Equipo que gana no se toca. ¿Y el que pierde? Se cambia. La máxima futbolera se aplica a la política en general y en particular en las campañas electorales.
A 48 días de los comicios provinciales, en los comandos del oficialismo y de la oposición tomaron nota de las principales debilidades de sus respectivas duplas en pugna por la gobernación y arrancaron julio con modificaciones táctico-técnicas. Antes, evaluaron lo que estaba bien.
Por el lado del oficialismo, la voz de José Alperovich continúa teniendo fuerza e importancia y por ello sigue “bajando línea” en sus salidas diarias. En el mismo bando consideran que está claro qué puede dar Osvaldo Jaldo y cuál es su fuerte: las negociaciones con los dirigentes del interior y la fidelización de la tropa del Tucumán profundo que supo conquistar a pura obra y billetera.
Por el lado de la oposición, se balancea que José Cano debe mantener su figura galante que charla frente a frente con los vecinos de los cuatro puntos cardinales. Meses atrás, algunos de sus aliados le achacaban que le faltaba ese contacto. Ahora lo ajustó y en el búnker opositor están contentos con esa modificación. Además, paralelamente y preferentemente cuando el sol cae, el diputado nacional radical mantiene reuniones con dirigentes de una amplia paleta de colores partidarios y con empresarios.
Cambio de roles
Las clavijas para afinar la guitarra de campaña no fueron las mismas en los dos sectores en disputa. Por el lado del alperovichismo, los talentosos entre las cuerdas sugirieron al vicegobernador Juan Manzur que tome mayor protagonismo. El ex ministro de Salud de la Nación es un cultor del perfil bajo. Pero ahora le pidieron que aparezca más, dé la cara y dialogue con mayor fluidez con público y dirigentes. Como parte de esa estrategia, Alperovich comenzó a alejarse de a poquito del centro del escenario, con pasos cortos, como esos que se dan para alejarse de la cuna cuando el bebé acaba de dormirse. Por ello en este julio se observó a un Manzur más participativo, jugando al fútbol, abrazando niños y encabezando actos como el del centenario de la Caja Popular de Ahorros.
El vicegobernador, en privado, muestra otro perfil mucho más activo que el público. Desde hace meses se reúne con empresarios tucumanos de prácticamente todos los rubros para detallarles a uno por uno cuáles son sus planes, sus proyectos para cada área y cómo conseguirá el financiamiento para llevar adelante grandes obras de infraestructura.
En la trinchera opositora los ajustes correspondieron a Domingo Amaya. El mensaje que le dieron sus confidentes fue preciso y directo: “mostrate más fuerte”. Es lo que el intendente está haciendo. En la etapa preconfirmación de la unión con Cano, el jefe político de San Miguel de Tucumán se había mostrado dubitativo. Que estaba con un bando, que estaba con el otro, que el kirchnerismo tenía cosas buenas, que tenía otras malas... Por ello, sus colaboradores le pidieron que sea más sólido.
A tono con ello, en sus últimas apariciones públicas no titubeó a la hora de cuestionar a Alperovich, a Manzur y hasta a la administración nacional. Durante la inauguración de la remodelación de la peatonal de la cuadra de Mendoza al 600, el intendente fue tan duro que hasta acusó indirectamente al Gobierno provincial por la muerte de una joven del interior. Ante una docena de periodistas, afirmó que no había cómo atenderla en el hospital de Concepción y que llegó a la Capital con una infección de tal grado que terminó falleciendo. De corrido, añadió que la suciedad en los accesos de San Miguel de Tucumán no son culpa suya y que son Vialidad Nacional o la Provincia las encargadas de solucionar ese problema. Hasta criticó que lo hayan denunciado por haber intervenido, como intendente, en “embellecer” el camino al aeropuerto porque no era su jurisdicción. La crudeza de sus palabras dejaron atónitos a algunos de los presentes, poco acostumbrados a oír a un Amaya tan combativo.
Así está, por estos días, el cuarteto principal de contendientes de cara a los comicios provinciales. Dos de un lado, dos del otro y muchos detrás de ambas yuntas, peleando en todos los frentes por captar el voto electoral.
Los más viejos y experimentados dirigentes de los dos espacios políticos cafetean y observan la contienda coincidiendo en un diagnóstico: la lucha en estos comicios será milimétrica. De allí la virulencia de las palabras y de los actos. Y los virajes en las campañas.
En la semana que termina, los datos que comenzaron a hacer públicos oficialistas y opositores avalan la presunción de los más añosos. El que lanzó la primera piedra fue el concejal alperovichista Oscar Cano, quien sostuvo que todas las encuestas los dan ganadores en agosto, por entre 7 y 8 puntos. Rápidamente, sus pares lo retrucaron con cifras similares, pero a su favor. Hasta aquí, todos hablan de números, pero ninguno los muestra. Lo real es que la batalla continúa adelante y mostrando que la disputa ya no dejará a un equipo vencer por goleada.
A 48 días de los comicios provinciales, en los comandos del oficialismo y de la oposición tomaron nota de las principales debilidades de sus respectivas duplas en pugna por la gobernación y arrancaron julio con modificaciones táctico-técnicas. Antes, evaluaron lo que estaba bien.
Por el lado del oficialismo, la voz de José Alperovich continúa teniendo fuerza e importancia y por ello sigue “bajando línea” en sus salidas diarias. En el mismo bando consideran que está claro qué puede dar Osvaldo Jaldo y cuál es su fuerte: las negociaciones con los dirigentes del interior y la fidelización de la tropa del Tucumán profundo que supo conquistar a pura obra y billetera.
Por el lado de la oposición, se balancea que José Cano debe mantener su figura galante que charla frente a frente con los vecinos de los cuatro puntos cardinales. Meses atrás, algunos de sus aliados le achacaban que le faltaba ese contacto. Ahora lo ajustó y en el búnker opositor están contentos con esa modificación. Además, paralelamente y preferentemente cuando el sol cae, el diputado nacional radical mantiene reuniones con dirigentes de una amplia paleta de colores partidarios y con empresarios.
Cambio de roles
Las clavijas para afinar la guitarra de campaña no fueron las mismas en los dos sectores en disputa. Por el lado del alperovichismo, los talentosos entre las cuerdas sugirieron al vicegobernador Juan Manzur que tome mayor protagonismo. El ex ministro de Salud de la Nación es un cultor del perfil bajo. Pero ahora le pidieron que aparezca más, dé la cara y dialogue con mayor fluidez con público y dirigentes. Como parte de esa estrategia, Alperovich comenzó a alejarse de a poquito del centro del escenario, con pasos cortos, como esos que se dan para alejarse de la cuna cuando el bebé acaba de dormirse. Por ello en este julio se observó a un Manzur más participativo, jugando al fútbol, abrazando niños y encabezando actos como el del centenario de la Caja Popular de Ahorros.
El vicegobernador, en privado, muestra otro perfil mucho más activo que el público. Desde hace meses se reúne con empresarios tucumanos de prácticamente todos los rubros para detallarles a uno por uno cuáles son sus planes, sus proyectos para cada área y cómo conseguirá el financiamiento para llevar adelante grandes obras de infraestructura.
En la trinchera opositora los ajustes correspondieron a Domingo Amaya. El mensaje que le dieron sus confidentes fue preciso y directo: “mostrate más fuerte”. Es lo que el intendente está haciendo. En la etapa preconfirmación de la unión con Cano, el jefe político de San Miguel de Tucumán se había mostrado dubitativo. Que estaba con un bando, que estaba con el otro, que el kirchnerismo tenía cosas buenas, que tenía otras malas... Por ello, sus colaboradores le pidieron que sea más sólido.
A tono con ello, en sus últimas apariciones públicas no titubeó a la hora de cuestionar a Alperovich, a Manzur y hasta a la administración nacional. Durante la inauguración de la remodelación de la peatonal de la cuadra de Mendoza al 600, el intendente fue tan duro que hasta acusó indirectamente al Gobierno provincial por la muerte de una joven del interior. Ante una docena de periodistas, afirmó que no había cómo atenderla en el hospital de Concepción y que llegó a la Capital con una infección de tal grado que terminó falleciendo. De corrido, añadió que la suciedad en los accesos de San Miguel de Tucumán no son culpa suya y que son Vialidad Nacional o la Provincia las encargadas de solucionar ese problema. Hasta criticó que lo hayan denunciado por haber intervenido, como intendente, en “embellecer” el camino al aeropuerto porque no era su jurisdicción. La crudeza de sus palabras dejaron atónitos a algunos de los presentes, poco acostumbrados a oír a un Amaya tan combativo.
Así está, por estos días, el cuarteto principal de contendientes de cara a los comicios provinciales. Dos de un lado, dos del otro y muchos detrás de ambas yuntas, peleando en todos los frentes por captar el voto electoral.
Los más viejos y experimentados dirigentes de los dos espacios políticos cafetean y observan la contienda coincidiendo en un diagnóstico: la lucha en estos comicios será milimétrica. De allí la virulencia de las palabras y de los actos. Y los virajes en las campañas.
En la semana que termina, los datos que comenzaron a hacer públicos oficialistas y opositores avalan la presunción de los más añosos. El que lanzó la primera piedra fue el concejal alperovichista Oscar Cano, quien sostuvo que todas las encuestas los dan ganadores en agosto, por entre 7 y 8 puntos. Rápidamente, sus pares lo retrucaron con cifras similares, pero a su favor. Hasta aquí, todos hablan de números, pero ninguno los muestra. Lo real es que la batalla continúa adelante y mostrando que la disputa ya no dejará a un equipo vencer por goleada.
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