios bull terrier y pitbull, incluso asisto a exposiciones”). También asegura que el secreto de su estado físico está en lo que come (”nada de alcohol y todas mis comidas son hervidas u horneadas”).
“Coyuyo” apunta que ser uno de los pilotos más veteranos del circuito norte lo llena de alegría. “Son pocos los que me sacan la edad, piensan que soy más chico.”
- Es de imaginarse que, con una vida tan activa, en 2016 vas a seguir rodando aquí y allá...
- Por supuesto. Yo me las ingenio para sobrevivir, por eso además de pensar en correr mucho, quiero cambiar la moto que tengo, una Honda 450cc, por una de dos tiempos y 250cc. Denlo por hecho: el año que viene no cambio mi vida por nada del mundo.
Carrizo cuenta que a los 12 años se subió por primera vez a una moto. “Era una Zanella y competía en las calles, o en pistas de speedway. Las motos fueron una locura para mí desde niños. Desde que me subí por primera vez a una de ellas, ya nunca más paré.”
Lo cierto es que en la dilatada carrera deportiva con que cuenta, ganó infinidad de competencias y de títulos, recorriendo circuitos tucumanos, jujeños, santiagueños, catamarqueños, incluso cordobeses y sanjuaninos. “En estos últimos tiempos me acompaña mi hija Dalma, a quien le apasiona esta disciplina. Ella quiere correr algún día, veremos qué pasa. Al menos, ya está muy ambientada al mundo del motocross” cuenta sobre la licenciada en Higiene y Seguridad de 26 años, que lo sigue ante cada carrera que el sureño decide asistir. Su otra hija, Anabella, aún es estudiante de primaria y, de momento, se concentra en ello.
El tema deportivo para Carrizo no se agota con el motocross. Ciclismo, atletismo, incluso kick boxing y natación en verano son sus “ocupaciones” desde hace varios años.
- ¿Con tanto que te gusta la velocidad, no pensaste en algún momento hacer rally?
- No, eso me aburre, aunque tengo muchos amigos a los que seguí, pero solamente como espectador. También me aburre quedarme sentado cinco minutos. No lo soporto, siempre tengo que estar haciendo algo. Si no hay nada, me voy a dormir: todos los días me acuesto a las 23. Luego, tempranito, ya estoy enfilando a mi taller.
- ¿Tu felicidad es estar siempre en movimiento?
- Sí. Es mi naturaleza. Y correr en moto para mí es un placer, me alienta ante el paso de los años. Yo voy a las carreras a competir contra los jóvenes. No me les achico para nada.
Es conocido en el ambiente de las motos el buen humor de “Coyuyo”. “Siempre estoy haciendo bromas, yo mismo me río mucho, le pongo onda a cada encuentro. Siempre digo que en la televisión no me hacen notas porque por mi color de piel, en la pantalla todo aparecería en blanco y negro. En carrera, a mis rivales les pido que no me choquen, que respeten mis canas, y las cargadas no dejan de llegar. Hay saltos en los que yo suelto las manos para dar un poco de show a la gente. Pero lo hago con responsabilidad, usando la experiencia, no es cuestión de golpearse por una locura.”
Carrizo recibe una gran mano en la asistencia de la moto de parte de Daniel de la Fuente. Y Reynaldo Córdoba trabaja en la suspensión. En 2015, participó de más de 40 carreras. Y haría más, si no fuera por cuestiones presupuestarias o de seguridad. “Me invitan de todos lados, pero lamentablemente no puedo aceptar siempre. La verdad que ese sentido los amigos se portan muy bien. Y los tengo en varias provincias”, asegura.
Dice ser amigo de “Tin” Noguera, de “Lito” Mohamed, de Juan Bustos. Y que con César Toro, papá del piloto Lautaro Toro, tiene una excelente relación (”compartimos viajes, nos cuidamos entre nosotros”). También admite su gusto por los perros (”tengo en crianza varios bull terrier y pitbull, incluso asisto a exposiciones”). También asegura que el secreto de su estado físico está en lo que come (”nada de alcohol y todas mis comidas son hervidas u horneadas”).
“Coyuyo” apunta que ser uno de los pilotos más veteranos del circuito norte lo llena de alegría. “Son pocos los que me sacan la edad, piensan que soy más chico.”
- Es de imaginarse que, con una vida tan activa, en 2016 vas a seguir rodando aquí y allá...
- Por supuesto. Yo me las ingenio para sobrevivir, por eso además de pensar en correr mucho, quiero cambiar la moto que tengo, una Honda 450cc, por una de dos tiempos y 250cc. Denlo por hecho: el año que viene no cambio mi vida por nada del mundo.
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