11 Noviembre 2003 Seguir en 
José Alperovich lo hizo. El gobernador lo quería así. Ningún integrante de su equipo se puso rojo cuando el primer mandatario decidió que el intendente de Tucumán sea Domingo Amaya.
Cuando Antonio Bussi escuchó "Marche preso" de boca del juez Jorge Parache, el titular del Poder Ejecutivo ya tenía en su cabeza que el futuro intendente de la capital sería un peronista. Amaya era el elegido.
Carolina Vargas Aignasse fue electa presidenta del Concejo Deliberante, pero para cuando se sentó en el sillón de intendenta ya le habían hecho la cruz desde la Casa de Gobierno. Por eso, cada vez que fue a los despachos del palacio de 25 de Mayo y San Martín escuchó los sones del "Aserrín, aserrán". Pidió pan y no le dieron; pidió queso... y mejor ni hablemos.
Los lugartenientes del "general" Alperovich tuvieron reuniones con los concejales. En esos encuentros quedó claro que el gobernador quería el control del municipio. Para ello necesitaba que los lugares estratégicos estuvieran ocupados por personas de su confianza. Los recursos llegarán, pero a cambio las secretarías de Gobierno y de Hacienda, la fiscalía Municipal y Rentas debían estar manejadas por esas personas. Los dichos nunca fueron directos pero todo quedó sobreentendido.
"Sí, José"
Cuando juraron, una gran mayoría de los 18 ediles de la capital se dijo a sí mismo "sí, José". Sabían que sobre sus cabezas pendía la posibilidad de ser intervenidos en cualquier momento. Se perderían una dieta de más de 2.000 pesos y unos 13.000 pesos para contratos, tal cual lo prevé el presupuesto actual del Concejo. El ahorro de más de 7 millones de pesos era una suma apetecible para Alperovich, quien ya tenía el cabeza que una buena gestión municipal era oxígeno puro para su propia administración.
Claro que después de la derrota electoral que sufrió el peronismo el 26 de octubre pasado la cosa no estaba para generar grandes cambios, como lo hubiera sido la intervención al municipio y al Concejo. Tampoco ayudaba la estructura del gabinete provincial, donde los peronistas históricos no figuraban ni por casualidad. Ahora, Alperovich le cede hasta mayo de 2005 la intendencia al peronismo.
Es tal el poder del "general", que los concejales de la oposición agacharon la cabeza, y no sólo aceptaron el nombre de Amaya sino que tampoco ellos se pusieron "colorados" y avalaron una ordenanza que facilita el control del Poder Ejecutivo sobre el municipio. La norma está al borde de sobrepasar la autonomía municipal. También es cierto que después de las gestiones de los ex bussistas Oscar Paz y Raúl Topa la independencia de la capital es mera declamación. El municipio está fundido, y si el Ejecutivo no lo ayuda no saldrá adelante.
La "listita"
Anoche, el flamante intendente también dijo "sí, José". Apenas terminó la sesión, a la cual asistió especialmente Alperovich -lo cual no ocurrió cuando juró Vargas Aignasse-, Amaya se fue a armar el gabinete. En un bolsillo tenía una listita que le habían hecho llegar desde el Ejecutivo. Con buenos ojos se vería que el ex legislador Germán Alfaro sea secretario de Gobierno y que Eduardo Jairala se haga cargo de Hacienda; y en Obras Públicas -aunque un tanto borroso- se leía el nombre de Jorge Selis.
Alperovich, finalmente se salió con la suya. El "general" sigue acaparando poder y el control de la provincia. Desde ayer ya tiene bajo su ala al municipio más importante. Hasta los ediles de la oposición accedieron a que la capital sea casi una secretaría más de la Casa de Gobierno. Mientras tanto, Antonio Bussi, el intendente electo, mira todos estos movimientos por TV.
Cuando Antonio Bussi escuchó "Marche preso" de boca del juez Jorge Parache, el titular del Poder Ejecutivo ya tenía en su cabeza que el futuro intendente de la capital sería un peronista. Amaya era el elegido.
Carolina Vargas Aignasse fue electa presidenta del Concejo Deliberante, pero para cuando se sentó en el sillón de intendenta ya le habían hecho la cruz desde la Casa de Gobierno. Por eso, cada vez que fue a los despachos del palacio de 25 de Mayo y San Martín escuchó los sones del "Aserrín, aserrán". Pidió pan y no le dieron; pidió queso... y mejor ni hablemos.
Los lugartenientes del "general" Alperovich tuvieron reuniones con los concejales. En esos encuentros quedó claro que el gobernador quería el control del municipio. Para ello necesitaba que los lugares estratégicos estuvieran ocupados por personas de su confianza. Los recursos llegarán, pero a cambio las secretarías de Gobierno y de Hacienda, la fiscalía Municipal y Rentas debían estar manejadas por esas personas. Los dichos nunca fueron directos pero todo quedó sobreentendido.
"Sí, José"
Cuando juraron, una gran mayoría de los 18 ediles de la capital se dijo a sí mismo "sí, José". Sabían que sobre sus cabezas pendía la posibilidad de ser intervenidos en cualquier momento. Se perderían una dieta de más de 2.000 pesos y unos 13.000 pesos para contratos, tal cual lo prevé el presupuesto actual del Concejo. El ahorro de más de 7 millones de pesos era una suma apetecible para Alperovich, quien ya tenía el cabeza que una buena gestión municipal era oxígeno puro para su propia administración.
Claro que después de la derrota electoral que sufrió el peronismo el 26 de octubre pasado la cosa no estaba para generar grandes cambios, como lo hubiera sido la intervención al municipio y al Concejo. Tampoco ayudaba la estructura del gabinete provincial, donde los peronistas históricos no figuraban ni por casualidad. Ahora, Alperovich le cede hasta mayo de 2005 la intendencia al peronismo.
Es tal el poder del "general", que los concejales de la oposición agacharon la cabeza, y no sólo aceptaron el nombre de Amaya sino que tampoco ellos se pusieron "colorados" y avalaron una ordenanza que facilita el control del Poder Ejecutivo sobre el municipio. La norma está al borde de sobrepasar la autonomía municipal. También es cierto que después de las gestiones de los ex bussistas Oscar Paz y Raúl Topa la independencia de la capital es mera declamación. El municipio está fundido, y si el Ejecutivo no lo ayuda no saldrá adelante.
La "listita"
Anoche, el flamante intendente también dijo "sí, José". Apenas terminó la sesión, a la cual asistió especialmente Alperovich -lo cual no ocurrió cuando juró Vargas Aignasse-, Amaya se fue a armar el gabinete. En un bolsillo tenía una listita que le habían hecho llegar desde el Ejecutivo. Con buenos ojos se vería que el ex legislador Germán Alfaro sea secretario de Gobierno y que Eduardo Jairala se haga cargo de Hacienda; y en Obras Públicas -aunque un tanto borroso- se leía el nombre de Jorge Selis.
Alperovich, finalmente se salió con la suya. El "general" sigue acaparando poder y el control de la provincia. Desde ayer ya tiene bajo su ala al municipio más importante. Hasta los ediles de la oposición accedieron a que la capital sea casi una secretaría más de la Casa de Gobierno. Mientras tanto, Antonio Bussi, el intendente electo, mira todos estos movimientos por TV.
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