Secuestrados por el temor

Se observa un confuso diálogo público de sectores oficiales que dejan un vacío de certidumbre sobre las medidas que se adoptan ante los secuestros.

04 Noviembre 2003
BUENOS AIRES.- Es muy poco probable que el presidente Kirchner pueda salir del agobiante círculo de presiones provocadas por la inseguridad, antes de que se advierta algún resultado positivo concreto. Tanto el gobierno nacional como el bonaerense se han empeñado en restar al cacerolazo del viernes significado e intencionalidad políticos, pero ello no ha sido posible por la forma con que el propio Kirchner y su ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Beliz, apuntaron hacia los feudos duhaldistas evidenciando nuevamente una relación condicionada por antiguas diferencias. El "estilo K" conduce así una vez más a un vértice conflictivo sobre la cabeza del Presidente, mientras durante el último fin de semana el problema de los secuestros desplazaba al fútbol en trascendencia informativa. Por añadidura, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, advertía públicamente que su colega Beliz se equivocó y debió denunciar a los políticos supuestamente conniventes con el delito, a los que aludió sin precisión. La sorprendente filípica estimuló al fiscal plantense que convocó al titular de Justicia y Seguridad para que le dé testimonios de su generalizada denuncia.

Autodefensas
A partir de la sorprendente carta pública de la modesta familia Belluscio, -cuyo hijo está secuestrado desde hace 40 días y se ha convertido en paradigma del martirio- las custodias privadas en las zonas residenciales del conurbano bonaerense se reforzaron ostensiblemente y se han producido ausentismos notorios en los lugares públicos cercanos, habitualmente concurridos desde los atardeceres. Las familias temen por sus hijos y no se recuerda un sentimientos tan extendido de temor en múltiples comunidades, mientras se observa un confuso diálogo público de sectores oficiales a través de los medios, donde las imputaciones, más o menos veladas, dejan un vacío de certidumbre sobre las medidas que se adoptan. En una conocida audición televisiva, expertos y algún funcionario responsable no lograron ponerse de acuerdo cuando se les planteó qué sería más conveniente para una familia ante un secuestro de algún integrante, si avisar o no a la policía en medio de la desconfianza provocada por la penetración del delito en los cuerpos policiales.

Coincidencia
En medio de esa penumbra sicológica que afecta a la región metropolitana, hoy podrán constatarse las reacciones que entre los sectores piqueteros han tenido las ambiguas definiciones oficiales sobre el virtual secuestro del ministro de Trabajo por piquetes duros. La cita que desde el mediodía se ha convocado en lugares céntricos porteños para concurrir a la Plaza de Mayo con una larga ristra de exigencias, poco tiene que ver objetivamente con el problema de la protección individual ante los secuestros. Ambas cuestiones, sin embargo, se comunican en el puente común de la inseguridad pública y las dificultades políticas para restablecer un orden público razonable, el punto más débil que hasta ahora ha mostrado el Gobierno. (De nuestra Sucursal)

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