Una asignatura pendiente

Es imprescindible que el Gobierno ponga en marcha una política educativa.

02 Febrero 2004
La última evaluación educativa, realizada el año pasado a 5.399 alumnos del Polimodal, reveló que el nivel educativo de los niños y jóvenes tucumanos es realmente paupérrimo. Sólo el 13% aprobó, lo que revela que en 10 años de transformación educativa los alumnos tucumanos perdieron casi dos períodos lectivos completos. Esto no es un dato menor. Habla de la urgente necesidad de que el Gobierno ponga en práctica, de una vez por todas, una política educativa coherente y sustentable en el tiempo.
En pocos días más los funcionarios provinciales lanzarán una campaña masiva de difusión con el listado de las escuelas que tendrán el tercer nivel de Educación general Básica (EGB 3). Desde el Gobierno se insiste en que se adecuó la estructura del plan y que no quedarán chicos fuera del sistema. Eso ya es un avance, si se considera el descalabro que heredaron en el sistema educativo primario y secundario cuando asumieron en octubre pasado.
Sin embargo, hay un problema igualmente importante: el de la gran cantidad de alumnos que a lo largo de la última década tuvieron una deficiente formación y que ahora tienen serios problemas para insertarse en la Universidad.
Según un relevamiento realizado por LA GACETA, los profesores que preparan alumnos a nivel particular notan que cada vez hay un mayor desconocimiento de los jóvenes en materias que son fundamentales para lograr un rendimiento en la Facultad.
No sólo se detectaron problemas relacionados con disciplinas abstractas, como matemáticas, sino también en cuestiones vinculadas a la escritura y a la comunicación de ideas en forma oral.
Esto quiere decir que, en algunos casos, ni siquiera se han superado las instancias básicas de la educación. El fracaso de los estudiantes tucumanos puede compararse con un financista que amasó una gran fortuna, la cual perdió toda actualidad porque se devaluó y no es negociable en la Bolsa.En otras palabras: la persona que fracasa es rica de una riqueza que no es utilizable porque nadie puede reconocerla como tal ni reconocerse en ella.Todo sistema debe ganar. El sistema al cual pertenece el estudiante que fracasa también parte de esta lógica. El fracaso es un momento bisagra indispensable para construir el devenir, el futuro.
La persona que fracasa debe ser colocada en un nivel jerárquico superior, en una ecuación a crear para salir del impasse; en lugar de castigar a aquel que fracasa, debiera buscarse la manera de ayudarlo.
Por eso, el Gobierno, además de trabajar en el sostenimiento del sistema escolar actual, también debiera plantearse la manera de ayudar a los que hoy deben entrar en la Universidad y que son producto del fracaso del sistema anterior.
El escritor Robert Gloton señaló que nuestra sociedad otorga sólo a algunos el poder de la educación, es decir, de acceder más rica y eficazmente a un nuevo poder sobre sí mismos y sobre los demás.
Hoy en día, cuando muchos ven recortadas las posibilidades de acceder a ese poder, es más un acto de justicia social trabajar para desarrollarlo convenientemente.
Esta es la asignatura que aún tiene pendiente el Gobierno tucumano y sobre la cual debería concentrar todos sus esfuerzos futuros. Garantizar que abran sus puertas todas las escuelas y que todos los alumnos estén dentro del sistema no garantiza el éxito.
Hace falta también un plan preciso que contemple todos los niveles y, además, pueda sostenerse en el tiempo sin cambios ni modificaciones.

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