Alentar a los que cumplen

Las autoridades deben buscar la forma de que todos los ciudadanos cumplan con sus obligaciones

24 Enero 2004
Dentro de los rígidos códigos con que se manejaban los educadores de antaño, la máxima "la letra con sangre entra" trataba de destacar la importancia de imponer castigos ejemplares a quienes incurrían en errores para inducirlos a corregir el rumbo. La evolución de los métodos pedagógicos reveló la relativa eficacia del precepto, pero mantuvo en alto el concepto de premiar a quienes cumplen con las consignas y de someter a un tratamiento especial y diferente a quienes se apartan de las pautas establecidas.
La de cumplir con las obligaciones que impone la vida en comunidad es también una conducta que se aprende. Y dentro de estos deberes figura el de honrar el pago de los tributos y de los impuestos. Debe aceptarse, en primer lugar, que esta es la principal fuente de recursos para que el Estado pueda afrontar los gastos que le demanda cumplir con sus tareas específicas. Por lo tanto, no debería existir para el ciudadano consciente de sus obligaciones justificativo alguno para dejar de cumplir con esta obligación.
Es misión de los gobernantes dar un destino apropiado y hacer un uso eficiente de esos fondos. Si esto no ocurre existen los mecanismos de control y, en última instancia la Justicia, para intervenir y proceder con el mayor rigor si es que es que los elegidos para la tarea no la ejecutan dentro de lo que las leyes disponen. Pero no es una conducta democrática aceptable la de intentar una suerte de justicia por propia mano y sancionar a los gobernantes a través de la falta de pago de los tributos cuando se considera que estos no hacen un uso racional y apropiado de los recursos.
Lamentablemente, el nuestro no es un pueblo que se destaque por su celo a la hora de cumplir con este deber.
Es por eso que corresponde a las autoridades del área insistir sobre la importancia de mantener al día el pago de las contribuciones. Entonces, queda claro que deben diseñarse cuidadosamente las políticas para inducir a todos los ciudadanos a no incurrir en deudas. No resulta aceptable que se produzcan situaciones como las que vivieron los contribuyentes tucumanos que cumplieron con el pago anual de sus impuestos inmobiliario y automotor, con la quita del 15%, porque así estaban liquidadas las boletas que llegaron a sus domicilios, mientras que las que se entregaban en la sede de la Dirección General de Rentas contemplaban un descuento del 20 %. Tampoco parece saludable equiparar a través del llamado "bloqueo fiscal" a los contribuyentes que desde hace años están al día en el pago de sus impuestos con aquellos que registran importantes deudas, que quedarán en suspenso a partir del pago puntual de sus obligaciones de ahora en más. El mismo efecto conceptualmente pernicioso producen las moratorias y los blanqueos a los que periódicamente -y siempre "por última vez"- recurren las autoridades del área. Es en este caso en particular que corresponde premiar de alguna manera a quienes, con esfuerzo, honraron puntualmente sus compromisos. Muchos son los motivos que hoy desalientan a los contribuyentes a la hora de pagar los impuestos. Es innegable que los magros salarios de la mayoría de los tucumanos que lograron conservar sus empleos a lo largo de esta crisis les permiten apenas cubrir sus necesidades básicas. Es por eso que se impone, como una urgente tarea de gobierno, diseñar políticas racionales y oportunas para premiar al buen contribuyente y para alentar a los remisos a cumplir con sus obligaciones.

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