Control en las plazas

Los espacios públicos deben ser utilizados para el fin que fueron creados.

30 Enero 2004
El verano y las vacaciones se prestan para la diversión, sobre todo cuando los protagonistas son jóvenes. Esto no sería criticable si es que esa diversión no se convirtiera en desenfreno, como suele suceder habitualmente. De esto pueden dar testimonio algunos vecinos de la Villa San Cayetano, habituados a las fiestas callejeras y a las bailantas montadas en las plazas de la zona. La cuestión es que, a veces, los escenarios son montados en lugares poco apropiados, como sucedió en la plaza Juana Manso. Allí, los organizadores de una bailanta no tuvieron mejor idea que instalar el escenario en el mismo lugar donde se levanta la gruta en honor a la Virgen de San Nicolás. Esto provoca, a menudo, enfrentamientos con los grupos de oración que suelen organizar rezos del Rosario a la caída de la tarde y que consideran avasallada su fe. Por eso, sería bueno que las autoridades municipales controlen este tipo de manifestaciones culturales para evitar enfrentamientos futuros. No hay que olvidar que las libertades individuales sólo pueden mantenerse inalterables mientras no se avasallen libertades ajenas. De otra manera, el caos y el desorden serán amos y señores.

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