La última misión del enigmático “Extraño de pelo largo”

Juan B. Carabajal (h) fue ferroviario, carnicero y conductor. Hablaba poco y caminaba mucho. De padre y marido pasó a ser místico y errante.

UN HOMBRE SIN ATADURAS. Juan Bernardo Carabajal afirmaba que tenía que cumplir diferentes misiones y por esa razón caminaba sin parar por las rutas de todo el país. LA GACETA / Fotos gentileza de la familia Carabajal UN HOMBRE SIN ATADURAS. Juan Bernardo Carabajal afirmaba que tenía que cumplir diferentes misiones y por esa razón caminaba sin parar por las rutas de todo el país. LA GACETA / Fotos gentileza de la familia Carabajal
“Dicen que un vagabundo/ no puede subsistir/ por eso creen que voy a morir./ Dicen que andando solo/ mi mente enfermaré,/ no saben que jamás puedo morir…”, escribió Litto Nebbia en la primera parte de “El Vagabundo”, uno de los éxitos emblemáticos de 1967, del conjunto rockero “Los Gatos”. El tema musical del cantautor rosarino grafica con elocuencia y nitidez el mito de los personajes errantes de las grandes urbes.

Juan Bernardo Carabajal (h), más conocido como “El extraño de pelo largo” -entre otros apodos que le endilgaron: “Jesús”, “El Caminante”, “D2”, “Interpol”, “El hombre misterioso” o “Brigada”- si bien es cierto falleció recientemente en un accidente de tránsito, en Salta, su existencia era un misterio que en esta nota tratamos de develar. No obstante, permanecerá en la memoria de los tucumanos porque ya ingresó a la enciclopédica galería de personajes callejeros de esta provincia.

Libre, como los pájaros

“Juan era un hombre libre. Como los pájaros. Por eso nació y murió en libertad. Iba a cumplir 66 años, el próximo 11 de septiembre” afirmó su hermano Miguel Carabajal, de 55 años, que está radicado en Alderetes, y fue quien lo llevó a vivir a su casa los últimos seis meses de su existencia.

“Mi hermano -añadió- era una buena persona. Además, que nosotros sepamos, nunca trabajó para ningún servicio de inteligencia, policía provincial, federal o internacional, ni nada por el estilo. Él tenía problemas mentales. Era diferente a nosotros. En 1976-1977 abandonó a su familia -esposa y dos hijas- porque afirmaba ser como Jesús. El no pertenecía a este mundo, pregonaba. Porque era un rey, un hombre sin ataduras, un salvador, según su parecer. Por eso vino a este mundo a cumplir una misión. Un tiempo vivió en las calles. Hasta que regresó al hogar de mis padres, en la tercera cuadra de Bartolomé Mitre, del barrio “La Milagrosa”, en ciudad Banda del Río Salí. Allí vivió 27 con nuestros padres. Pero después de fallecer papá, en 2002, y 11 años después mamá, en 2013, se abandonó totalmente. Así y todo logramos sacarlo adelante”.

Destino fatal

A los 18 años, de acuerdo al relato de uno de sus amigos, Carabajal (h), fue atropellado por una moto. “El percance, que ocurrió en Raúl Colombres y avenida Juan B. Justo, fue impresionante. A tal punto que lo dieron por muerto. Un fuerte golpe en la cabeza lo dejó inconsciente, me contó su amigo Lito Miera. Un par de años después, Juan volcó en una estanciera IKA. En esa ocasión murió uno de los tres ocupantes. Pero él salió ileso”, detalló su hermano menor.

Hace 40 días “Interpol” le comunicó a Miguel que se marchaba a Salta, por tres días. Regresó a la semana y se sinceró: sólo había llegado hasta Los Nogales. “Cuando él se proponía algo nadie lograba hacerlo cambiar de parecer. Aunque siempre volvía. Hasta que, entre el 8 y 12 de julio se marchó a Salta. “Le di unos pesos para el viaje. Pero él no era de pedir plata. Nunca pensé que iba a ser su último viaje o misión”, destacó.

El penúltimo viernes de julio, regresaba de Salta a San Miguel de Tucumán. A las 19.30, “Jesús” fue arrollado por un micro de larga distancia (verde y blanco, semicama) de la empresa “Nica Turismo”, de Garnica, provincia de Buenos Aires. Falleció en la madrugada del sábado 25 de julio último, en el Hospital San Bernardo, en la capital salteña, debido a politraumatismos graves y traumas de cráneo, tórax y abdomen. Sus restos descansan junto a los de sus padres, en El Cementerio del Ángel, Alderetes, donde fue sepultado el último jueves de julio pasado.

El menor de los Carabajal, explicó que al ir a retirar sus pertenencias “encontré un cartoncito en el cual había anotado: lunes 20, Jujuy; martes 21, Güemes; miércoles 22, Salta; jueves 23, Salta y viernes 24, no alcanzó a escribir nada”.

Observador

“El viento del camino/ mi rostro besará,/ la noche y la luna/ mis amigas serán./ El sol de la mañana/ mil fuerzas me dará/ para vivir y resistir…”, reza el estribillo de “El Vagabundo”

El enigmático caminante pasaba horas observando a quienes transitaban por 25 de Mayo, en la zona de plaza Independencia. Quizás por esa manera de mirar muchos lo sindicaban de policía encubierto o agente de los servicios.

De normal a misterioso

“Juan hasta antes del gobierno militar de 1976 era una persona común y corriente. Vivía con su ex esposa -que era de Yerba Buena- y sus hijas, que hoy tienen entre 35 y 40 años de edad, respectivamente. Ambas, con sus esposos, sus hijos y mi cuñada, residen en Buenos Aires. No obstante, las chicas vinieron un par de veces a visitarlo. El siempre hablaba muy bien de su mujer. Ellas saben de su muerte pero no vinieron porque nuestras familias se distanciaron”, explicó el hermano más chico de “D2”.

“El hombre misterioso” -hasta fines de la década del 60, con su hermano Alberto- rentó un puesto de carnicería en el Mercado del Norte. En los 70 fue chofer de los diputados Dante Fernández y Antonio Felipe Urueña, de extracción gremial. También frecuentaba al senador Dardo Molina, que fue presidente del Senado tucumano y vicegobernador de la provincia. “Los políticos de esos años lo conocían mucho. El era peronista. Decía que el general Perón fue el mejor político de la historia. Otro con el cual colaboró un tiempo fue el fotógrafo de LA GACETA, Antonio Font. Y en su juventud fue empleado de los talleres de Tafí Viejo. Cada vez que recordaba a la planta ferroviaria decía que le daba pena ver cómo robaban en ella”, subrayó otro de sus familiares.

Un cambio radical

“Después del 77 no conversó más de política. Se volvió solitario, taciturno y místico. Cambió radicalmente su personalidad. Al principio hasta era agresivo. Se mostraba paranoico y siempre decía que estaba en este mundo para cumplir una misión. Cada vez que salía y se perdía varios días insistía que fue a cumplir una misión. Pero nunca especificó qué tipo de misión”, se explayó Miguel.

Durante la época de la dictadura, comentó otro de sus parientes, como temía ser secuestrado se escondía por las noches en la zona de El Cadillal. “A veces pasaba una semana sin retornar al hogar. El tenía 27 años y mi padre quería internarlo en un hospital de salud mental. Menos mal que logramos convencerlo para que desistiera hacerlo. Aunque era imposible mantenerlo en casa. Se iba uno, dos o tres días y retornaba. Además, con el único que conversaba y se llevaba bien era conmigo. Mis hermanos y mis padres le temían. Pero con el paso de los años fue serenándose”, especificó el cuarto varón de los Carabajal.

Siete hermanos

“Mi hermano tenía el mismo nombre de mi padre: Juan Bernardo. Era el segundo de los varones. Papá fue empleado municipal y sindicalista. Trabajó en el parque 9 de Julio. En el ‘76, el gobierno militar lo dejó en la calle. Entonces puso un vivero en nuestra casa. Falleció hace doce años. Nosotros somos siete hermanos -tres mujeres y cuatro varones. El mayor de todos es Juan Vitalino, que es hijo de mi padre con otra mujer. Durante mucho tiempo fue productor del programa musical “Elegidos” cuando lo conducía Pablo Campos. Pero el único que se ocupó de las plantas al morir mi padre, fue Juan Bernardo (h)”, explicó su hermano menor.

Meditaciones y oraciones

El día a día del enigmático extraño de pelo largo se iniciaba entre las cinco y seis de la mañana. “Hacia fuego con cajones de madera. Hervía agua en un tarro y hacía mate cocido. No quería saber nada de utilizar la pava o la cocina de casa. Luego dedicaba una o dos horas a orar y a meditar. Después salía a caminar. Recorría entre 20 y 30 kilómetros diarios. Volvía al atardecer o apenas llegada la noche. Y cada tres años viajaba a Buenos Aires. Lo hacía a dedo, caminando o en tren. Siempre, para cumplir misiones”, contó su hermano menor.

Tres décadas caminando

“El Caminante” Carabajal deambuló más de 30 años. No sólo por las calles y rutas tucumanas sino también del país. Su familia no sabe precisar con certeza cómo cambió su estado mental. “Pocos podían comprenderlo. Me aconsejaba que siempre diga y defienda la verdad. Porque la verdad siempre nos salva. Muy pocos se animaban a hablarlo. Tenía una mirada fuerte pero serena. Cuando dialogábamos no me sacaba los ojos de encima. Según uno de sus amigos, él cambió cuando fue secuestrado por fuerzas parapoliciales. Al parecer lo golpearon y torturan bastante”, comentó Miguel.

El sábado pasado, a las 19.30, sus familiares le oficiaron una misa en la parroquia de San Roque. También quieren construir una gruta en Cabeza de Buey, Salta, donde sufrió el fatal percance de tránsito.

“Vagando por la calle/ mirando la gente pasar/ (la gente pasar)/ el extraño de pelo largo/ sin preocupaciones va. Hay fuego en su mirada/ y un poco de insatisfacción...”, describe la canción del “Extraño del pelo largo”, que Roque Narvaja compuso para la “Joven Guardia” y que también identifica al personaje de esta historia, que permanecerá por años en el recuerdo de muchos tucumanos.

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