Asustar y revisar

Una forma de conducir haciendo "terrorismo".

12 Noviembre 2003
Asustar, presionar, doblegar. Son las características que marcan el "estilo Al". Con esta estrategia, el gobernador José Alperovich impuso a los sindicatos estatales las leyes que no querían y sentó al frente de la intendencia de la capital a un peronista, algo que reclamó Néstor Kirchner desde el 9 de julio. Domingo Amaya, el ungido con los votos del miedo de los concejales, será un simple delegado del Poder ejecutivo, un brazo ejecutor de decisiones que se tomarán en la Casa de Gobierno. En los hechos es una intervención encubierta, que se trata de disimular con un baño exterior de acuarela democrática. Alperovich corre un gran riesgo al hacerse cargo del municipio capitalino, pero los efectos políticos pueden beneficiarlo si cambia mínimamente la imagen de la ciudad.
En el principal municipio de Tucumán la oposición al peronismo siempre tuvo campo fértil. Allí germinaron y se consolidaron las expresiones antijusticialistas, especialmente en la gestión anterior. En la capital se abrió paso Fuerza Republicana, ganó Ricardo López Murphy, creció la figura de Esteban Jerez y se fortalecieron dirigentes independientes. Tener la opinión pública capitalina a favor le otorga al elegido una amplia base de sustento político. Precisamente, eso es lo que necesitará Alperovich en 2005 para dirimir una posible lucha con la dirigencia del peronismo por los espacios de poder.
La capital ya es suya. Es un doble mensaje, al poder central y al resto de las autoridades políticas locales, sobre quién manda en la provincia. Todo a partir de aquella estrategia. Es decir, asusta a concejales e intendentes con la posibilidad de intervenir municipios con sólo 21 votos legislativos y presiona a los jefes municipales a partir del manejo centralizado de los recursos públicos. La intención es doblegarlos, ya sea para que hagan bien las cosas -apuntando al bien común, según repite- o bien para encauzarlos en un proyecto político ambicioso. Por ahora tiene las mejores cartas. Pero en política, lo que hoy juega a favor, mañana puede ser un contrapeso.
Además, Alperovich explota otro elemento, no siempre con perspicacia. Como parte de su sistema de asustar y de presionar -"hago terrorismo", suele decir-, incorporó el concepto de revisión para acallar a los díscolos. En cada aparición pública repite que va a revisar todo y que no habrá impunidad. El mensaje tiene destinatarios específicos, pero sucede que cuando le piden nombres de corruptos, elude la respuesta. Deja todo en medias tintas. No le interesa que el mensaje cale en la sociedad sino que les llegue a unos pocos.
Aquí es donde se entrampa en sus propias palabras. Habla de revisión y de corrupción pero se ve obligado a callar porque debe pensar primero en Julio Miranda. Aunque no lo quiera reconocer, le debe al senador su puesto de gobernador. Como gesto, y sólo por ahora, no puede hablar en su contra o sacar a relucir posibles aspectos negativos de la administración mirandista. Tal vez, para poner una distancia imaginaria con su antecesor, es que no se sienta en el famoso sillón de Lucas Córdoba que usó Miranda, y que hoy está en una esquina de su despacho. Pero existen documentos sobre manejos dudosos de los fondos públicos, que sólo le sirven para acallar a los que podrían instalarse en la vereda de enfrente a tirar tempranas piedras. ¿Qué tiene Alperovich en su poder para silenciarlos o mantenerlos a raya? Una larga lista de subsidios otorgados, en la que aparecen varios gremios estatales como principales receptores de fondos del Poder Ejecutivo. Los papeles podrían servir para objetar ética y moralmente tanto a los que los aprobaron como a los que recibieron los recursos.
Son cartas que se tienen y que se guardan, ya sea por conveniencia o por amistad. Todo forma parte del estilo Al en estas primeras semanas de ejercicio del poder con cierto éxito: asustar, presionar, doblegar.

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