De bombero a desarrollista

Lavagna busca dejar de lado su papel frente a la crisis y llevar adelante planes de mediano plazo.

09 Noviembre 2003
Por Hugo E. Grimaldi

BUENOS AIRES.- A veces con cierto aire de superioridad, pero también con mucha convicción, Roberto Lavagna puso una nota positiva en el cierre del Coloquio de IDEA. Después de tres días de mucha incertidumbre entre los hombres que toman decisiones, el ministro de Economía le cambió la cara a buena parte del auditorio, a partir del anuncio de un Plan -del cual aún no se conocen los instrumentos- ligado al desarrollo, y que apunta a cierto horizonte con mayor perspectiva.
Los asistentes al cierre del encuentro empresario escucharon y vieron, durante una hora, en Mar del Plata, a un ministro que explicitó su vocación de dejar de ser bombero. Y que dejó en claro que, bajo la advocación de Arturo Frondizi, pretende convertirse de ahora en más en un hacedor de políticas de mediano plazo.
Pero no de cualquier mediano plazo, sino de un mix que considere la combinación del uso extensivo de recursos naturales y el intensivo de los recursos humanos. Un proyecto salido del laboratorio del viceministro Oscar Tangelson que, a grandes rasgos, apunta a aprovechar las ventajas del suelo y el subsuelo y a sumar conocimiento exportable a partir de actividades que promuevan la capacidad de adaptación e invención.

Debate irresuelto
Lo más interesante de esta toma de posición fuera de la coyuntura, a la inversa de los anuncios que el ministro había hecho el día anterior en Rosario junto a la UIA, es que, pese a que Lavagna casi planteó el proyecto de mediano plazo como un hecho consumado, aparece una oportunidad clara de poner sobre el tapete un debate irresuelto por generaciones en el seno de la sociedad: cómo puede hacer la Argentina para aprovechar sus ventajas comparativas y definir hacia dónde ir.Este planteamiento tan de fondo, que responde además al criterio de sustentabilidad que se le exige a la Argentina desde hace mucho tiempo, estuvo en línea con el ambiente reflexivo y de autocrítica que propició IDEA puertas hacia adentro, en paneles dedicados a la integración; la gobernabilidad, la relación política y comercial con los EE.UU.; la UE y el Mercosur; la generación de empleo; la reconstrucción del crédito; la educación y el rol del empresariado.
Sin embargo, la sal y la pimienta del Coloquio estuvo en los pasillos del Sheraton marplatense, ya que allí se planteó que las grandes incógnitas empresariales de corto plazo aún subsisten desde dos vertientes principales: la economía y la política.
En materia económica, el mismo Lavagna defendió su gestión y dijo que puede reconocer que existen algunas dudas, pero los números hablan. Los oráculos han corrido el tremendismo al 2005 o al 2006, golpeó con alguna soberbia a varios de sus colegas economistas.
En otro plano, el ministro pateó la pelota afuera cuando reconoció que las sucesivas prórrogas del Congreso a las ejecuciones hipotecarias no fueron de su agrado, pero que las aceptó porque no tiene la suma del poder público.

Los ajustes tarifarios
Y sonó a sincero cuando se despegó de Julio de Vido y explicó que sigue siendo partidario de hacer algunos ajustes en las tarifas de gas y electricidad, y que sólo queda la decisión política sobre el momento en manos del Presidente. No obstante, en el sector dicen que ya estaría preparada la resolución para conformar la mesa de renegociación de contratos de las empresas eléctricas, paso previo al retoque.
En el tema de la relación con la política existe consenso respecto de que a esa duda sólo la puede despejar Néstor Kirchner, ya que, pese a algunos ticks que comienzan a reconocérsele, el Presidente sigue siendo impenetrable para los empresarios y eso todavía los asusta. Se pasaron dos jornadas discutiendo si la mención "corporaciones" fue un tiro por elevación anticapitalista o si Kirchner se había referido también a los políticos, a la Policía, a los sindicalistas o a los piqueteros. Hasta que llegó la bocanada de aire fresco que generó Lavagna, los pasillos estaban llenos de empresarios confundidos, en busca de señales positivas del Gobierno que justifiquen algún intento serio de inversión para el año próximo. Y se mostraron mucho más confundidos aún, tras la descolgada bravata discursiva del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que algunos asistentes al encuentro estuvieron a punto de acallar -además del murmullo reprobatorio- con silbidos o algo más.
"Hace cinco años venía al Coloquio a hablar de negocios y hoy tengo que hablar de política", comentó muy fastidiado el CEO regional de una multinacional de electrodomésticos. "Mientras tanto, en Chile, con tres veces menos de población, se venden por año más televisores que en la Argentina", se quejó para graficar la pérdida de tiempo, que atribuyó al Gobierno.
El ministro de Economía los sermoneó pero, a su estilo, también les hizo algunos "mimos". Eso los tranquilizó bastante. Aunque no todos comulguen con su visión apocalíptica de los 90 ("a la que llamo y seguiré llamando, la década desperdiciada", dijo) sin concederle casi ni un solo logro, los empresarios debieron reconocer que el ministro cambió transitoriamente el clima.
Y mucho más habría cambiado si Lavagna les hubiera contado que, en pocos días más se darán a conocer dos inversiones verdaderas en el área de la minería. Nada menos que la japonesa Mitsubishi arriesgará U$S 500 millones en Sierra Grande, mientras que está a punto de concesionarse Veladero, un yacimiento de oro a flor de tierra a 4.000 metros de altura, en la provincia de San Juan. (DyN)

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