La incertidumbre educativa

Las autoridades deben buscar una salida a este problema que arrastra la provincia desde hace tiempo.

16 Noviembre 2003
Cuando se vive demasiado tiempo tirando la tierra bajo la alfombra; cuando en forma permanente se trata de escapar de los inconvenientes que nos plantea la realidad mirando hacia otro lado; cuando se cree que los problemas esenciales de una comunidad se resuelven con parches, tarde o temprano, la estrategia de hacerse el distraído cuando las papas queman, o de patear la pelota hacia adelante se desmorona y la realidad nos golpea el rostro descarnadamente. Cuando eso sucede, la capacidad de maniobra es muy restringida. Es como intentar aprender en un día lo que no se aprendió en uno o en muchos años.
Hace más de una década que la educación en Tucumán viene en caída libre. Por compromisos políticos sectoriales o por negligencia, los distintos gobiernos provinciales han sido incapaces hasta ahora de dar soluciones de fondo, de diseñar y de poner en práctica un sistema que contenga a todas las partes de la comunidad que abarca el quehacer educativo y que permita a todo niño tucumano acceder no sólo a los conocimientos, sino también a la formación humana.
La reinstalación de la EGB 3 en la escuela pública por orden de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha puesto en un gran aprieto al nuevo Gobierno, que pese a haber tenido unos meses antes de asumir para hacer una evaluación de la grave situación educativa, se ha encontrado con toda la tierra fuera de la alfombra y no sabe muy bien por dónde desovillar la enmarañada madeja. Se conoce, por ejemplo, que son alrededor de 19.000 los alumnos que egresarán del 6º grado de la EGB en 2003. De ese número, se estima que unos 4.500 podrán anotarse en las escuelas medias, pero se desconoce aún qué sucederá con los 14.500 chicos restantes. Sólo 96 de los 650 establecimientos primarios, tienen 8º y 9º años. A ello debe sumarse la falta de infraestructura edilicia y las dificultades presupuestarias para cubrir los nuevos cargos que se necesitarán, además de la necesidad de evitar una mayor deserción escolar, debido a que los padecimientos económicos impedirán a cientos de chicos tomar un ómnibus para ir a una escuela ubicada lejos de su casa.
Sin embargo, el problema de fondo -y el gran desafío- sigue siendo cómo mejorar la calidad educativa en una provincia, donde hay 940.000 tucumanos de una población de 1,3 millón que viven bajo la línea de pobreza; donde hay más de 400.000 analfabetos y el 52% de los niños no asiste a la escuela a causa de la pobreza.
El ministro de Educación de la Nación acaba de anunciar que se construirán en Tucumán 100 escuelas, a las cuales habrá que sumar las 26 que prometió el presidente Kirchner. Por ahora se trata sólo de buenas intenciones; pero en su visita a Tucumán el ministro dejó algunos conceptos interesantes: "me preocupa que los niños de la misma edad -sean tucumanos o porteños- completen los estudios en el tiempo correspondiente y tengan los conocimientos, las destrezas y los saberes que les permitan desenvolverse en la vida". Dijo también que lo que debe preocupar es la calidad de la educación, no la denominación o los rótulos que existen, y que no hay una medida mágica que asegure la calidad.
El sistema educativo no es ajeno a la realidad económica y social; por lo tanto, las soluciones van a salir de una política global para enfrentar la realidad adversa. Si los niños siguen yendo a la escuela primero a comer y luego a estudiar no se podrá avanzar demasiado. Si el maestro, en lugar de concentrarse en la formación de los chicos, tiene por prioridad ocuparse de darles de comer a ellos y, eventualmente, a sus padres, no se modificará la realidad, porque esa no es la misión de la escuela. Y si no se educa a los padres analfabetos tampoco habrá demasiados cambios.
Es hora de que la clase gobernante y la sociedad en conjunto dejen de mirar el árbol para ver el bosque, porque tal vez no haya ya demasiadas oportunidades para evitar la debacle.

Tamaño texto
Comentarios