¿Cuál Alperovich? El que antes de asumir despotricó contra la vieja política. El que el día que tomó el poder (29 de octubre) dijo que los gobernantes anteriores son los responsables de esta provincia derruida que hace tiempo dejó de ser un ejemplo a seguir en el país. O el del jueves que trató de mostrar que Julio Miranda y él son la misma cosa.
Durante años, la sociedad tuvo que aceptar que sus dirigentes tuvieran un discurso para el pueblo; otro, para la oposición y finalmente, el verdadero. Las cacerolas hicieron trizas esa demagogia barata y se llevaron puestos a varios dirigentes políticos un 21 de diciembre.
¿Cuál Alperovich? El que llegó propulsado por bolsones o el que reniega de ellos. El que pide respeto por las instituciones o el que avasalla contra ellas porque se siente poderoso. El que le gusta verse reflejado en cuanta inauguración o acto produce o el que se enoja y suelta espuma por la boca ante la crítica.
¿Cuál Alperovich? El político o el general; el gobernador que busca el consenso dentro de las reglas de juego que le impone la democracia o el empresario que mide todo sólo en función de que los números cierren.Todos y ninguno a la vez.
Las contradicciones que asoman en la gestión del nuevo mandatario provincial confunden a propios y extraños y él mismo queda mal parado, como ocurrió esta semana. El jueves borró en menos de una hora lo que tejió pacientemente en casi seis meses. O, en realidad, consolidó en una hora lo que no se vio durante medio año desde que fue electo gobernador el 29 junio.
Viento huracanado
Las cosas no venían dándose como el general quería y empezó a ponerse nervioso. La Legislatura no demostró la fidelidad esperada y en la sesión del miércoles le asestó una paliza. En el Poder Ejecutivo querían un nuevo y aumentado cuadro tarifario para el servicio del agua y buscaban la famosa ley para trasladar a los empleados públicos. Uno de los principales operadores fue el sempiterno mirandista José Alberto Cúneo Vergés, quien intentó que no hubiera quórum para sesionar. Pero ni la fama que le dio salir en la revista Caras ni su experiencia de haber sido el superministro de Miranda le alcanzaron para cumplir. Fracasó.
A este revés legislativo se suma el de la Dirección de Rentas que reconoció equivocaciones a la hora de efectuar los descuentos en las boletas que emite a los contribuyentes. A esta falta de seriedad se agregó el ombudsman, el ex secretario de Gobierno de Miranda, Luis Acosta, quien puso el dedo en la llaga al plantear una posible inconstitucionalidad a la suba de los impuestos.
Las contradicciones que asoman de algunos gestos del "general" empiezan a salir a la superficie en los hechos. Negó un aumento en el agua que en realidad sí se pidió en la Cámara. Es más: si se lo aprobaba a libro cerrado podría haberse incluido en la próxima facturación.
La mayor contradicción se produjo el jueves a las 8.30 de la mañana. Después de las piedras que empiezan a verse en la gestión, el "general" recurrió a su papá político, el mismo que lo hizo ministro, senador y le puso la banda de gobernador. A aquella hora el senador Miranda ingresó al despacho del gobernador.
No trascendió que haya habido reclamos mutuos. Cuando se abrió la puerta del despacho se habló de unidad y de total identidad de uno con el otro.
El "general" Alperovich venía trabajando para diferenciarse de su antecesor y avanzaba con una gestión que circulaba a 300 kilómetros por hora, y de pronto pisó el freno y puso marcha atrás.
¿Todo cambia para que nada cambie? Ese fue el mensaje que quedó en el Partido Justicialista y entre algunos independientes entusiasmados con el viraje que venía realizando el mandatario provincial.
Los primeros, obviamente, se lo recriminarán a Miranda y los segundos, sorprendidos, no deben estar dispuestos a darle un cheque en blanco a la gestión alperovichista. Más de un colaborador observó los riesgos de estas jugadas del gobernador, pero su ímpetu a veces no le permite escuchar ni siquiera a los "sijosesistas".
Pero, el "papá" no está en condiciones de darle soluciones al "general". Miranda tampoco está dando un mensaje claro hacia las huestes peronistas y puede terminar perdiendo algunas riendas en el Partido Justicialista.
En medio de estos vientos huracanados que preanuncian tormentas asoma como heredero del poder peronista el vicegobernador Fernando Juri. Por eso y para mantenerse prescindente, pidió licencia por 180 días en su cargo de vicepresidente del PJ. Juri, durante la última sesión, fue pasado por alto más de una vez, mientras Cúneo Vergés tenía abierto su celular con la Casa de Gobierno y con el Grand Hotel, donde estaba Miranda monitoreando que se cumplieran algunos pedidos de la Casa de Gobierno para sancionar algunas leyes.
La licencia de Juri en el PJ puso en jaque tanto a Miranda como a Alperovich. Es que si el actual senador llegara a dar un paso al costado en la conducción del PJ -como se sugirió días atrás-, al no estar Juri, su reemplazante natural sería nada menos que Carlos Cisneros, el archienemigo de Alperovich. Y esa sí sería una declaración de guerra.
En el Poder Legislativo las relaciones entre los peronistas tampoco pasan por su mejor momento. Varios esperan que el presidente del bloque, Raúl Hadla, vuelva de su reparador viaje para cobrarle algunas facturas. Alineado en el alperovichismo, el legislador peronista llegó a decir -como pudo haberlo dicho su nuevo líder antes del jueves- que en la anterior gestión muchos tomaron la Casa de Gobierno como un botín. A muchos peronistas no les cayó bien esta frase, pero en el mismo cuerpo legislativo hay nueve ex funcionarios mirandistas que están que braman y eso podría costarle la conducción del bloque.
En larga cola para pedirle explicaciones están los legisladores del PJ Daniel Heredia, Marta Zurita, Sergio Miranda, Oscar Godoy, Alberto Leal, Cúneo Vergés y Fernando Juri Debo. En la misma cola está el presidente de la Cámara, Juri, y el ex peronista Alejandro Sangenis.
Las preocupaciones
En medio de su laberinto, el "general" Alperovich tendrá que ordenar su discurso para seguir avanzando en su gestión sin que las piedras del camino lo obliguen a desviarse.
Esta semana que se despide varios "sijosesistas" llegaron a enumerar algunos de los obstáculos que se divisan.
El "general" aparece como un kirchnerista sin Kirchner y teme que el distanciamiento se agudice y que eso repercuta en su situación política dentro del PJ.
A su ambición reeleccionista y reformista se le encendieron algunos semáforos en amarillo. Desde Tribunales habrían salido algunos mensajes que advierten respecto de que no debe apresurarse, y mucho menos con la puesta en comisión de los jueces. En un despacho del último piso todavía está pendiente de resolución un planteo del ex legislador Julio Díaz Lozano. Si la Corte hace lugar a su requerimiento, podría caerse la ley que habilita la reforma. De ocurrir eso tendría que remar de nuevo para conseguir el objetivo en el mar adverso de la Legislatura, donde no se siente seguro del poder de Juri.
Enero amenaza terminar con tormentas. Con el PJ y la Cámara en tensión y con varias contradicciones a cuestas, encontrar la salida del laberinto no será fácil. Tal vez el "general" deba aprender que, en política, a veces se deben dar dos pasos para atrás a fin de poder avanzar uno.







