Que Dios y la patria...

Un juramento que prácticamente ha perdido sentido.

09 Noviembre 2003
Por Roberto Espinosa

En 1976, durante el gobierno de Isabel Perón, la deuda externa del país rondaba los U$S 7.500 millones. Llegaron los militares y, a lo largo de su aciago reinado, la incrementaron en U$S 48.000 millones -sumando la deuda privada a la pública-. Raúl Alfonsín la llevó a alrededor de U$S 60.000 millones y Carlos Menem la hizo trepar a U$S 130.000 millones. ¿Cuál fue el destino de tanto dinero si el resultado en casi tres décadas es desocupación, analfabetismo, miseria, quebranto económico y ético? Que Dios y la patria me lo demanden.
Como si no hubiesen tenido responsabilidad alguna en la debacle de la nación, la mayoría de quienes pasaron por estos gobiernos se recicló en el poder: de ministros a legisladores, de legisladores a ediles y viceversa, de militares a intendentes o a diputados nacionales, etcétera. Cientos de economistas que pasaron por el Ministerio y que aportaron su plomo para el naufragio, siguen opinando sobre lo que nos conviene a los argentinos, pero están más concentrados en sus propios intereses. Que Dios y la patria me lo demanden.
Tucumán, por cierto, no se quedó atrás. En los años 90, el cantautor de Villa Mercedes dejó una deuda de $ 700 millones. El general retirado llevó la morosidad a casi $ 1.100 millones; mientras que su sucesor, el ex gobernador, devenido senador, logró que los tucumanos les debiéramos a los acreedores más de $ 3.000 millones, devaluación mediante. ¿En qué se invirtió el dinero si la provincia está casi devastada? Que Dios y la patria me lo demanden.
Las últimas gestiones municipales de San Miguel de Tucumán terminaron envueltas en múltiples denuncias de irregularidades de todo tipo. Se habla desde hace un tiempo de la existencia de una Municipalidad paralela. La deuda del municipio ronda los $ 250 millones. Un ex edil y luego intendente está acusado de administración fraudulenta y de incumplimiento en sus deberes de funcionario público. En lugar de esperar que su situación se aclarara en la Justicia, asumió como legislador. Un ex concejal, luego legislador y ahora nuevamente edil, efectuó más de 100 nombramientos en el municipio en enero de 1999 y fue luego requerido por la Justicia. ("Me siento feliz por haber dado trabajo", declaró, claro, pero a costa del erario). Un ex intendente del interior -actualmente legislador- estuvo acusado de malversar $ 100.000 y de balear a un concejal. En los dos últimos casos, se archivaron las causas. Que Dios y la patria me lo demanden.
Entre 1990 y 1999, llegaron a Tucumán $ 102,6 millones a través de los Aportes del Tesoro Nacional. Se supo, por ejemplo, que Santa Ana, una localidad acorralada por la desocupación y por los niños en estado de desnutrición, había recibido teóricamente $ 2 millones; que a Simoca le llegó un 60% menos del dinero que debería haber recibido, o que el pueblo de Garmendia nunca se hizo acreedor a los $ 2,5 millones enviados, de acuerdo con las planillas de la Subsecretaría de Relaciones Económicas con las Provincias. Que Dios y la patria me lo demanden.

En el camino
De la gestión del último Gobierno -varios de sus funcionarios y de nuestros representantes integran la gestión actual-, quedaron en el camino cerca de 500 causas por aparentes actos de corrupción; entre ellas, el cobro indebido de gastos de bloque; las supuestas coimas para declarar la reforma constitucional, los bonos mellizos, los fondos de la escuela Griet, la llamada ley Dinar, la fundación Pibe y la posible desviación de fondos de planes sociales (Posoco). Que Dios y la patria me lo demanden.
Hay quienes aseguran que el temblor reciente que puso nerviosos a miles de tucumanos, fue una advertencia celestial que recuerda a Sodoma y Gomorra. "Si fuera gobernador le prendería fuego a la provincia y después me prendería fuego por ser el gobernador; tendría que ser el primero en quemarme. Esto ya no tiene hechura", dice el músico tucumano Rolando "Chivo" Valladares.

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