Los psiquiatras suelen luchar contra el mal de los pacientes depresivos preguntándoles qué piensan hacer dentro de 30 años. Algo parecido plantea el ministro de Educación nacional, Daniel Filmus, cuando dice que los chicos que ahora quedan al margen no tendrán ninguna oportunidad de futuro y analiza qué pasará con los que terminen la primaria en 2010, la media en 2015 y la universidad en 2020. "Eso define el perfil de país y un modelo de trabajo hasta 2060", aclara. Plantea pensar más allá del ahora y mirarse dentro de dos, tres o cinco décadas. Y para ello hay que tener un programa, saber qué se quiere hacer.
Hasta ahora, los tucumanos hemos estado como pacientes depresivos. Pasaron cosas terribles, pero hicimos como que no importó y nuestra mirada al futuro abarcó apenas el día siguiente. Y la realidad nos cayó encima, con cifras inquietantes. Los alumnos tucumanos perdieron dos ciclos educativos completos en diez años, no se invirtió en infraestructura y la matrícula escolar está explotando en la cara de las autoridades (se duplicó la cantidad de alumnos); en la periferia el 80% de los niños está fuera del sistema escolar y los maestros pasan gran parte de su tiempo tratando de contener necesidades primarias de los chicos (como comer) y no pedagógicas. Ni siquiera se puede dar de comer a todos, a juzgar por los problemas que tienen ahora para montar los comedores escolares de verano. Las evaluaciones educativas fueron desalentadoras. El diagnóstico de la última, realizada con alumnos del polimodal, mostró que el 87% de los estudiantes fue desaprobado.
Idas y vueltas
Los encargados de hacer esta prueba, llamada "Trabajando en la calidad educativa", señalaron que hubo marchas y contramarchas en el sistema. Cuatro cambios de estructuras curriculares en los últimos tres años, y fallas en la formación docente. Y como los que hicieron la prueba formaron parte de las autoridades educativas del pasado gobierno de Julio Miranda, obviaron mencionar la gran contramarcha que fue la anulación de la EGB 3 en el sistema público tucumano, que ocasionó un retroceso que ahora hay que remontar. Lo exige no sólo el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, sino la lógica: en nuestra provincia hay, desde el momento en que se implementó el decreto 390, dos sistemas educativos, uno para los privados y otro para los estatales, y la Ley Federal no se pudo aplicar en su totalidad.
La decisión de la Corte obligó a las nuevas autoridades a acatar calladas la orden. Pero no saben cómo hacerlo, ya que la Nación apenas promete construir unas cuantas escuelas en pocos años mientras hay 14.000 chicos que todavía no pueden inscribirse en 7º año porque no se sabe si se implementará la EGB 3 en unas 500 escuelas. Filmus, cuya presencia en Tucumán fue un espaldarazo a Alperovich y a su secretaria, Susana Montaldo, dijo muy poco respecto de la educación tucumana. Sabe que esta provincia está en falta en todo y ni siquiera con un año de relativa tranquilidad de los gremios docentes se pudo cumplir con el pedido nacional de lograr 180 días de clase. Filmus apenas esbozó que lo que debe preocupar es la calidad de la educación y que sólo se puede hablar de medidas de mediano y de largo plazo, como dándoles un margen de acción a los tucumanos.
Los días que vienen traen una dura prueba. Los padres de los alumnos que no pueden inscribirse en 7º están preocupados. El gremio ATEP -que todavía recela de la EGB 3- está en alerta ante el cambio del sistema. Por ahora impera la incertidumbre frente a lo que hay que hacer en el presente. Las autoridades no piensan en el futuro. Pero habrá que encararlo antes o después, porque será la única forma de salir del pozo. Vivir sólo en el presente nos ha dejado como estamos.







