“Decía uno de los filósofos de la Revolución Francesa que sin historia no se puede hacer política… El problema de los políticos de ahora es que son analfabetos. Allá y acá y donde sea. No han leído historia, no conocen los mecanismos aplicables a resolver los problemas… Cuando escuchas a estos políticos que son unos analfabetos, que no han leído un libro en su vida, que no tienen la menor referencia histórica y cultural, dices: “¡De qué está hablando!”. No tienen argumentos, repiten cuatro conceptos tontos para cuatro tontos. No tienen preparación intelectual ni moral. Esta gente está desprovista de mecanismos: son autómatas de un sistema que se nutre así mismo. Se igualan en la mediocridad. Y eso es igual acá, en Europa o en la Argentina…”
El multipremiado escritor y periodista español Arturo Pérez Reverte disparó su enojo la semana pasada, durante una entrevista con el suplemento ADN Cultura, de La Nación, días antes de venir a la Argentina a presentar su último libro, “El Francotirador Paciente”. El profundo disgusto que exterioriza Pérez Reverte identifica a una sociedad pensante que no se siente parte de los “cuatro tontos” que aplauden cualquier barbaridad.
Es la indignación que genera escuchar al ministro Julio de Vido afirmar que la pobreza en Tucumán es de un dígito. O acaso es más indignante ver a una comparsa de obsecuentes aplaudirlo.
No sabemos si analfabetos, pero seguro no leen los diarios los que ovacionaron a Florencio Randazzo, el otro ministro que vino a la provincia a derrochar demagogia electoralista de sainete, cuando anunció la reactivación definitiva de los Talleres de Tafí Viejo, recontra inaugurado cinco veces en esta década demorada. Más disgustó ver al gobernador José Alperovich aplaudir de pie a Randazzo, exultante para una foto que ya se publicó cinco veces. Siguen “robando” votos con obras que no se hacen, tal vez con la intención de poder seguir prometiéndolas indefinidamente. Porque, como subraya Roberto Delgado en su columna de ayer, “El cuento chino del túnel”, están gastando millones en hacer túneles para preservar la playa de maniobras ferroviaria, mientras anuncian (otra del mago De Vido) la construcción de una estación multimodal en Cevil Pozo. Si “nos toman por gilipollas”, como dice Pérez Reverte, quizás es porque lo somos.
En el panfleto de obras de la “década ganada” del kirchnerismo figura el tren interurbano Tucumán-Concepción. Ni siquiera se molestaron en avisarle a la Presidenta que la obra se pagó y no se hizo y que los únicos que ganaron son los usurpadores de los terrenos de esas vías. ¿O sí le avisaron? Imposible saberlo: Cristina Kirchner vive obsesionada con la prensa pero no habla con periodistas. Un raro trastorno.
Cansados, hartos de saltar de crisis en crisis. Este país sale de una y entra en otra, los únicos que no cambian son los dirigentes, que se reciclan a nuevo cada cuatro años. No parece importarle a Alperovich un posible default. Inventó esta semana una secretaría que gastará fortunas para limpiar la ciudad. Y sin una sola licitación, todo a dedo. No, usted no es un gilipollas, sí hay un intendente, pero ya no hace tanto caso y encima sueña con ser gobernador. Son los fondos buitre a la tucumana: dinero público utilizado para hacer campaña.
Sobra la plata y falta vergüenza. Indignación, bronca o cómo se le dice a que al fiscal Carlos Albaca, que cajoneó siete años el crimen más escandaloso de la década, sea premiado con una jubilación de $ 52.000, sin reunir los aportes suficientes y con un trámite realizado por la Ansés en tiempo récord. Otros $ 60.000 cobrará el ministro fiscal Luis De Mitri, que se jubilará a partir de agosto. Ambos con el 82% móvil, que este gobierno “nacional y popular” le niega a los jubilados que perciben $ 2.700.
Con la complicidad vergonzosa de una Legislatura fantasma, más preocupada en ocultar contratos de “modelos” y “secretarias”, Alperovich le regaló a Albaca un retiro libre de culpas y con los bolsillos llenos. A decir de Pérez Reverte, una pregunta tonta para cuatro tontos: ¿cuántos favores le deberá Alperovich a Albaca, a De Mitri y a tantos otros en la Justicia? Y como sin historia no se puede hacer política, en Tucumán a la historia la compramos.
El multipremiado escritor y periodista español Arturo Pérez Reverte disparó su enojo la semana pasada, durante una entrevista con el suplemento ADN Cultura, de La Nación, días antes de venir a la Argentina a presentar su último libro, “El Francotirador Paciente”. El profundo disgusto que exterioriza Pérez Reverte identifica a una sociedad pensante que no se siente parte de los “cuatro tontos” que aplauden cualquier barbaridad.
Es la indignación que genera escuchar al ministro Julio de Vido afirmar que la pobreza en Tucumán es de un dígito. O acaso es más indignante ver a una comparsa de obsecuentes aplaudirlo.
No sabemos si analfabetos, pero seguro no leen los diarios los que ovacionaron a Florencio Randazzo, el otro ministro que vino a la provincia a derrochar demagogia electoralista de sainete, cuando anunció la reactivación definitiva de los Talleres de Tafí Viejo, recontra inaugurado cinco veces en esta década demorada. Más disgustó ver al gobernador José Alperovich aplaudir de pie a Randazzo, exultante para una foto que ya se publicó cinco veces. Siguen “robando” votos con obras que no se hacen, tal vez con la intención de poder seguir prometiéndolas indefinidamente. Porque, como subraya Roberto Delgado en su columna de ayer, “El cuento chino del túnel”, están gastando millones en hacer túneles para preservar la playa de maniobras ferroviaria, mientras anuncian (otra del mago De Vido) la construcción de una estación multimodal en Cevil Pozo. Si “nos toman por gilipollas”, como dice Pérez Reverte, quizás es porque lo somos.
En el panfleto de obras de la “década ganada” del kirchnerismo figura el tren interurbano Tucumán-Concepción. Ni siquiera se molestaron en avisarle a la Presidenta que la obra se pagó y no se hizo y que los únicos que ganaron son los usurpadores de los terrenos de esas vías. ¿O sí le avisaron? Imposible saberlo: Cristina Kirchner vive obsesionada con la prensa pero no habla con periodistas. Un raro trastorno.
Cansados, hartos de saltar de crisis en crisis. Este país sale de una y entra en otra, los únicos que no cambian son los dirigentes, que se reciclan a nuevo cada cuatro años. No parece importarle a Alperovich un posible default. Inventó esta semana una secretaría que gastará fortunas para limpiar la ciudad. Y sin una sola licitación, todo a dedo. No, usted no es un gilipollas, sí hay un intendente, pero ya no hace tanto caso y encima sueña con ser gobernador. Son los fondos buitre a la tucumana: dinero público utilizado para hacer campaña.
Sobra la plata y falta vergüenza. Indignación, bronca o cómo se le dice a que al fiscal Carlos Albaca, que cajoneó siete años el crimen más escandaloso de la década, sea premiado con una jubilación de $ 52.000, sin reunir los aportes suficientes y con un trámite realizado por la Ansés en tiempo récord. Otros $ 60.000 cobrará el ministro fiscal Luis De Mitri, que se jubilará a partir de agosto. Ambos con el 82% móvil, que este gobierno “nacional y popular” le niega a los jubilados que perciben $ 2.700.
Con la complicidad vergonzosa de una Legislatura fantasma, más preocupada en ocultar contratos de “modelos” y “secretarias”, Alperovich le regaló a Albaca un retiro libre de culpas y con los bolsillos llenos. A decir de Pérez Reverte, una pregunta tonta para cuatro tontos: ¿cuántos favores le deberá Alperovich a Albaca, a De Mitri y a tantos otros en la Justicia? Y como sin historia no se puede hacer política, en Tucumán a la historia la compramos.
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