El escenario político empieza a adquirir un perfil definido. La partida de Antonio Bussi a Buenos Aires, en medio de un riguroso operativo de seguridad, cierra un ciclo. Las razones de salud alegadas para justificar su alejamiento de la provincia abonan la presunción de que está cerca el abandono de la vida política por parte del ex gobernador. Un sinfín de complicaciones judiciales -con diferente grado de avance en los Tribunales Federales y provinciales- lo acecha en Tucumán.
Sin Bussi en la intendencia de San Miguel de Tucumán, Alperovich gobierna. En la interacción de los poderes que implica el despliegue del sistema republicano surgen los primeros chispazos. La compleja red de alianzas políticas y sociales que tejió el peronismo para retener el aparato estatal no se destruyó, pero asoman síntomas de malestar.
Dentro del propio PJ existe insatisfacción con la composición política del gabinete y por su exclusión del sistema de toma de decisiones. Sin Julio Miranda,, la ortodoxia partidaria rumia su despecho en silencio. Algunas fuentes aseveran que el ex gobernador estaría de incógnito en Tucumán.La sensación de lejanía con el oficialismo se acentúa con la evocación del primer retorno de Perón a la Argentina, que ocurrió en noviembre de 1972. El arco multipartidario que rodeó al jefe del Ejecutivo hasta las elecciones -el Frente Fundacional para el Cambio- también está descontento. Protestan los dirigentes en privado pero no rompen con el oficialismo, pese a que el gobernador no los recibió nunca y sí a otros interlocutores.
Tiburcio López Guzmán -conductor del Movimiento Popular Tucumano- apuesta al éxito de Alperovich y le acercó diversas proposiciones, pero no llegó a dialogar con el gobernador. En esa parcela del mundo político entienden que la luna de miel con la Casa de Gobierno comenzó a agriarse.
Alperovich, sin embargo, no renuncia a su proyecto de construir poder propio dentro del peronismo. El secretario de Coordinación con los Municipios y Comunas Rurales, Sergio Mansilla, amarra lealtades en el interior, bajo la mirada protectora del ministro político, Edmundo Jiménez. Mansilla supervisa estrechamente el andar de 92 comisionados comunales.
Inclusive, operadores de confianza del ex senador que sucedió a Miranda en la gobernación exploraron el parecer de dirigentes que compitieron el 26 de octubre por afuera de la sigla oficial del partido. La transversalidad tienta al gobernador. A nadie le quedan dudas: Alperovich quiere mandar también en el PJ. "Viene por todo" es una frase muy escuchada en los últimos días.
La última visita del ministro de Educación, Daniel Filmus, y la anunciada de Alicia Kirchner trajeron alivio al oficialismo. La tesis del enfriamiento de los vínculos con la Casa Rosada a causa del éxito electoral del bussismo el 26 de octubre había preocupado a los oficialistas. Esa opinión parecía debilitarse tras esos hechos.
El dilema piquetero
La expansión del movimiento piquetero marchó de la mano de la crisis económica y de la debilidad de los gobiernos en el país. El nuevo Gobierno provincial heredó el problema tras el cambio del 29 de octubre. Las relaciones con las organizaciones piqueteras se desarrollan por carriles separados, según su grado de proximidad con la administración de Alperovich.
El Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, que lidera Raúl Castells, reclamó subsidios, pero se encontró con una política distinta. A los grupos de filiación peronista se los contenía con bolsones de mercadería y con subsidios durante la gestión mirandista. En esta nueva etapa se les cerró la entrega de dinero, lo que derivó en algunos incidentes en el parque 9 de Julio con la línea de Celso Sosa. Muchos de esos dirigentes fueron colaboradores del mirandismo, y sufrieron también las consecuencias del revés en las urnas.
Ahora rigen el "borrón y cuenta nueva" y la decisión de dotar de transparencia a los manejos de los planes sociales. En el Ministerio de Gobierno reconocen que es difícil conciliar el dato objetivo de la desocupación con las exigencias federales. Admiten también que es muy difícil adaptar la conducta de las dirigencias piqueteras a los nuevos tiempos. El orden no se opone a la asistencia social. "Caminamos por el filo de la cornisa", se sinceró un funcionario que trajina con unos y con otros. Las negociaciones generan momentos de tensión y desgaste para la cartera política.
La contraofensiva
El Gobierno desató una tormenta de decretos de necesidad y urgencia sobre la Legislatura. A tal extremo llegó la ofensiva de Alperovich que se intentó voltear el programa Copa de Leche por ese mecanismo.
Carlos Canevaro (FR) descubrió, asombrado, que cuatro de los cinco asuntos que trataba la comisión de Asuntos Constitucionales eran decretos de Alperovich, con contenidos que no justificaban ni la necesidad ni la urgencia alegadas. "El Poder Ejecutivo nos pone contra las cuerdas", se quejó Canevaro. Y redactó un proyecto de ley que restablecía el requisito de la ratificación expresa de la Cámara para que un decreto de excepción tenga validez.
Contemporáneamente, Alejandro Sangenis (Encuentro Popular), Rodolfo Danesi (Ciudadanos Independientes) y José Manuel Cano (UCR) elaboraron otro proyecto que crea una reglamentación nueva de los decretos de necesidad y urgencia. Los cuatro políticos coinciden en que deben frenarse los avances de Alperovich sobre la Cámara y en rescatar la independencia de los poderes.
Ese despertar de la oposición no pasó inadvertido para Fernando Juri. El vicegobernador se plantó ante Alperovich, Jiménez y Antonio Jalil -secretario general de la Gobernación-. Le dijo no al "decretazo" sobre la Copa de Leche que se había urdido en Casa de Gobierno. En definitiva, transmitió que en la Legislatura crece el espíritu levantisco en contra de los decretos que sustituyen a las leyes como producto del ensamble de voluntades entre poderes del Estado.
"Fernando se puso los pantalones largos", comentaban en los pasillos políticos. En la Legislatura, con todo, se preparan para enfrentar una nueva oleada de decretos. La interrupción de la actividad legislativa podría ser una oportunidad para que el Gobierno se tiente. Frente a eso, madura la idea de no descuidar la guardia en enero. El descanso se anularía.







