11 Febrero 2004 Seguir en 
El aspecto de una ciudad es el reflejo de quienes viven en ella y de quienes la gobiernan. Los basurales fueron al principio sólo una mancha incipiente en el paisaje urbano. En los últimos años comenzaron a expandirse vertiginosamente, hasta el punto de que muchos han alcanzado la mayoría de edad.
Ello sucede, por ejemplo, con el basural que ha conquistado la esquina de Rivadavia y Uruguay, junto a una propiedad abandonada. Para colmo, la vereda está rota y allí se erige un árbol de gran tamaño, cuya copa oculta el farol del alumbrado público y deja la ochava casi en tinieblas. Esta situación provoca una gran inseguridad entre los vecinos, algunos de los cuales ya han sido víctimas de los delincuentes.
A menudo, los funcionarios municipales se quejan -y con razón- de que una gran cantidad de ciudadanos no paga los impuestos. Pero también es cierto que si controlaran y sancionaran con rigor a quienes cometen infracciones o violan las ordenanzas, incrementarían en forma notable el erario. Si los basurales siguen proliferando ante la pasividad municipal, se corre el riesgo de que nos identifiquen como "el jardín de las alimañas".
Ello sucede, por ejemplo, con el basural que ha conquistado la esquina de Rivadavia y Uruguay, junto a una propiedad abandonada. Para colmo, la vereda está rota y allí se erige un árbol de gran tamaño, cuya copa oculta el farol del alumbrado público y deja la ochava casi en tinieblas. Esta situación provoca una gran inseguridad entre los vecinos, algunos de los cuales ya han sido víctimas de los delincuentes.
A menudo, los funcionarios municipales se quejan -y con razón- de que una gran cantidad de ciudadanos no paga los impuestos. Pero también es cierto que si controlaran y sancionaran con rigor a quienes cometen infracciones o violan las ordenanzas, incrementarían en forma notable el erario. Si los basurales siguen proliferando ante la pasividad municipal, se corre el riesgo de que nos identifiquen como "el jardín de las alimañas".







