Brindan asistencia religiosa en comisarías para evitar que los presos intenten fugarse

Pese a la visita que los pastores evangélicos realizaban tres veces por semana a los detenidos de la seccional 7ª, se produjo una fuga Los comisarios reconocen que la contención espiritual y psicológica resulta fundamental para mantener la paz en las celdas

PAREDES ANTIGUAS. En oportunidades anteriores, ya se hicieron boquetes en el calabozo de la seccional 7ª. LA GACETA / FOTO DE HECTOR PERALTA (ARCHIVO)
PAREDES ANTIGUAS. En oportunidades anteriores, ya se hicieron boquetes en el calabozo de la seccional 7ª. LA GACETA / FOTO DE HECTOR PERALTA (ARCHIVO)
10 Enero 2015
No sería alocado que los presos que se fugaron de la seccional 7ª el 1 de enero aparecieran mañana detenidos en otras dependencias, consideró el comisario Teófilo Rodríguez, jefe de esa comisaría. Por eso apeló a la colaboración de los familiares de los tres detenidos que continúan prófugos: “les pedimos que traten de gestionar su presentación ante la Justicia; están dadas todas las garantías de que van a ser tratados como corresponde”.

Sólo dos de los cinco evadidos regresaron a una celda: el primero fue recapturado esa misma noche en la casa de sus padres y el segundo se entregó de manera voluntaria. Tanto ellos dos como los que siguen prófugos estaban detenidos por robo y robo agravado. “Muchos de ellos han manejado armas de fuego para cometer los delitos y presumimos que ahora también deben estar armados. Les pedimos que recapaciten”, insistió Rodríguez.

Un palo de haragán

La fuga se produjo el primer día del año, alrededor de las 19, cuando llovía torrencialmente en Villa Luján. El jefe de la comisaría precisó que eran 12 los detenidos, cinco de ellos estaban alojados en un calabozo menor y los otros siete, en el más grande. Fue en este último donde los detenidos rompieron la pared con la ayuda de un palo de haragán.

Según indicó Rodríguez, utilizaron los colchones de goma espuma para tapar la pared y evitar que se escucharan ruidos en el resto de la comisaría.

Los reos consiguieron abrir un boquete de 30x40 centímetros, aproximadamente. Pero sólo cinco de los siete salieron por allí. A los otros dos los maniataron y amordazaron con sábanas para que no pudieran alertar a los guardias. Atravesaron la pared, salieron hacia un depósito de la escuela Nuestra Señora de Villa Luján, luego pasaron hacia un patio deportivo de la institución y desde allí saltaron la tapia que da a la calle.

Los vecinos de la cuadra les comentaron a los policías que vieron a dos de los evadidos subir a un taxi y a los demás huir a pie. Puertas adentro, mientras tanto, uno de los detenidos del calabozo menor escuchó balbuceos y vio a través de una ventana que había dos presos maniatados. El reo comenzó a gritar y alertó a los guardias sobre lo que ocurría.

Evangelización

“Sin duda que lo que ha ocurrido es en base a las emociones que están a flor de piel en la época de las fiestas, cuando quieren ver a sus afectos y a los chicos. Además es una cuestión natural, el ser humano está hecho para ser libre y siempre va a querer irse. La tentación está”, expresó el comisario Rodríguez, quien todavía intenta dar con los evadidos. “De 10 intentos de fuga, sólo uno termina concretándose. Intentos hay en todas las comisarías”, agregó.

Al personal de la seccional le sorprendió la evasión y hasta se sintió traicionado. Según resaltó Rodríguez, el comportamiento de los reos había mejorado notablemente desde mediados del año pasado cuando comenzaron a recibir tres visitas semanales de pastores evangelistas. “Estábamos realizando tareas de evangelización, muchos ya estaban más pacíficos, oraban de noche y era ejemplar la conducta que estaban teniendo”, destacó el comisario, quien encontró en los pastores la única manera de mantener la paz en los calabozos.

La búsqueda de los prófugos continúa, mientras el resto de los presos fue distribuido en las seccionales 5ª, 6ª y 10ª hasta que se reacondicionen las instalaciones de la comisaría. “Quiero transmitirle a la gente que acá seguimos trabajando para brindarle seguridad, de ninguna manera se interrumpió nuestra tarea”, aseguró.

Trato personalizado

La manera de mantener a los detenidos bajo control varía en las distintas comisarías. “Mi estrategia es el trato personalizado con ellos, me acerco a hablarles, les pregunto si están bien, cuando cumplen años o están mal les permito hablar con sus familiares a través de las rejas. Esas pequeñas acciones los reconfortan y son agradecidos”, contó el comisario Cándido Galván, a cargo de la seccional 5ª.

Según Galván, el comportamiento de los reos mejora cuando observan una buena actitud de parte de los policías. “Ahora les puse una pava eléctrica para que tengan agua caliente. También le inculco al personal que trate con ellos. Hay que ser ni muy bueno ni muy malo, hay que buscar el equilibrio justo”, consideró el comisario.

El jefe de la seccional 13ª, comisario Abel Montero, emplea una estrategia similar. “Converso con ellos una vez por semana y me fijo mucho en la parte psicológica, en el círculo familiar de cada uno de ellos, en quiénes los van a visitar y en darles más contención a los que no los visitan”, comentó. Para mantener la buena relación, Montero les permite mirar televisión y les dio un ventilador para apaciguar el calor. “No se los puede tener esclavizados”, remarcó.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios