Amaya, el hombre que está solo y espera

Puertas adentro del peronismo la pregunta repiquetea cada día con más ruido. Los muchachos de Perón están nerviosos, en la antesala del paroxismo por las señales confusas, de doble lectura y hasta contradictorias que bajan desde las cumbres del poder provincial. ¿Carcomidos por la incertidumbre, quieren saber quién es el candidato por el cual se inclinará Alperovich, o al menos tener una pista: Juan Manzur o José “Paco” López? Según la respuesta, ellos tomarán posición buscando un lugar bajo el sol. Lo que nadie quiere es perder la generosa teta del Estado, a la que se acostumbraron sin contraprestación de servicios.

El gobernador no tiene la misma premura. Demorará la definición hasta el filo de la hora del fichaje de los postulantes ante la Justicia Electoral Nacional y Provincial. En las primarias del 9 de agosto se elegirán los candidatos a la presidencia de la República, más tres senadores y cinco diputados al Congreso. Aunque ya están convocadas, aún no hay fecha cierta de los comicios locales. Alperovich puede realizarlos antes o después de las PASO. Es su gran duda. Tiene que evaluar qué es lo que más le conviene. En ese choque, la sociedad sabrá de antemano cuáles son las preferencias de la ciudadanía. Como si fuera la primera vuelta del balotaje.

La Presidenta se mantiene en una mudez total. La oposición nucleada en la coalición UNEN no definió su parejero. El PRO, en cambio, llevará a Mauricio Macri como estandarte y el Frente Renovador a Sergio Massa, por fuera del peronismo. Habrá, seguramente, otros postulantes, entre ellos José Manuel de la Sota, más los representantes de la izquierda. Si la oposición fragmenta el sufragio, el victorioso podría ser Daniel Scioli, cumpliéndose aquella consigna de Niccoló Maquiavelo, dicha cuatro siglos atrás. El motonauta cuenta underground con el espaldarazo de buena parte de los popes provinciales de su palo. De todos modos, no tiene la vaca atada. Su suerte pende de la decisión presidencial.

En Tucumán, López se mueve por toda la comarca como si ya fuera el ungido por el zar. ¿Tiene la bendición de la suprema sacerdotisa con santuario en la Casa Rosada? Acaba de realizar un nuevo Foro para el Desarrollo en la sede de la FET, con la participación de sectores productivos ante los que explicó sus propósitos, cuyo broche final -sin decirlo- es el aterrizaje en la Casa de Gobierno. Antes, en otro acto similar, a modo de lanzamiento de su candidatura, tuvo sentada a su diestra como madrina a la senadora Betty Rojkés. Del acto se desprende una unívoca interpretación: el apoyo del PJ (explícito o no), pues ella es la titular del partido, no la presidenta de una sociedad de manualidades.

La súbita aparición de López en el escaparate del peronismo a suceder al zar, se produjo inmediatamente después de la chapucería de Alperovich de jugarse demasiado temprano por Scioli como sucesor de Cristina, sin que la viuda diera antes su dedocrático veredicto inapelable. Está arrepentido. No se alcanza a descifrar por qué Alperovich lo deja hacer y no mete en caja a su coterráneo. López, sin inhibición alguna, incursiona en territorios que Osvaldo Jaldo cree que son de su propiedad exclusiva: las comunas rurales. El tranqueño no oculta su furia. Su devenido rival reparte patacones con generosidad para cualquier emprendimiento rural que le propongan los comuneros, en el afán de capturar el voto campesino.

El secretario de Obras Públicas de la Nación está sentado en un sitio clave. Por su despacho pasó -y pasa- la ejecución de toda la obra pública del país. Galopa a la par de los Kirchner desde antes que el cacique patagón aterrizara en la Casa Rosada. No renunciará así nomás a su obsesivo anhelo de empuñar el bastón de mando de la provincia en que nació. Mira con mucha simpatía a Domingo Amaya y considera que, para ganar, no puede marginarse al intendente de la tropa peronista. Su estrategia es sumarlo a sus filas, y ensaya subterráneas líneas de comunicación. En este punto discrepa con el zar.

Es público y conocido el destrato de Alperovich hacia el alcalde. No se hablan desde comienzo de año. Cuando el mandamás advirtió que Amaya pretendía sentarse en la silla que desocupará, comenzó a cercarlo por hambre y sed. Le cortó los víveres a lo mínimo indispensable. Además, metió dentro de la Municipalidad a dos de sus operadores, con el pretexto de realizar obras públicas que el intendente no hacía. El real motivo fue otro: desgastar las bases políticas que Amaya supo construir a lo largo de su gestión, especialmente en los barrios periféricos. El zar y la zarina jamás pudieron tragar esa pócima, a lo que hay que agregar otro ácido ingrediente: en votos, Amaya superó a los dos en esta capital.

El jefe municipal aguarda su turno. Cree que su hora ha llegado. Alperovich tomó debida cuenta de que sin su compañía, la victoria en 2015 se vuelve dudosa. Quiere restablecer el diálogo con él, pero sin aparecer como claudicante. Amaya sabe que en su soledad está su fortaleza. Y espera con la paciencia de un oriental. En tanto, intensifica sus visitas a los conglomerados urbanos de la orilla e incursiona cada vez más por el interior con su inseparable arcabucero Germán Alfaro. En diálogo con esta columna machacó lo que ya expresó con anterioridad muchas veces: “no seré acompañante de nadie”, apuntando a la gobernación.

Si muchos suponen que la zarina es un difunto político, se equivocan. Ella -un remedo actualizado de lo que fue la santiagueña Nina Aragonés de Juárez-, no se descarta como chaperona de la fórmula, sea quien fuese la cabeza. Con su tropa arrima agua para su molino y no descansa. Dos de sus hombres estrella, que trabajan con Alperovich, visitaron a López para comunicarle que están disconformes con el dúo Manzur-Jaldo. La primera dama se reunió recientemente con jóvenes de La Cámpora. En círculos íntimos de los que frecuentan el pensamiento secreto de Alperovich, se dice que nunca descartó a su cónyuge como candidata a vicegobernadora. Por lo tanto, Jaldo quedaría fuera de la foto. Nadie mejor que su esposa –piensa- para cuidar sus espaldas cuando vuelva al llano. La toga de senador nacional que se calzará no lo exime -por la ley Carrió- de los probables procesos judiciales que le lloverán encima (caso Menem).

Narcotráfico

No es que el narcotráfico avance, es el Estado el que retrocede. Con estas palabras, el camarista federal Ricardo Sanjuán cerró su exposición en el foro realizado en Buenos Aires, para analizar el problema del narcotráfico y sus devastadoras consecuencias en el país. El encuentro estaba previsto en el Congreso de la Nación, pero por las trabas burocráticas que se opusieron tuvo que efectuarse en los salones del Savoy Hotel. El panel fue convocado por la Auditoría General de la Nación. El tucumano asistió por invitación especial de su titular, Leandro Despouy.

El solo hecho de aceptar el convite de Despouy (un adversario confeso para los K), titular de la Auditoría General de la Nación (AGN) y sentarse con él a su mesa, colocó al vicepresidente de la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán entre los jueces retobados, en opinión del cristinismo talibán. En otras palabras, se apostó en la vereda de enfrente de Justicia Legítima, toda una definición en esta hora caliente y tensa que vive la justicia nacional con la Casa Rosada. Sanjuán descargó fuertes críticas contra el gobierno por la ineficacia de la lucha, en el noroeste, contra ese flagelo social, que ya arraigó en la Argentina. A la vez, puntualizó la carencia de elementos tecnológicos, entre ellos radares modernos, para detectar la introducción de la droga a través de una frontera porosa. La Gendarmería Nacional, encargada de combatir a los narcos, fue sacada de su misión específica y llevada a cumplir otras funciones, afirmó.

El Parlasur

La elección -por voto directo- de los diputados argentinos al Parlasur -órgano legislativo que nuclea a los países de la región latinoamericana (no todos), bajo la sigla del Mercosur -, genera algunos sacudones a la Presidenta, a un año exacto de la despedida inexorable, muy a su pesar y del entorno talibán. Es sorprendente el ingenio de los amanuenses del oficialismo imaginando alquimias para conservar el control de la política nacional en manos de ella, muros afuera de palacio. Esa frondosa imaginería forma parte de la picaresca con sello propio de las pampas argentinas. El peronismo (el de antaño, como las nuevas ramificaciones y sus desviacionismos ideológicos) es un hábil orfebre en esas artimañas y maquinaciones.

La viuda de Kirchner apuró en el Congreso estos días la aprobación de normativas para la cobertura de la representación en el Parlasur. Su entrada en funcionamiento pleno se estima que será no antes de 2019. A la Argentina le corresponden 43 escaños (uno por provincia y 19 electos por el sistema D’Hont). La elección debe hacerse simultáneamente en todo el país, tomado como distrito único. Como CFK y su entorno duro albergan -en su profunda intimidad- serias dudas de la victoria en las presidenciales de 2015, inventan fórmulas para mantener vivas sus ilusiones con Cristina eterna.

Se resisten a trancas y barrancas a dejar el poder y sus mieles infinitas que chuparon durante más de una década. En otras palabras, no quieren abandonar la ubre estatal que tantos halagos les dieron y a muchos los hizo millonarios como por arte de magia. El mismo fenómeno, calcado y multiplicado, ocurre en esta aldea, al amparo oficial.

¿Qué es lo que se pergeña? Con el nuevo ardid electoral quieren hacer coincidir los comicios de las PASO (9 de agosto) en paralelo con la selección de los diputados al Parlasur. Entonces, nada mejor para tracccionar votos que colocar a Cristina como mascarón de proa en la lista única. La treta tiene sus ventajas, claro, porque detrás de su nombre se encolumnará el ejército de acólitos que la siguen a sol y a sombra, obedientes, disciplinados y aplaudidores. Por supuesto, tiene altos riesgos también para ella. Se podría amontonar toda la oposición con sus más disímiles fuerzas políticas -en una lista única- con los más notables hombres y mujeres de la sociedad para enfrentar a la Presidenta. Sin embargo, todo pareciera que quedará en un intento fallido.

Hace un rato largo que se volatilizó aquel 54% que obtuvo Cristina en su reelección, del cual se ufanaba. Si bien hoy su imagen es alta, envuelta en la epopeya antiimperialista contra los fondos buitre, la intención de voto disminuyó. Un hecho elocuente fue la derrota de Martín Insaurralde, su favorito, en los comicios de renovación legislativa de medio tiempo.

Sergio Massa, su contendor de entonces, superó al candidato a diputado oficialista con una cosecha arriba de los cuatro millones de votos. Ese duro revés tuvo carácter transitivo e impactó en el sayo de la jefa de Estado con mucho ruido en la prensa. Quedó probada su vulnerabilidad.

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