10 Noviembre 2003 Seguir en 
Directivos del Colegio de Arquitectos de Tucumán entrevistados por LA GACETA con motivo del Día del Urbanismo hicieron apreciaciones sobre nuestra ciudad que interesa comentar.
Señalan que Tucumán es una urbe donde cada vez resulta más difícil vivir adecuadamente, ya que -pese a que la Organización Mundial de la Salud recomienda ocho metros de espacios verdes por habitante- cuenta con apenas cuatro. Ello, a diferencia de ciudades argentinas como Rosario que, a pesar de su carácter netamente industrial, tiene 10 metros de espacios verdes por habitante. Ha logrado ese porcentaje gracias a que las sucesivas intendencias, desde hace dos décadas y por encima de las filiaciones políticas, no se apartan de la planificación de crecimiento que implantaron mediante un concurso internacional.
A los expertos les parece urgente contar con un plan que ordene y regule la ciudad. Les asiste profunda razón. San Miguel de Tucumán ha crecido de manera anárquica, no porque no hayan existido proyectos de encauzamiento, sino porque esos planes no fueron aplicados. La ciudad se desarrolla de una manera caprichosa y errática, lo que significa el agravamiento de sus viejos problemas y la creación de otros nuevos, como es lógico suponer.
Indudablemente, esta cuestión está influenciada por la casi permanente situación de quiebra del organismo municipal. Como hemos reiterado en incontables ocasiones, un municipio cuyas preocupaciones centrales pasen por el pago de sueldos al personal y muy poco más no puede encarar la solución de los desafíos que plantea una urbe de más de medio millón de habitantes.
Esta es la cuestión troncal, y mientras ella no se solucione resultará imposible caminar más adelante. Señalan los arquitectos, como ejemplo, algunas "grandes deudas" que mantiene San Miguel de Tucumán con sus habitantes: piensan en un Parque Central a diseñarse en los predios de la remodelación ferrourbanística; en el destino de los terrenos libres de avenida Roca; en el rediseño del Predio Ferial; en la recuperación de las márgenes del río Salí; en el arbolado de las peatonales; en alguna solución para el degradado entorno de la Casa de la Independencia, entre otras cosas. Nadie podría discutir que están en lo cierto.
Puesto que existe una nueva conducción en la Municipalidad, los asuntos que atañen al futuro inmediato de la capital no pueden continuar sin recibir un tratamiento concienzudo, realista y responsable. No se trata de inventar demasiado. Sobran, guardados en cajones, los proyectos enderezados a dotar a nuestra capital de un horizonte urbanístico distinto del que tiene y que es, repetimos, producto del capricho, ya que las autoridades nunca parecen haber tenido tiempo para sentarse a pensar.
No es un secreto para nadie que en el mundo actual se ha reordenado el papel de las ciudades, ya que, como dice un estudio, ellas son "la residencia de la mayor parte de la población, el epicentro del poder y de la actividad económica terciaria como soporte de la economía".
Las situaciones conflictivas que presenta Tucumán son múltiples, y no admiten ya dilaciones en lo que respecta a su tratamiento. Ha llegado la hora, entonces, de plantear seriamente las pautas y las modificaciones, con un sentido de continuidad. Según el presidente del Colegio de Arquitectos "nuestra ciudad se encuentra en un momento histórico coyuntural de excepción para producir las profundas transformaciones que necesita, para actuar en forma democrática y racional". Piensa que es hora de revertir años de inacción y de desidia, traducidos en un deterioro que todos tenemos a la vista. Hay que ponerse en situación de hacerlo sin pérdida de tiempo, para detener la degradación y la inercia actuales.
Señalan que Tucumán es una urbe donde cada vez resulta más difícil vivir adecuadamente, ya que -pese a que la Organización Mundial de la Salud recomienda ocho metros de espacios verdes por habitante- cuenta con apenas cuatro. Ello, a diferencia de ciudades argentinas como Rosario que, a pesar de su carácter netamente industrial, tiene 10 metros de espacios verdes por habitante. Ha logrado ese porcentaje gracias a que las sucesivas intendencias, desde hace dos décadas y por encima de las filiaciones políticas, no se apartan de la planificación de crecimiento que implantaron mediante un concurso internacional.
A los expertos les parece urgente contar con un plan que ordene y regule la ciudad. Les asiste profunda razón. San Miguel de Tucumán ha crecido de manera anárquica, no porque no hayan existido proyectos de encauzamiento, sino porque esos planes no fueron aplicados. La ciudad se desarrolla de una manera caprichosa y errática, lo que significa el agravamiento de sus viejos problemas y la creación de otros nuevos, como es lógico suponer.
Indudablemente, esta cuestión está influenciada por la casi permanente situación de quiebra del organismo municipal. Como hemos reiterado en incontables ocasiones, un municipio cuyas preocupaciones centrales pasen por el pago de sueldos al personal y muy poco más no puede encarar la solución de los desafíos que plantea una urbe de más de medio millón de habitantes.
Esta es la cuestión troncal, y mientras ella no se solucione resultará imposible caminar más adelante. Señalan los arquitectos, como ejemplo, algunas "grandes deudas" que mantiene San Miguel de Tucumán con sus habitantes: piensan en un Parque Central a diseñarse en los predios de la remodelación ferrourbanística; en el destino de los terrenos libres de avenida Roca; en el rediseño del Predio Ferial; en la recuperación de las márgenes del río Salí; en el arbolado de las peatonales; en alguna solución para el degradado entorno de la Casa de la Independencia, entre otras cosas. Nadie podría discutir que están en lo cierto.
Puesto que existe una nueva conducción en la Municipalidad, los asuntos que atañen al futuro inmediato de la capital no pueden continuar sin recibir un tratamiento concienzudo, realista y responsable. No se trata de inventar demasiado. Sobran, guardados en cajones, los proyectos enderezados a dotar a nuestra capital de un horizonte urbanístico distinto del que tiene y que es, repetimos, producto del capricho, ya que las autoridades nunca parecen haber tenido tiempo para sentarse a pensar.
No es un secreto para nadie que en el mundo actual se ha reordenado el papel de las ciudades, ya que, como dice un estudio, ellas son "la residencia de la mayor parte de la población, el epicentro del poder y de la actividad económica terciaria como soporte de la economía".
Las situaciones conflictivas que presenta Tucumán son múltiples, y no admiten ya dilaciones en lo que respecta a su tratamiento. Ha llegado la hora, entonces, de plantear seriamente las pautas y las modificaciones, con un sentido de continuidad. Según el presidente del Colegio de Arquitectos "nuestra ciudad se encuentra en un momento histórico coyuntural de excepción para producir las profundas transformaciones que necesita, para actuar en forma democrática y racional". Piensa que es hora de revertir años de inacción y de desidia, traducidos en un deterioro que todos tenemos a la vista. Hay que ponerse en situación de hacerlo sin pérdida de tiempo, para detener la degradación y la inercia actuales.
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