Degradación de la política

Gestos estúpidos evidencian la relativa comprensión de dos protagonistas del Mercosur sobre sus responsabilidades.

20 Enero 2004
BUENOS AIRES.- Nada tienen que ver las actuales relaciones entre los presidentes y funcionarios argentinos y uruguayos con el extraordinario renacer del intercambio turístico entre ambos países y el hecho de que quienes cruzan el Río de la Plata se sientan como en casa. Gestos destemplados de baja condición y sin precedentes están marcando el tono menor con que nuestras políticas transcurren, demostrando las dificultades que en este lugar del planeta impiden incorporarse al grande y complejo panorama internacional. Agravios esquineros y gestos estúpidos evidencian por lo demás, la relativa comprensión de dos protagonistas del Mercosur sobre sus responsabilidades de hacer realidad los pomposos compromisos con que suelen aludir al futuro regional. Lo más grave es la trascendencia que los episodios están alcanzando fuera de ambos países, especialmente cuando nuestra Cancillería se esfuerza por difundir una imagen de seriedad y de trabajo en común con los vecinos para contribuir a la confianza en sus relaciones internacionales. El hecho de que esa situación conflictiva -fácilmente superable en un marco de relaciones tan firmes y tradicionales como el de ambas orillas- haya equiparado en repercusión a importantes asuntos de Estado, evidencia una vez más que nuestra política lugareña sigue transcurriendo entre impromptus y gestos que la tornan imprevisible.

Intolerancias
Mientras el Presidente se cruzaba en ese áspero incidente con su colega uruguayo, tuvo también tiempo y energía para dedicar otra réplica descalificatoria a la vicedirectora del Fondo Monetario, Anne Krueger, por las declaraciones de esta donde alivió a la década de los 90 de las responsabilidades por la crisis. Después de haber superado las dificultades con el organismo internacional en su reciente viaje a Washington, Kirchner no perdió tiempo en rascar sobre las heridas, a poco mas de un mes en que debe considerarse entre las partes la marcha del segundo tramo del acuerdo contingente. Las opiniones de Krueger no valían la pena, pues se trataron de un mero punto de vista sobre un periodo ya cerrado, pero al jefe del gobierno lo altera más que cualquiera otra cuestión, la mención de Carlos Menem, cuyas graves denuncias sobre él nunca llevó ni piensa llevar ante los órganos de conducta partidarios. Como en el caso con Uruguay, en el de Krueger se sumaron de inmediato los hombres más fieles de Kirchner, mientras el gobernador Felipe Solá la considera esquizofrénica.
Los recientes días han demostrado que seguirá subsistiendo la política dual de gestos y palabras, si se trata de las relaciones internacionales o de las internas. El acabado modelo de seriedad y sonrisas, aplicado en Washington con el FMI y la Casa Blanca, quedó momentáneamente abandonado en Buenos Aires. En pocos días más, se retomará nuevamente con el viaje presidencial a Madrid, una gira de negocios en compañía de empresarios, en la que Kirchner, seguramente, tratará de hacer olvidar los malos ratos de hace seis meses. (De nuestra Sucursal)

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