Cuando el gobernador José Alperovich dijo, el 8 de noviembre pasado, que iba a acabar con la inseguridad en la provincia en tres meses, seguramente habló más desde el deseo que desde la convicción. Pensar que eso podía ponerse en práctica tan rápidamente es una utopía. El plazo está a días de agotarse, y la realidad no le permitirá cumplir con lo prometido.
Una persona segura está libre y exenta de todo peligro, daño o riesgo. Sencillamente -por lo menos en la Argentina-, algo imposible de cumplir. Según el Gobierno, la Policía de Tucumán tiene una recurrente reacción posdelito, y utiliza tácticas operativas limitadas, como los patrullajes rutinarios y al azar, basados en su propia confianza a la respuesta rápida ante un hecho delictivo. O sea, están tan seguros de que van a atrapar al delincuente que no se preocupan en tratar de evitar el atraco. Tucumán es una provincia atípica en muchos aspectos relacionados con el delito. Al contrario de Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, por ejemplo, no se producen secuestros extorsivos, ni hay diarios asaltos a bancos o a grandes empresas. Aquí, el que más sufre el delito es el ciudadano común. Son imparables los arrebatos, los robos de motos y los asaltos a distribuidores, los ataques a taxistas, remiseros y choferes de ómnibus. Contra eso todavía no se vislumbra una solución. Y el tiempo pasa... Entonces se aplicó otro método. Con 800 policías nuevos llenaron el microcentro. Con su presencia aumenta la sensación de seguridad. Este sistema, de a poco, se irá extendiendo a los barrios de San Miguel de Tucumán. Pero de noche, los policías no recorrerán a pie las zonas "calientes". En esos casos, el patrullaje seguirá en manos de la comisaría, y se hará en camionetas o en motos. Y al azar. El vecino de cualquier barrio no quiere que le roben, que desconocidos entren en sus casas y se las desvalijen, que golpeen a sus familias. Luego de cometido el hecho, el daño ya no será reparado, por más que se encuentre al delincuente y se le secuestre algo del botín. El rol de víctima acompañará siempre al atacado.
Los cambios
Ayer el Gobierno dio un golpe de timón. Algo está fallando. El hecho de que hace dos semanas se otorgaran ascensos fue la excusa perfecta para realizar los cambios en la estructura ya que, advertían, había muchas vacantes por cubrir. Pero no termina de entenderse porque, entonces, se trasladó a los jefes de la Dirección de Investigaciones, el caballito de batalla de la Policía. Evidentemente, no se estaban dando las respuestas que se esperaban de ellos. Al Ministerio de Seguridad le llevó poco más de tres meses darse cuenta de eso. Los mismos tres meses en los que Alperovich quería desterrar la inseguridad. Pero todavía se está probando y las soluciones no son mágicas. Al asumir el 29 de octubre, el gobernador dijo en su discurso: "Tucumán tendrá un nuevo modelo y un nuevo concepto de seguridad... Se diseñarán planes que sirvan de sustento doctrinario en los próximos 20 años".
¿Cuántos días lleva enseñarles a los policías a trabajar de otra forma? ¿Cuántas semanas deberán pasar para que el ciudadano aprenda que debe denunciar, por más que lo considere una pérdida de tiempo? ¿Cuántos meses tendrán que transcurrir para que se pueda sacar a las decenas de menores que delinquen porque no tienen ninguna otra expectativa para su futuro? Brindar seguridad no es una cuestión de tiempo. Se debe trabajar todos los días para conseguirla. Y aun así será casi imposible cumplir la promesa, si esta no va acompañada por mayor educación y salud, pilares en los que una sociedad verdadera debe sustentarse.







