Las razones de España

Kirchner volverá de una gira que fortaleció su relación con los inversores españoles.

29 Enero 2004
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.- El Presidente regresará mañana de Madrid seguramente seducido por el amplio respaldo que el gobierno y los empresarios españoles le han testimoniado al confiar en su gestión y actuar en consecuencia con sus inversiones en el país. Es muy cierto que los datos de la economía argentina son ahora convincentes, por más que subsistan serios problemas, como el del endeudamiento sin resolver, que podrían hacerlos dudar. Pero la mayoría de las crónicas dejan fuera de toda consideración un punto fundamental que explica ese clímax de acogida a la delegación argentina y que nuestra Cancillería tuvo muy en cuenta para la preparación de la visita: España mantiene una política internacional donde las relaciones con nuestro país ocupan lugar privilegiado, por más que hayan pasado por momentos difíciles a causa de la crisis y el discurso confuso de Buenos Aires. Esa política es compartida por la oposición y tiene un objetivo: convertirse en el primer inversor extranjero -actualmente es el segundo, después de Estados Unidos-.

Los inmigrantes
El gobierno español -antes socialista y ahora conservador- mantuvo ese rumbo desde la apertura a las inversiones de los años 90, con la ventaja operativa de que las mayores empresas hispanas, industriales y de servicios, son de propiedad mixta, es decir, con participación del Estado. Tanto es así que la poderosa Confederación Española de Organizaciones Empresariales actúa en ese punto en estrecha coordinación con el gobierno. La cuestión se dejó ver durante el encuentro de Kirchner con José María Aznar, cuya dureza a propósito de su exigente política de inmigración, se atenuó al prometer un futuro espacio negociador que, si bien no escapará al marco legal, marcará una diferencia para los argentinos. Esa salida moderada para un problema que la agenda presidencial tenía subrayado desde la partida de Buenos Aires, fue aceptada por Kirchner evitando que el mismo empañara el balance del encuentro con el ?premier? español. El Presidente pudo, eso sí, replantear la cuestión con el líder y candidato opositor, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, pero en España los grandes partidos son devotos de las políticas de estado.
Clima muy diferente es el de la relación de los acreedores, como ha demostrado la réplica del Comité Global de bonistas a Roberto Lavagna, quien los calificó de indomiciliados para no responder a un reclamo del mismo. El tono de ambas posiciones ha sido tan severo que agrandaba anoche, en la cartera económica, la preocupación con que se esperaba la reunión del ?board? del Fondo Monetario sobre el aval al primer tramo del acuerdo con el organismo. Aznar, por cierto, expresó su esperanza en ese desenlace, pero España no forma parte del Grupo de los Siete, resentido por un discurso oficial que no suele ser, ni mucho menos, el cordial de Madrid. (De nuestra Sucursal)

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