BUENOS AIRES.- Quedan apenas dos elecciones provinciales (Salta, hoy, y Entre Ríos en una semana) y muchos analistas dicen que ése es el término que se ha impuesto Néstor Kirchner para evaluar de modo definitivo su base de sustentación política y quizás para producir un cambio en la manera de encarar su relación con la sociedad y con los temas de la economía.
La apreciación no deja de ser errónea porque, a casi seis meses de haber asumido, en la Casa Rosada se sabe que en materia política la suerte está echada desde la contundente elección bonaerense y que son otros los elementos que juegan a la hora de la medición de fuerzas.
En primer término, por la propensión enfermiza de los funcionarios hacia la interpretación de encuestas que miden la imagen presidencial y su gestión. Y en segundo lugar, porque el Gobierno tiene muy en claro que, pese a las buenas performances de los aliados del Presidente que le sumaron algunos legisladores, Eduardo Duhalde sigue siendo el gran elector y que en algún momento habrá que confrontar con él.
Acciones efectistas
Ambas cosas están íntimamente relacionadas. Cuando los sondeos dicen que -como ha sucedido ahora- Kirchner baja en la consideración de la gente, es automático el ascenso de la sombra duhaldista y viceversa. Entonces, el Presidente y sus colaboradores sienten que no les queda otro camino que producir acciones efectistas a diario, aún a costa de ser tildadas de demagógicas, para volver a contrapesar las cargas.
En esa línea hay que leer la demostración de fuerzas producida dentro de la Cámara de Diputados para darle media sanción a la Ley de Presupuesto.Pero como la vorágine obliga, muchas de esas medidas se piensan poco desde sus consecuencias estratégicas y la solución de hoy pasa a ser el problema de mañana. En algunos casos, hasta van en contra del sentimiento de la clase media urbana, base de sustentación electoral del Presidente. Ejemplos hubo varios y el más evidente fue la concesión del llamado aguinaldo social.
Si bien los beneficiarios son vastos sectores de necesitados, el imaginario colectivo mezcla el suplemento por única vez con apretadas piqueteras, una fuerza claramente más mimada que el resto de la sociedad, y con la contracultura del trabajo.
Desde lo técnico, los economistas más ortodoxos critican dos cosas: el uso indiscriminado de fondos que salen del sobrecumplimiento de las metas fiscales pactadas con el FMI, junto a las obligaciones salariales que se le endosaron al sector privado, que alientan la informalidad y provocan escozor entre los empresarios. También opinan que salvo el dinero para jubilados y Jefes y Jefas, el aumento para los privados no se trata de un impulso adicional al consumo, ya que la suma que gastan los que reciben los fondos, dejarán de gastarla quienes la pagan.
Precisamente, en materia de consumo, la semana pasada la Universidad Di Tella anunció que su índice de confianza cayó en noviembre por cuarto mes consecutivo y esta evidencia es la que abona la tesis de la necesidad de darle un empujón a la demanda. Expertos opinan que para evitar que siga cayendo sería necesario también un refuerzo por el lado crediticio.
En este aspecto, las autoridades económicas recibieron muy bien la noticia del Banco Río, sobre la puesta en marcha de líneas hipotecarias, una de ellas a tasa fija en pesos y cinco años de plazo, que involucran créditos para compra de primera vivienda (está comprobado que son de bajísima mora), terrenos y construcción.
Una fuente de la entidad confesó que aunque falta reglamentar la Ley se pudo avanzar porque el tema de la suspensión de las ejecuciones hipotecarias está casi terminado. Si bien la filial del Santander promete una agresiva campaña publicitaria, la duda entre los banqueros es si habrá quienes se animen a tomar este tipo de financiación, hasta ahora exclusiva de la banca oficial. Como dato de interés para los tomadores, que puede estimular la demanda de la línea a tasa fija, hay que sumarle a la ventaja de una eventual licuación del costo financiero, la posibilidad de reducir la tasa, con la deducción de una parte de los intereses del Impuesto a las Ganancias.
La fuerza de la inversión
Aunque es auspicioso el incipiente retorno del crédito para aceitar la reactivación, muchos economistas prefieren que el crecimiento se apoye más en la contundencia de la inversión de las empresas privadas, sobre todo desde el exterior, y no en la fugacidad del consumo. Esta necesidad le fue planteada al Presidente la semana pasada por el ex presidente del Banco Central, Mario Blejer quien pasó por Buenos Aires y le dejó a Kirchner algún zumbido en sus orejas.
El hoy director del Banco de Inglaterra le sugirió al Presidente no esperar a terminar la negociación de la deuda y manejar por separado una Unidad de Atracción de Inversiones, con la creación de Sociedades Estratégicas donde el Estado sólo participe con 15% para que ofrezca a los inversores seguros externos y otras garantías.
Pese a que en principio asustaba, y a que aún no se calibra del todo su pensamiento como pro capitalista, en materia empresaria al Presidente le ha ido algo mejor que en lo político, al menos desde la fachada hacia fuera. Hasta ahora, conservó el centro del ring y no ha tenido que hacer grandes concesiones. Es verdad que las compañías le han tomado el tiempo, pero con su particular estilo confrontativo, Kirchner logró un alineamiento casi automático de empresas que prometen algunas inversiones y está atando alianzas para mejorar la performance de sectores como el petroquímico, siderúrgico, textil o papelero, que hoy están al límite de su capacidad productiva. (DyN)







