Interesante propuesta del grupo Teatro Ciego

02 Julio 2014
A una se la suele definir como la falta de luz para percibir las cosas. A la otra como privación total de la vista. Y aunque oscuridad y ceguera están íntimamente relacionadas, con frecuencia van más allá de su sentido literal porque, como bien se sabe, hay personas o pueblos que viven en la oscuridad porque miran sin ver o están buscando la luz que les alumbre el camino. Del mismo modo, hay no videntes que más que aquellos que poseen el sentido de la vista. “A veces, de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad”, decía Antonio Porchia, mientras que Vladimir Nabokov sostenía que “nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad”.

Una experiencia más que interesante es la que trajo a nuestra ciudad la compañía Teatro Ciego. El director del grupo explicó que nuestra forma de percibir el mundo pasa principalmente por las imágenes visuales, que constituyen casi el 80% de la información que recibimos. “No estamos acostumbrados a usar nuestros otros sentidos. Cuando anulamos la vista, nuestra mente destina los recursos que antes afectaba a procesar la información visual hacia los demás sentidos”, dijo.

El teatrista afirmó que una persona discapacitada debe luchar con una sociedad que no lo contiene ni está preparada para hacerlo porque está fuera de la “norma”. “Es una batalla cotidiana, donde el discapacitado enfrenta un sinnúmero de obstáculos y limitaciones. Nosotros no trabajamos con la discapacidad de las personas sino con su capacidad, hacemos arte en general y teatro en particular. Y la vida no es una obra de teatro. Lo que sí es indiscutible es que al obligar a una persona a pensarse en otro lugar, a imaginarse usando sólo sus sentidos no visuales, se generan un cambio y una ruptura de prejuicios que tienen que ver con la percepción de la ceguera, pero también con la propia conciencia del espectador. Nuestro objetivo es hacer teatro desde un lugar transgresor, innovador y provocativo. Luego el espectador decodificará lo que sienta, pero eso es algo que no podemos manejar”, dijo.

La titular de la asociación Tiflotuc (Ver y Tocar Tucumán) manifestó que “vendar los ojos de la gente hace que sienta de otra manera, se logra que la persona que ve se acerque a conocer que, realmente, no sólo la vista es lo que nos sirve para tomar conciencia de lo que tenemos alrededor”.

Nos parece relevante el hecho de trabajar no a partir de la discapacidad, sino de la capacidad. Sería interesante no solo promover estos espectáculos en el marco de una política de inclusión social, como señala la presidenta de Tiflotuc, sino de enseñar teatro en nuestra escuela Braille y llevar esta experiencia a los establecimientos educativos. Ello permitiría a los chicos sensibilizar sus sentidos y los ayudaría a colocarse en el lugar del otro. Tal vez así, crecerían con una visión diferente de la realidad y de las relaciones humanas. El hecho de intentar caminar una cuadra con un bastón y los ojos vendados basta para darnos una idea de la lucha de los no videntes por integrarse a una sociedad que con frecuencia los discrimina, porque seguramente está más ciega que ellos. “La oscuridad no existe, lo que llamamos oscuridad es la luz que no vemos”, afirmaba Henri Barbusse. “Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”, decía el portugués José Saramago.

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