Mali: apuestan a la industria textil para liberarse de la pobreza

El país africano produce prendas de alta costura confeccionadas con la tela bazin.

CONTRASTE. El modelo Lanseni Doumbia, por las calles de Mali, con un traje del diseñador maliense Barros Coulibaly. CONTRASTE. El modelo Lanseni Doumbia, por las calles de Mali, con un traje del diseñador maliense Barros Coulibaly.

El front row (o la primera fila) de un desfile de alta costura durante las semanas de la moda de Milán o París está seleccionado, pensado y debatido con tiempo. Para sentarse en esas sillas hay que ser famoso, o multimillonario, o blogger, o directora de una revista de moda importante (como Vogue, por ejemplo). El lujo abunda a un costado de la pasarela, sobre ella y afuera, porque esas capitales de la moda se trasforman por completo.

Calles de tierra naranja. Chicos sin remera y con la pancita hinchada. Un puñado de cabras blancas. Enormes piedras que bien podrían ser trozos de chocolate. Un cartel sin el frente y con los tubos fluorescentes al aire. No es la descripción de una escenografía. Son locaciones de la ciudad de Bamako, Mali (África), que fueron elegidas para la producción de fotos que luego promocionaría un desfile. Y algo brilla. Dan ganas de tocarla, de usarla. No es una piedra preciosa. Es bazin, la tela del traje que usa Lanseni Doumbia, uno de los modelos de la campaña, que luce un diseño de Barros Coulibaly. También hay lujo y alta costura en Mali.

Cadena de producción trunca  

Bazin es una tela de algodón grueso pulido con un brillo particular, que es muy popular en toda esa región africana y que se usa en casi todas las ocasiones formales en Mali. “Si usted se presenta a un casamiento sin usar bazin, puede que no esté bien vestido para la ocasión”, dijo Baba Sereme, un diseñador maliense conocido por sus trajes de bazin para hombres, que son elaborados mediante un teñido a mano.   

Tan importante es este género para el país, que de hecho organizan todos los años un festival, que se realiza en octubre en Bamako. Este año, según la agencia Reuters, participaron diseñadores de Senegal, Mali, Niger y Marruecos. Pero el objetivo de esta propuesta está mucho más allá de una simple moda: con el bazin los diseñadores quieren mejorar la vida de los habitantes de Mali, uno de los países más pobres del mundo. Según un informe publicado por las Naciones Unidas, el crecimiento económico de Mali se redujo a cero en 2012 y casi el 78% de su población (unos 13,7 millones de habitantes) vive con menos de U$S 2 al día. Buscan recuperarse y el bazin para ellos es oro pulido.

Para cumplir el deseo del progreso económico, los diseñadores impulsan una campaña para la construcción de fábricas y el fomento de la producción de la tela. Porque Mali exporta algodón, pero compra la tela ya confeccionada a países como Alemania o China. Entonces, creen que además de confeccionar trajes o vestidos de bazin, también ayudaría a industrializar la economía, fundamentalmente agraria de Mali, la creación de puestos de trabajo en esas fábricas. Quieren tener toda la cadena de producción.

Se escucharon muchos aplausos y exclamaciones de alegría en el salón de convenciones de Bamako, donde se realizó el festival del bazin. Salieron a saludar a un puñado de invitados los modelos ataviados con diseños brillantes en rojo carmesí, índigo y verde neón. Mali reluce y no tiene oro.

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De uso político y religioso

El bazin es una de las telas más apreciada en la parte occidental de África. Generalmente se usa para confeccionar ropas tradicionales para el calendario religioso, político y familiar, y desde hace poco tiempo, para diseños de alta costura. Al bazin también se lo llama shaada, brocado de Guinea,  jacquard o damasco. 

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