BUENOS AIRES.- No será necesario que la Justicia pruebe que hubo sobornos y sanción irregular en el Senado de la ley sobre reforma laboral, para que se la derogue y sustituya por la nueva norma que el Poder Ejecutivo remitirá próximamente a la Cámara y cuyo texto ya está en poder de Kirchner. Eso tan obvio no es tan importante políticamente como la orientación de la iniciativa redactada por la cartera de Trabajo y cuyo eje fundamental es cerrar la brecha que la ley sospechada había causado en el viejo régimen sindical de unicato, que preserva para el peronismo un poder gremial decisivo. Los dos puntos críticos son impedir que los sindicatos sin personería gremial puedan negociar convenios laborales, y mantener la ultraactividad de los mismos, cualquiera que sea su antigüedad, mientras no se suscriba otro. Como dijo el Presidente cuando rechazó todo intento de rebajar la quita de la deuda, minga con el propósito de modificar el modelo sindical de personería única por rama de actividad. Las dos CGT, cuñas del mismo palo partidario, están de acuerdo en que sea así, a pesar de sus diferencias de entrecasa.
Frustración
No ocurre lo mismo con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), cuyo líder Víctor Di Gennaro, quien frecuenta a Kirchner, confiaba vanamente en que "se abría un camino hacia la libertad sindical". Las organizaciones sin personería gremial, pero sí jurídica e inscriptas en el Ministerio de Trabajo, tienen esa capitis diminutio legal y operativa que favorece decisivamente a ambas CGT. Di Gennaro había observado en el Presidente hasta hace poco cierta predisposición a liberalizar el modelo cuestionado, reprobado repetidamente por la Organización Internacional del Trabajo y contradictorio de nuestra Constitución. Pero Kirchner enfrenta en el partido oficialista, que es el suyo, obstáculos diversos que lo obligan a mantener el viejo régimen por temor a un enfrentamiento que es fácil advertir. El noventa por ciento de los cargos gremiales están ocupados por afiliados al justicialismo que caminan por las dos orillas, sindical y política, como un aparato solidario con el gobierno. Esa es también la razón de que la ley laboral de Carlos Menen se mantenga, a pesar del fastidio que le causa al Presidente.
Todavía perduran convenios laborales anteriores al Proceso militar y cuya ultraactividad es en buena parte ilusoria ante las graves consecuencias económicas y sociales de la crisis, pero que políticamente son necesarios para que los viejos aparatos gremiales sigan manejando el viejo poder. "No se puede hacer todo a la vez", afirma un funcionario de la cartera laboral partidario de liberalizar el sistema, pero convencido de que lo impide la cantidad de problemas en el oficialismo que debe enfrentar Kirchner. (De nuestra Sucursal)







