En los pueblos del sur todavía sufren las consecuencias

12 May 2015
La vida de los pobladores de Escaba de Abajo y de Arriba está llena de incertidumbre desde hace un mes, cuando se desbordaron el dique y los ríos de la zona. Por ahora, volver a la normalidad es simplemente un anhelo que parece difícil de alcanzar.

Los destrozos que causó el agua fueron importantes y las soluciones se demoran en llegar. En Escaba de Abajo, la crecida del Río Singuil se llevó un puente colgante y un badén por los que unos 500 habitantes se movilizaban a diario. Actualmente, la única opción que tienen para atravesar el agua es un paso precario hecho con piedras y troncos. Mientras tanto, personal de Vialidad de la Provincia procura reconstruir el badén. Como los autos no pueden pasar por el río, los caballos se transformaron en un medio de transporte fundamental. “Aquí hace falta un puente de cemento seguro por el que podamos salir con nuestros vehículos. Yo trabajo con mi auto y ahora no lo puedo hacer”, contó Alejandro Bonzo. En la Comuna informaron que desde hace seis años existe un proyecto para construir un puente. Pero que recién ahora se lo construirá.

En Escaba de Arriba, la situación es mucho más dramática. El río Chavarría devoró varios y extensos tramos de la ruta 358, que conduce al lugar. Ahí, unos 200 vecinos permanecen aislados. Las clases en la escuela 318, a la que concurren más de 30 niños, están suspendidas. “No se cuánto tiempo va a demandar la reconstrucción de la ruta. Por ahora empezamos abriendo un badén en el primer corte y luego avanzaremos hacia el otro. Nos llegó una retroexcavadora oruga que nos permitirá ir más rápido. Pero el trabajo es complicado”, admitió Manuel Montenegro, subinspector de Vialidad de la Provincia. Los vecinos lograron abrir una senda peligrosa por un filo del cerro. “Hay que rogar que nadie se enferme de urgencia, porque no tenemos medios para buscar auxilio. Estamos encerrados”, advirtió el lugareño Enrique Bazán.

El Badén

El 12 de abril, el agua que desbordó del dique Escaba incrementó el caudal del río Marapa, que inundó la localidad de El Badén, ubicada en inmediaciones del puente que cruza la ruta 38, en Alberdi. Ahí, unas ocho familias resultaron anegadas. De a poco, la gente pudo retornar a sus viviendas. “Afortunadamente, los daños no fueron considerables”, dijo el intendente Luis Campos.

Graneros

Aquel día y luego de pasar por El Badén, la creciente del Marapa siguió su marcha hacia el este y a las 16 llegó a Graneros. Allí, el 80% de la población resultó afectado. “La experiencia fue horrible y ahora estamos tratando de retornar a la normalidad. Todavía nos queda el trauma de aquel momento, pero lo importante es que estamos saliendo adelante”, dijo Juan Cruz, un vecino del pueblo. Hace pocos días, la intendencia entregó electrodomésticos y otros elementos de uso doméstico a los vecinos afectados. También se instrumentó una campaña de desinfección de casas.

La Madrid

Una de las últimas comunidades que sufrió la arremetida del Marapa fue La Madrid. Aunque el desastre no fue tan grave como se había pronosticado en aquel momento, al menos unas 100 familias que vivían cerca del río tuvieron que dejar sus hogares. Se resguardaron con los muebles que pudieron rescatar en las inmediaciones de la ruta. La comuna les entregó colchones y alimentos. La solidaridad de los tucumanos también fue notable. Hasta ese lugar llegó una gran cantidad de ropa y calzados.

“Hoy, todavía con algunos daños en nuestras casas, hemos vuelto a la normalidad. Pero rogamos que nunca más volvamos a sufrir una inundación”, explicó la vecina Esther Díaz.

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