Nos negamos a ser enemigos

Nos negamos a ser enemigos

SOCIOS, NO RIVALES. El músico Gabriel Meyer propone que israelíes y palestinos creen condiciones para la paz. SOCIOS, NO RIVALES. El músico Gabriel Meyer propone que israelíes y palestinos creen condiciones para la paz.
28 Febrero 2015

César Chelala

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Acabo de regresar de un concierto de Gabriel Meyer Halevy, un músico argentino-israelí. Gabriel es hijo de Marshall Meyer, un rabino norteamericano que vivió en Argentina durante la “guerra sucia”, cuando su trabajo contribuyó a salvar la vida de muchas personas perseguidas durante la dictadura militar. Su hijo Gabriel tiene la misma preocupación que su padre por la paz y los derechos humanos. Durante el concierto, Gabriel comenzó con una de las canciones más hermosas por la paz, “Sólo le pido a Dios”, de León Gieco, cuya letra aún resuena en mi después del concierto. Gabriel, quien vive en Israel, relató cómo, durante la última ofensiva israelí en Gaza, vivió durante algunos días con varios amigos árabes en comunidad total de trabajo y oración por la paz, “como si estuviéramos en el ojo de una tormenta” en medio del conflicto que los rodea. Este esfuerzo fue parte de un creciente movimiento llamado Nos Negamos a Ser Enemigos. El movimiento cuenta con la participación de árabes, israelíes y árabes israelíes quienes se unieron en su anhelo de paz. El lema Nos Negamos a Ser Enemigos se ha convertido en una campaña internacional de medios sociales contra las muertes innecesarias en el conflicto palestino-israelí y la necesidad de paz en la región. Durante el tiempo que Gabriel estaba con sus amigos palestinos sin ninguna de las comodidades acostumbradas -sin Wi-Fi, sin teléfonos celulares, sin computadoras- se enteraron del curso de la guerra que los rodeaba a través de una de las integrantes del grupo que vivía cerca que dos veces al día iba a su casa para informarse de lo que estaba sucediendo y transmitir las noticias al resto del grupo. “Totalmente aislados de nuestro entorno”, dijo Gabriel, “cuidamos los animales en la granja -un burro, unas cuantas gallinas, algunos conejos- y se plantaron algunos árboles, los que representaban un contrapunto a las vidas que se destruían en esos momentos”. Aunque es un movimiento relativamente pequeño, Nos Negamos a Ser Enemigos puede convertirse en una fuente importante de actividades donde tanto los palestinos y los israelíes que quieran participar se unan como un paso necesario hacia la paz. A este respecto, recuerdo que un viejo profesor israelí residente en Jerusalén me dijo que, aparte de su jardinero, nunca había hablado con una persona palestina. ¿Cómo puede haber paz entre personas que no se conocen entre sí? La ignorancia engendra odio y el odio engendra violencia. Al conocerse mejor unos a otros, tanto los israelíes como los palestinos crean las condiciones necesarias para la paz. Como dijo el poeta y compositor israelí Amir Paiss: “Cuando elegimos el amor en lugar del miedo, nos re-educarnos y educamos a nuestros hijos a vernos unos a otros como socios para la paz en lugar de rivales para la guerra.”

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