A dos puntas

El vicegobernador pulsea con Miranda y con Alperovich

27 Enero 2004
Fernando Juri amagó con lanzar un portazo en el Partido Justicialista e incluso tomó envión en la idea de renunciar a la vicepresidencia peronista luego de que Julio Miranda estuvo con José Alperovich, en un encuentro que fue más que una foto. Prefirió distanciarse sin romper, con una licencia en el cargo por 180 días. A la vuelta quiere que se delinee todo, definitivamente. Quiere saber con precisión si el PJ queda en las manos del ex gobernador o de las suyas. El tercero está excluido. La solidaridad de Alperovich con Juri, a partir de la amplia difusión que el mandatario les dio a los panfletos anónimos contra su segundo en el orden de mando, fue entendida como el abrazo del oso en la Legislatura. El fastidio inicial mutó en sospecha luego, y cada vez hay más referentes del oficialismo parlamentario que deslizan que para conocer el origen de los libelos hay que mirar y preguntar en la Casa de Gobierno.
Cuando se piden precisiones, sólo señalan que la famosa D2 (Dirección de Investigaciones de la Policía Provincial) depende del Poder Ejecutivo, no de ellos. En la nota remitida a Miranda, Juri afirma que la licencia es para dedicarse a las tareas institucionales en la Legislatura. En términos políticos, destinará estos seis meses para armar una carpa que dé cobijo a todos los desilusionados por el actual senador nacional y desprotegidos por el hoy gobernador, y cavará una trinchera para que sobre ella no pueda pasar ningún proyecto de ley que afecte a grupos sensibles de su base, como gremios estatales, municipios o comunas, entre muchos otros factores de presión.
La idea jurista es contrarrestar la multiplicidad de apariciones públicas de Alperovich por todos los medios con la ratificación de la identidad peronista y de preservación de las líneas históricas de acción partidarias (incluyendo la defensa de cuotas de privilegio político) dentro de la Legislatura. El mandatario asienta su poder en el contacto directo con la gente, seducida con su imagen al punto de pedirle autógrafos, como ocurrió recientemente en Tafí Viejo. El vice, en cambio, busca fortalecer su entorno con la crema y nata del justicialismo y, desde allí, proyectarse como el real conductor del PJ.

Alianzas vigentes
En la Legislatura se asientan las alianzas cruzadas entre oficialistas y opositores, que podrían fructificar en la anulación de los aumentos impositivos (la posibilidad genera pavor en el PE) y la modificación de la ley de ratificación de los irritantes decretos de necesidad y urgencia, para volver al viejo sistema de aprobación expresa para la plena vigencia. Así el PJ ganará un arma: el silencio ya no le jugará en contra, como hasta ahora.
También están en discusión los cambios en el sistema político provincial, que van más allá de la desnaturalizada Ley de Lemas. La reforma constitucional volverá al recinto cuando se debatan las condiciones para ser convencional, un regalo del anterior gobierno. No existió olvido alguno por parte de los legisladores que sancionaron la reforma, ya que este tema es indispensable para la convocatoria, sino una forma de presionar al PE y obligarlo a negociar.
Febrero y marzo serán meses clave para determinar la doble pulseada de Juri. Con la izquierda le pelea a Alperovich y sus recorridos por los barrios; y con la derecha, a Miranda y sus reuniones en hoteles. Lo peor que le puede pasar no es que pierda con los dos, sino que ninguna de las contiendas se decida durante el tiempo de su licencia. Que cada uno de los tres mantenga su actual cuota de poder y todo siga como hasta ahora lo asfixiará y desgastará políticamente, y no le dará espacio ni para crecer ni para replegarse.

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