- ¿Qué haces con un tipo que mide tan bien? -dijo en voz alta mostrando la copia de una encuesta.
Sus interlocutores callaron. Kirchner se respondió a sí mismo:
- Candidato, lo hacés candidato tuyo. Es la única que te queda.
El párrafo es parte del libro “Scioli secreto”, de Pablo Ibáñez y de Walter Schmidt. Hace referencia a una anécdota de 2007, cuando Néstor Kirchner decidió postular a Scioli para la gobernación de Buenos Aires, apoyándose en encuestas que posicionaban al ex motonauta como un dirigente con proyección. Datos que incomodaban al patagónico, según el texto. No quería un competidor. El ex presidente, como todo peronista, se mostraba pragmático a la hora de usar un sistema para elegir postulantes.
Pese a la desconfianza que le tenía, convirtió al hoy candidato a presidente por el Frente para la Victoria en el dirigente bonaerense que más votos le arrimaría a su esposa, Cristina Fernández, en los comicios presidenciales de ese año, incluso la llegaría a superar en sufragios. Claro, en ese entonces, le colocó una sombra como segundo: Alberto Balestrini. En 2011 ocurriría algo similar: le adosaron a Mariotto -vos nos acompañaste, sé de tu lealtad, pero yo quiero que tu vice sea Mariotto, le habría dijo a Scioli la jefa de Estado según la citada publicación-; y este año se repitió la conducta: como vice, el kirchnerismo residual le instala a Zannini como dos. Un comisario “K”.
La desconfianza de los pingüinos sobre Scioli se visualiza con cada maniobra, pero la venia a su candidatura presidencial también responde a las encuestas: medía mejor que Randazzo. Debía ser el elegido, como en 2007, aún tapándose las narices. Total, hasta ahora fue leal y podría seguir siéndolo. Sin embargo, pese al giro discursivo del kirchnerismo duro, el bonaerense no termina de convencerlos, algunos hacen malabares dialécticos para justificar que Scioli -el candidato de las “corpos” y de Clarín- sea el representante genuino del modelo K. Que haya sido elegido habla de la confianza que despierta Daniel, dijo Karina Rabolini en su paso reciente por LA GACETA. A su manera, también trata de instalar una idea que no se percibe como tal. Es una sociedad por conveniencia. El peronismo que mira de reojo lo sabe, y ya hace cálculos sobre cuándo se va a romper el matrimonio. Fecha promedio: 2017.
En Tucumán, ¿Alperovich eligió a Manzur por encuestas, por desconfianza o por no ser un político tradicional? José empezó a pensar en Manzur cuando era vicegobernador porque tenía formación peronista, señaló un ex legislador y actual colaborador manzurista. Atendiendo a la poca simpatía que el mandatario tiene por los políticos de raza, es más seguro que lo convenciera el perfil técnico que irradiaba el médico. Un técnico, supuestamente, no le daría los dolores de cabeza que le dan los que hacen política; es decir aquellos que viven para acrecentar su influencia territorial a costa de aprovechar para sus grupos las estructuras del Estado. Alperovich siempre creyó que la gestión -entendida como un apuntalamiento de la obra pública- era la base de los buenos resultados electorales. Razón no le faltó a la luz de los números de las primeras elecciones.
Por eso repite una frase que popularizó: “trabajar fuerte”. O sea, en la Casa de Gobierno nadie fue bendecido para hacer política, sino para gestionar según el concepto alperovichista. Si alguien quiere trabajar como ministro de Economía, no tiene que estar metido en política, recomendó en su momento Jorge Jiménez, en sintonía con el pensamiento alperovichista. Los que de su gabinete fueron candidatos a alguna banca lo fueron porqué él los eligió, como premio a la lealtad, o bien para ser testimoniales. Manzur, Mansilla, Mirkin, Jaldo aparecieron en boletas porque el gobernador lo dispuso; y aceptaron cual soldados de la causa. Incluso hoy, siguiendo esa línea, armó acoples pidiendo a tal o cual dirigente que se sume a tal o cual otro en alguna nómina. Integrar a políticos con gestores a la usanza alperovichista no generan conflictos; políticos con políticos, sí. Por eso hubo cortocircuitos entre los propios candidatos en algunas sociedades que armó.
El propio Alperovich llegó a decir que en la boleta oficial del Frente para la Victoria puso a algunos que no tenían trabajo territorial. O sea, no estaban los políticos tradicionales. Premió la lealtad de los colaboradores por gestionar. Léase: estar a su lado abandonando cualquier pretensión por abrirse camino político sin su venia. Hizo un esfuerzo ponderable por no dejar heridos que puedan irse al bando contrario. Pero, siempre hay disconformes con las construcciones finales, y los que quedan afuera suelen buscar otros rumbos; como el peronista Amaya, que no pudo ser “el Manzur” de Alperovich y debió asociarse al radical Cano. El intendente capitalino y sus escuderos tenían un perfil demasiado político para el gusto del titular del Poder Ejecutivo. No era tan confiable por eso, como sí Manzur.
En fin, aprovechó “acoplemanía” inducida por el oficialismo como esquema electoral para mantenerse en el poder. Hasta ahora con éxito. Siempre presenta más partidos acoplados el candidato a gobernador del Frente para la Victoria. Para la del 23 de agosto, cuenta con 52 acoples, contra unos 30 del Acuerdo para el Bicentenario, que impulsa a la dupla Cano-Amaya. Sin embargo, el régimen viene mostrando contraindicaciones, como la de atentar contra la vida de los partidos políticos. Cada vez son más y más los candidatos. Una oferta abrumadora. ¿Democracia plena? En los papeles sí.
Veamos un dato que puede hacer dudar de la efectividad institucional de los regímenes electorales que tuvieron vida en Tucumán desde los 90. Con los sublemas, después de cuatro elecciones (91, 95, 99 y 2003) llegó a haber una oferta de 60.000 candidatos. ¿Calidad institucional? Y los cargos ejecutivos y legislativos a repartirse son 347 (gobernador y vice, 49 legisladores, 19 intendentes, 184 concejales y 93 comisionados rurales). Ahora, después de dos comicios -con el sistema constitucional de acople-, para esta tercera oportunidad se inscribieron más de 25.000 interesados en ocupar un cargo político, entre más de 1.200 acoples. Un poco mucho. Cuando LA GACETA le consultó a los candidatos a gobernador para agosto qué pensaban del sistema electoral de acople, todos, excepto uno -Manzur-, sostuvo que había que reformarlo.
Alperovich es mi jefe. A mí me enseñaron así. Me formé en un partido que tiene un jefe, conducción, liderazgo. Es lo que afirmó el vicegobernador cuando regresó en febrero a la provincia, dejando atrás el Ministerio de Salud de la Nación. Después de aquella frase Alperovich lo postuló por la lealtad que le profesa -hasta ahora- y porque impuso su perfil técnico en su gestión más que ambiciones políticas. Lo eligió porque fue el que más trascendencia alcanzó, y el que llegó más lejos desde el alperovichismo; recordemos que Cristina fue la que lo eligió para que sea su ministro de Salud Pública, apunta una voz del riñón alperovichista. Cabe preguntar si ¿Alperovich se apuró en elegirlo porque quería que sea “su” candidato y no el de Cristina? Lo hacés tu candidato, supo decir Kirchner; como vimos.
Pero, cuidado, Juan tiene un proyecto político; sostienen algunos desde el manzurismo incipiente. ¿El mismo de Scioli; aguantar el “liderazgo” del jefa hasta el 2017? Jaldo, seguro, no es el “Zannini” de Alperovich. Seguro que tampoco fue elegido por las encuestas, ya que la causa judicial en su contra tiró mucho para abajo, más allá del sobreseimiento. Los antecedentes en este caso son reveladores. Desde el propio palacio gubernamental se comentó que hace meses atrás algunos precandidatos a intendentes sumaban más en intención de voto que el propio Manzur en algunas ciudades. Tenía mala imagen, reconocían. Se dio vuelta, dicen hoy, en alusión a los números que les mostró Hugo Haime, el encuestador preferido de Alperovich. Aunque no saben explicar por qué hubo ese giro inesperado en las preferencias. Pero si hay una posible y tiene que ver con la orden que bajó el gobernador a su tropa: todos tienen que trabajar, tanto para él como para el vicegobernador. Es decir, poner la estructura político-institucional en funcionamiento. Todos se pusieron a laburar (sic) por orden de José, comenta un funcionario del Ejecutivo. Trabajar para las PASO del 9 y para los comicios provinciales del 23 de agosto. “No hay 23 sin el 9”, fue la advertencia con la que Alperovich asustó a sus huestes. Una forma de decirles que tienen que jugarse en ambas elecciones, y que deben poner todos los recursos posibles en las dos votaciones. Nada de mezquinar, porque el que no se juegue en las primarias abiertas por el jefe, no las tendrá todas consigo dos semanas después. A la primera la toma como un plebiscito a su gestión, pero quiere ganarla, íntimamente, para derrotar ampliamente al frente opositor Cambiemos.
De todas formas es una primaria, cuyo resultado, a los fines prácticos, tiene más de simbolismo político; porque la verdadera elección para definir el futuro político de Alperovich será la del 25 de octubre, cuando se elijan los representantes tucumanos al Congreso. Debería preocuparse más por esa fecha, porque los “suyos”, todos aquellos a los que ubicó en las listas y a los que solventó para que acopiasen votos, ya estarán instalados en los cargos ejecutivos y legislativos; y posiblemente quieran despreocuparse por su suerte.
El síndrome Miranda debería inquietarlo. En 2003, después que Alperovich accedió a la gobernación, su antecesor tuvo que ir a elecciones nacionales e ingresó al Senado por la minoría; saliendo segundo detrás de Fuerza Republicana. Hubo retaceos y cortes de boletas. La “leyenda” sobre el suceso político dice que “los muchachos se la guardaron”. Es decir, no usaron todos los recursos que se les repartieron para jugarse por el ex mandatario justicialista. Se cobraron viejas deudas y recuperaron inversiones, se supo decir. El antecedente debería generarle un poco de inquietud al mandatario, no sólo porque el peligro existe, sino porque de suceder implicaría ingresar a nuevo mandato con cierta debilidad política. A Miranda, por ejemplo, lo borraron del trípode del poder a los pocos meses de la nueva gestión. Alperovich lo hizo. ¿Qué hará Manzur? Por de pronto, si gana; asumir seis días después de las nacionales, con los resultados nacionales -y mensajes- puestos.
Sus interlocutores callaron. Kirchner se respondió a sí mismo:
- Candidato, lo hacés candidato tuyo. Es la única que te queda.
El párrafo es parte del libro “Scioli secreto”, de Pablo Ibáñez y de Walter Schmidt. Hace referencia a una anécdota de 2007, cuando Néstor Kirchner decidió postular a Scioli para la gobernación de Buenos Aires, apoyándose en encuestas que posicionaban al ex motonauta como un dirigente con proyección. Datos que incomodaban al patagónico, según el texto. No quería un competidor. El ex presidente, como todo peronista, se mostraba pragmático a la hora de usar un sistema para elegir postulantes.
Pese a la desconfianza que le tenía, convirtió al hoy candidato a presidente por el Frente para la Victoria en el dirigente bonaerense que más votos le arrimaría a su esposa, Cristina Fernández, en los comicios presidenciales de ese año, incluso la llegaría a superar en sufragios. Claro, en ese entonces, le colocó una sombra como segundo: Alberto Balestrini. En 2011 ocurriría algo similar: le adosaron a Mariotto -vos nos acompañaste, sé de tu lealtad, pero yo quiero que tu vice sea Mariotto, le habría dijo a Scioli la jefa de Estado según la citada publicación-; y este año se repitió la conducta: como vice, el kirchnerismo residual le instala a Zannini como dos. Un comisario “K”.
La desconfianza de los pingüinos sobre Scioli se visualiza con cada maniobra, pero la venia a su candidatura presidencial también responde a las encuestas: medía mejor que Randazzo. Debía ser el elegido, como en 2007, aún tapándose las narices. Total, hasta ahora fue leal y podría seguir siéndolo. Sin embargo, pese al giro discursivo del kirchnerismo duro, el bonaerense no termina de convencerlos, algunos hacen malabares dialécticos para justificar que Scioli -el candidato de las “corpos” y de Clarín- sea el representante genuino del modelo K. Que haya sido elegido habla de la confianza que despierta Daniel, dijo Karina Rabolini en su paso reciente por LA GACETA. A su manera, también trata de instalar una idea que no se percibe como tal. Es una sociedad por conveniencia. El peronismo que mira de reojo lo sabe, y ya hace cálculos sobre cuándo se va a romper el matrimonio. Fecha promedio: 2017.
En Tucumán, ¿Alperovich eligió a Manzur por encuestas, por desconfianza o por no ser un político tradicional? José empezó a pensar en Manzur cuando era vicegobernador porque tenía formación peronista, señaló un ex legislador y actual colaborador manzurista. Atendiendo a la poca simpatía que el mandatario tiene por los políticos de raza, es más seguro que lo convenciera el perfil técnico que irradiaba el médico. Un técnico, supuestamente, no le daría los dolores de cabeza que le dan los que hacen política; es decir aquellos que viven para acrecentar su influencia territorial a costa de aprovechar para sus grupos las estructuras del Estado. Alperovich siempre creyó que la gestión -entendida como un apuntalamiento de la obra pública- era la base de los buenos resultados electorales. Razón no le faltó a la luz de los números de las primeras elecciones.
Por eso repite una frase que popularizó: “trabajar fuerte”. O sea, en la Casa de Gobierno nadie fue bendecido para hacer política, sino para gestionar según el concepto alperovichista. Si alguien quiere trabajar como ministro de Economía, no tiene que estar metido en política, recomendó en su momento Jorge Jiménez, en sintonía con el pensamiento alperovichista. Los que de su gabinete fueron candidatos a alguna banca lo fueron porqué él los eligió, como premio a la lealtad, o bien para ser testimoniales. Manzur, Mansilla, Mirkin, Jaldo aparecieron en boletas porque el gobernador lo dispuso; y aceptaron cual soldados de la causa. Incluso hoy, siguiendo esa línea, armó acoples pidiendo a tal o cual dirigente que se sume a tal o cual otro en alguna nómina. Integrar a políticos con gestores a la usanza alperovichista no generan conflictos; políticos con políticos, sí. Por eso hubo cortocircuitos entre los propios candidatos en algunas sociedades que armó.
El propio Alperovich llegó a decir que en la boleta oficial del Frente para la Victoria puso a algunos que no tenían trabajo territorial. O sea, no estaban los políticos tradicionales. Premió la lealtad de los colaboradores por gestionar. Léase: estar a su lado abandonando cualquier pretensión por abrirse camino político sin su venia. Hizo un esfuerzo ponderable por no dejar heridos que puedan irse al bando contrario. Pero, siempre hay disconformes con las construcciones finales, y los que quedan afuera suelen buscar otros rumbos; como el peronista Amaya, que no pudo ser “el Manzur” de Alperovich y debió asociarse al radical Cano. El intendente capitalino y sus escuderos tenían un perfil demasiado político para el gusto del titular del Poder Ejecutivo. No era tan confiable por eso, como sí Manzur.
En fin, aprovechó “acoplemanía” inducida por el oficialismo como esquema electoral para mantenerse en el poder. Hasta ahora con éxito. Siempre presenta más partidos acoplados el candidato a gobernador del Frente para la Victoria. Para la del 23 de agosto, cuenta con 52 acoples, contra unos 30 del Acuerdo para el Bicentenario, que impulsa a la dupla Cano-Amaya. Sin embargo, el régimen viene mostrando contraindicaciones, como la de atentar contra la vida de los partidos políticos. Cada vez son más y más los candidatos. Una oferta abrumadora. ¿Democracia plena? En los papeles sí.
Veamos un dato que puede hacer dudar de la efectividad institucional de los regímenes electorales que tuvieron vida en Tucumán desde los 90. Con los sublemas, después de cuatro elecciones (91, 95, 99 y 2003) llegó a haber una oferta de 60.000 candidatos. ¿Calidad institucional? Y los cargos ejecutivos y legislativos a repartirse son 347 (gobernador y vice, 49 legisladores, 19 intendentes, 184 concejales y 93 comisionados rurales). Ahora, después de dos comicios -con el sistema constitucional de acople-, para esta tercera oportunidad se inscribieron más de 25.000 interesados en ocupar un cargo político, entre más de 1.200 acoples. Un poco mucho. Cuando LA GACETA le consultó a los candidatos a gobernador para agosto qué pensaban del sistema electoral de acople, todos, excepto uno -Manzur-, sostuvo que había que reformarlo.
Alperovich es mi jefe. A mí me enseñaron así. Me formé en un partido que tiene un jefe, conducción, liderazgo. Es lo que afirmó el vicegobernador cuando regresó en febrero a la provincia, dejando atrás el Ministerio de Salud de la Nación. Después de aquella frase Alperovich lo postuló por la lealtad que le profesa -hasta ahora- y porque impuso su perfil técnico en su gestión más que ambiciones políticas. Lo eligió porque fue el que más trascendencia alcanzó, y el que llegó más lejos desde el alperovichismo; recordemos que Cristina fue la que lo eligió para que sea su ministro de Salud Pública, apunta una voz del riñón alperovichista. Cabe preguntar si ¿Alperovich se apuró en elegirlo porque quería que sea “su” candidato y no el de Cristina? Lo hacés tu candidato, supo decir Kirchner; como vimos.
Pero, cuidado, Juan tiene un proyecto político; sostienen algunos desde el manzurismo incipiente. ¿El mismo de Scioli; aguantar el “liderazgo” del jefa hasta el 2017? Jaldo, seguro, no es el “Zannini” de Alperovich. Seguro que tampoco fue elegido por las encuestas, ya que la causa judicial en su contra tiró mucho para abajo, más allá del sobreseimiento. Los antecedentes en este caso son reveladores. Desde el propio palacio gubernamental se comentó que hace meses atrás algunos precandidatos a intendentes sumaban más en intención de voto que el propio Manzur en algunas ciudades. Tenía mala imagen, reconocían. Se dio vuelta, dicen hoy, en alusión a los números que les mostró Hugo Haime, el encuestador preferido de Alperovich. Aunque no saben explicar por qué hubo ese giro inesperado en las preferencias. Pero si hay una posible y tiene que ver con la orden que bajó el gobernador a su tropa: todos tienen que trabajar, tanto para él como para el vicegobernador. Es decir, poner la estructura político-institucional en funcionamiento. Todos se pusieron a laburar (sic) por orden de José, comenta un funcionario del Ejecutivo. Trabajar para las PASO del 9 y para los comicios provinciales del 23 de agosto. “No hay 23 sin el 9”, fue la advertencia con la que Alperovich asustó a sus huestes. Una forma de decirles que tienen que jugarse en ambas elecciones, y que deben poner todos los recursos posibles en las dos votaciones. Nada de mezquinar, porque el que no se juegue en las primarias abiertas por el jefe, no las tendrá todas consigo dos semanas después. A la primera la toma como un plebiscito a su gestión, pero quiere ganarla, íntimamente, para derrotar ampliamente al frente opositor Cambiemos.
De todas formas es una primaria, cuyo resultado, a los fines prácticos, tiene más de simbolismo político; porque la verdadera elección para definir el futuro político de Alperovich será la del 25 de octubre, cuando se elijan los representantes tucumanos al Congreso. Debería preocuparse más por esa fecha, porque los “suyos”, todos aquellos a los que ubicó en las listas y a los que solventó para que acopiasen votos, ya estarán instalados en los cargos ejecutivos y legislativos; y posiblemente quieran despreocuparse por su suerte.
El síndrome Miranda debería inquietarlo. En 2003, después que Alperovich accedió a la gobernación, su antecesor tuvo que ir a elecciones nacionales e ingresó al Senado por la minoría; saliendo segundo detrás de Fuerza Republicana. Hubo retaceos y cortes de boletas. La “leyenda” sobre el suceso político dice que “los muchachos se la guardaron”. Es decir, no usaron todos los recursos que se les repartieron para jugarse por el ex mandatario justicialista. Se cobraron viejas deudas y recuperaron inversiones, se supo decir. El antecedente debería generarle un poco de inquietud al mandatario, no sólo porque el peligro existe, sino porque de suceder implicaría ingresar a nuevo mandato con cierta debilidad política. A Miranda, por ejemplo, lo borraron del trípode del poder a los pocos meses de la nueva gestión. Alperovich lo hizo. ¿Qué hará Manzur? Por de pronto, si gana; asumir seis días después de las nacionales, con los resultados nacionales -y mensajes- puestos.
Lo más popular








