El reloj de la pasión nunca paró

Los argentinos viven, sufren y gozan con el Mundial de Brasil y con las victorias que cosechó la selección.

22 Jun 2014 Por Guillermo Monti
Argentina e Irán empezaron a jugar a la una en punto, pero el cronómetro de la pasión se puso en marcha varias horas antes. Fue una cuenta regresiva protagonizada por la hinchada argentina, figura estelar en lo que va del Mundial.

8.15 La iglesia de San Francisco, frente al lago de Pampulha, es uno de los activos turísticos y religiosos de Belo Horizonte. Moderna, bellísima, apenas un kilómetro la separa del Mineirao. Desde allí partirá el banderazo y los cuatro primeros anotados hacen flamear la celeste y blanca. Manuel Urrere, Nicolás Gutiérrez, Alejandro Carballo y Marcelo Diz, tres bonaerenses y un rosarino, son la vanguardia iluminada.

8.20 Pasa un ómnibus colmado de santafesinos. Detrás se recorta la Vuelta al Mundo del Parque Guanabara.

8.25 Una observación: como el lago de Pampulha brillaría nuestro lago San Miguel si lo cuidáramos un poco. ¿Tanto cuesta?

8.28 “El barco llegó a Brasil-Villa María”, narra una bandera colgada a la entrada del Pampulha Open Hotel. En una mesa pegada a la vereda tres cordobeses desayunan con fernet.

8.30 Un Fuleco inflable gigante nos advierte que el Mineirao se acerca, que este es el Mundial y que en pocas horas jugarán Argentina-Irán. Los vecinos que trotan por la zona, en un parque inmaculado, parecen ajenos al show de la Copa. Mucho músculo de los garotos, mucha señora que camina, muchas chicas sencillamente extraplanetarias.

8.35 Los salteños de Mandingos, encontrados por LG Mundial en el Maracaná, llegaron a la madrugada desde Río de Janeiro. Quedaron despatarrados sobre el césped, reponiendo energías. Son Nicolás Fernández, Gabriel Montagna, Facundo Díaz Gómez, Agustín Adamo e Ignacio Walter. Salieron a las 22.10 y arribaron a las 5.

8.40 Dos sanluiseños despliegan una bandera. ¿Tenés entradas para vender?, preguntan.

8.45 Los vallados están desplegados en todas las avenidas a 400 metros del Mineirao. Sin entradas es imposible franquear las hileras de policías. Los revendedores revolotean por la zona, a la pesca de compradores de bolsillos generosos. Con suerte se pueden conseguir tickets por 500 reales (unos $ 1.800), pero la mayoría exige de 800 reales para arriba.

9 El que tiene sueño duerme en cualquier parte. Sobre el pasto, apoyado en una reja, con el bolso como almohada. El sol molesta un poco, pero se soporta. Pero cuando pasan las barras cantando a los gritos es hora de levantarse. Fueron decenas de argentinos los que pernoctaron en las adyacencias del Mineirao. En Belo Horizonte no hay alojamientos disponibles; además muchos llegaron por 48 horas y se conforman con poco.

9.10 Los tartagalenses Modesto Olivera y Germán Seyde despliegan su banderita.

9.15 Hablando de banderas, aparece una que dice “Fuera buitres de América Latina”. Pero no son hinchas quienes la exhiben. Ante la presencia del cronista, la enrollan a toda velocidad. ¿Quiéne son? Las credenciales delatan que están acreditados. No quieren hablar, apuran el paso. ¿Pertenecen a algún medio? No responden la pregunta y miran para otro lado. ¿Son funcionarios del Gobierno? El que calla otorga. Adentro del Mineirao se esfuman.

9.22 Llega al estadio el hincha más joven de la Selección. Bautista Villagómez, un año, tiene el privilegio de ser conducido en un cochecito. Luce gorrito, chupete y camiseta de la Selección. Sus padres, Renzo y Florencia, chochos.

9.26 El cronista de LG Mundial responde un cuestionario del Ministerio de Turismo de Brasil. Anota Isabela Farías.

9.37 Un ómnibus de la línea 64 se acerca repleto de argentinos. Más cordobeses, de acuerdo con lo que avisa una bandera.

9.40 Un grupo de hinchas sanjuaninos está pintándose de celeste y blanco. Son Cristian Silva, Adrián Laría, Rosario Femia y sus hijos, Claudio y Fernando. Recomiendan no visitar el Valle de la Luna en verano. “Te cocinás”, explican. La época ideal es la primavera. Anotado.

9.52 ¡Aparecieron los hinchas de Irán! Baboud comanda uno de los grupos, Él está radicado desde hace 30 años en Texas, pero sus familiares vinieron de Teherán. Un brasileño le ofrece 200 reales por su entrada. “Ja, ja, dame 2.000 dólares”, lo chicanea Baboud, que no vendería su ticket ni por todo el oro de Fort Knox. Hay varias mujeres entre los cientos de hinchas iraníes, todas muy bien maquilladas. Nada que ver con el machismo de los argelinos, que no trajeron ni hijas ni esposas. El Islam y su cultura.

10 Se abren las puertas del Mineirao.

10.05 La venta de cerveza a una cuadra del estadio es incesante. La lata cuesta 5 reales ($ 18).

10.15 Rufino Fasano es un personaje. Hace caritas, gesticula. Un rubito adorable con el que todos quieren sacarse fotos. Sus padres, Daniel y Gabriela, y su hermano, Ramiro, ya están acostumbrados al show.

10.21 “¡Brasil, decime qué se siente…!” agita la hinchada mientras se dirige a las tribunas. Ya hay clima de partido, de clásico, de Mundial.

10.32 Se venden camisetas de Messi a 40 reales ($ 150). ¡Todos los talles!, vocifera el ambulante de turno, bolsito en la espalda y lejos de la Afip.

10.45 Los brasileños comen pollo frito. ¿Son horas?

10.49 Los 10 baños químicos instalados fuera del estadio no dan abasto. La cerveza hace de las suyas.

11 a 15 Dos horas de cantos puertas adentro y dos horas para sufrir con la Selección. La fiesta está en cada rincón del estadio, menos en la cancha. Hacia ahí, por momentos es mejor no mirar. Hasta que Messi hace lo que todos vinieron a ver. Explosión absoluta.

15.01 Desconcentración ordenada, con el estómago vacío y el grito de gol todavía vibrando. Es tiempo de disfrutar lo mucho que Belo Horizonte tiene para ofrecer. Argentina ya ganó 1 a 0.

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