A la fuerza

La protesta de los remiseros enrareció el clima político.

29 Enero 2004
Por Juan Manuel Montero

Puede haberse equivocado el almanaque. El clima político enrarecido que se vive en la provincia no se condice con la época del año. En enero las lides políticas se toman un respiro, pensando en que la lucha por los espacios de poder se reinicia en marzo. Primero fue la reaparición de los panfletos, que tenían como víctima al vicegobernador Fernando Juri, ataque que fue hecho público por el mismo gobernador José Alperovich. Fue algo que a su compañero de fórmula en las últimas elecciones no le gustó para nada. Y ayer -como si fuera una respuesta- se sumó otro episodio, también recurrente: una demostración de fuerza de los remiseros que lideran María Jesús Rivero y su ex marido Rubén Ale.
Pitágoras decía que entre dos hombres iguales en fuerza, el más fuerte es el que tiene la razón. ¿Qué buscaban ayer los remiseros para movilizar más de 1.000 automóviles y sitiar el parque 9 de Julio, impidiendo la entrada y salida de ómnibus y de particulares de la terminal? ¿Por qué el capricho de exigir que sólo hablarían con Alperovich si recibía a una comisión de 30 personas, y no de 10 como les pedían desde Casa de Gobierno? ¿Qué pierden y qué ganan ellos con la unificación de taxis y remises que estudia el gobierno?Rivero, en un extraño juego de palabras dijo: "no queremos blanquearnos", refiriéndose al color que por ley llevan los taxis, pero al mismo tiempo exigió que se liberen las licencias para que los más de 3.000 remises truchos que circulan por Tucumán sean legalizados. La reacción de ayer de los remiseros fue exagerada. Pareció más una puesta en escena que un reclamo organizado y con metas claras. Fue como si quisieran demostrar que ellos también tienen el poder. Más si se recuerda que el 15 de diciembre pasado estuvieron en la Legislatura y luego de hablar con los miembros de la comisión de Transporte se retiraron tras consensuar una tregua de 100 días. Claro, el legislador José Teri ya les había adelantado que había intención de liberar las licencias, con lo cual los truchos pasarían a ser legales. "No podemos dejar en la calle a todas estas familias", justificó el legislador.
Entonces ¿por qué la protesta? A pesar de que el secretario de Seguridad Ciudadana, Osvaldo Nieva, había advertido: "la Legislatura puede decidir sobre las licencias, pero las normas de seguridad las controlamos nosotros", y por eso continuó el secuestro de vehículos, no pareció que el conflicto pudiera derivar en lo que se vivió ayer.
El viernes Alperovich iba a recibir a Rivero a las 18.30 en Casa de Gobierno. Pero la mujer de las cinco estrellas faltó a la cita. Dejó plantado al mismísimo gobernador. Por eso sorprendió que el martes los remiseros anunciaran su protesta, sugestivamente en el mismo momento en que se conocía que Juri -un confeso amigo de los Ale- visitaría a Alperovich.

Con la ley en la mano
Los remiseros redoblaron la apuesta. Como dijo Cicerón, utilizaron la fuerza como el derecho de las bestias y coparon la zona de El Bajo, como ya lo hicieron antes con la Jefatura de Policía, le Legislatura, la Casa de Gobierno, el Concejo Deliberante y hasta los Tribunales. Con la misma impunidad de siempre. Intervino entonces el fiscal Carlos Albaca que, con la Ley Nacional de Tránsito en la mano, les advirtió que tenían cinco minutos para desalojar la zona, o comenzaría a detener choferes. Ante esto, el camino fue liberado. Para el legislador Ernesto Padilla, la supuesta pelea entre el gobernador y su vice está basada en la búsqueda de poder dentro del partido Justicialista. "Hasta la visita de (Julio) Miranda a Alperovich enrareció el clima", dijo. "Eso puede ser terrible para la provincia", aseguró.
Alperovich y Juri, entonces, juegan su propio partido. Si ambos son iguales en fuerzas, -y así intentan demostrarlo en cualquiera de sus actos- sólo uno de ellos tendrá la razón.

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