El ex Mercado de Abasto

Otra muestra más de la ineficiencia de la dirigencia tucumana.

09 Noviembre 2003
La improvisación, la inconstancia; armar proyectos y dejarlos suspendidos en el aire; la poca fe y, a menudo, la falta de seriedad, de responsabilidad; obrar como el perro del hortelano (que no come ni deja comer); comenzar algo y abandonarlo a mitad del camino o apenas en el inicio; creer que con sólo expresar una idea esta se convierte en realidad; hablar de lo que se hará para finalmente no hacer nada inmediatamente en realidad son algunas de las características salientes de la dirigencia tucumana de las dos últimas décadas.
El Mercado de Abasto fue habilitado en el corazón del barrio de La Ciudadela en 1934, durante la intendencia de Juan Luis Nougués. El edificio, con galerías tipo recova, fue diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch. Durante cinco décadas, marcó el pulso económico no sólo de la barriada, sino de miles de amas de casa que podían adquirir hortalizas en cantidad y a menor costo. En 1998, el mercado fue trasladado para convertirse en Mercofrut y el edificio quedó abandonado.
La primera ordenanza municipal, luego del cierre, declaró al antiguo edificio patrimonio cultural histórico de San Miguel de Tucumán. Al poco tiempo, se proyectó convertirlo en un centro cultural y, más adelante, en un centro comercial. Se habló de revalorizar la zona; que se elaborarían a la brevedad los pliegos de licitación, etcétera. Sobrevino entonces una súbita amnesia -que ya se ha transformado en una mala costumbre-, hasta que en mayo pasado, sin que hubiese un argumento convincente que lo justificara, la Municipalidad demolió la cerca perimetral del ex mercado. Se reavivó entonces la polémica sobre qué hacer con el histórico edificio, pero de tanto hablar nadie se ocupó ni siquiera de retirar los escombros y ya transcurrieron casi seis meses.
Según un funcionario municipal, la propuesta es ahora recuperar el edificio para que se realicen allí actividades culturales, con apoyo comercial -sin que esto sea lo esencial-, pero dentro de un contexto urbano, preservando las características arquitectónicas del barrio La Ciudadela, con conexión visual con el instituto Miguel Lillo. "Para ello, habría que hacer caer la ordenanza anterior e impulsar una nueva con la redeterminación del uso que se le debe dar al ex mercado", afirmó el actual director municipal de Planificación Urbanística Ambiental.
Han pasado casi cinco años desde que el ex Mercado de Abasto quedó en el abandono absoluto. A causa de la inseguridad y de la basura, varios comerciantes han bajado las persianas de sus negocios y muchos vecinos han puesto en venta sus propiedades.
No es la primera vez que un proyecto queda prácticamente en su formulación. Sucedió, por ejemplo, con la Quebrada del Portugués, o con la demolición de la ex papelera, donde se iba a construir el palacio municipal, o con el edificio de la Cervecería Norte que provocó una larga controversia y reavivó la necesidad de contar con una ley de patrimonio seria. Las voces de expertos no lograron impedir que el edificio fuera demolido porque iba a instalarse en el predio un poderoso supermercado francés, que finalmente desistió de su idea. El resultado es que un edificio histórico quedó convertido en un enorme baldío.En otras ciudades del país, este tipo de edificios han sido restaurados o adaptados para actividades culturales.
Justamente estos espacios escasean en San Miguel de Tucumán. Cabe preguntarse entonces por qué en otros lugares los proyectos se transforman en realidad en un tiempo prudencial, en tanto que en nuestra provincia quedan, por lo general, en su formulación. Ideas no faltan -más bien sobran-, pero da la impresión de que existe una suerte de incapacidad para llevar las palabras a los hechos.

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