Desde que el miércoles pasado recibió el bastón de mando de la provincia, José Alperovich se preocupó por romper el hielo patagónico. El desaire del presidente Néstor Kirchner y su gabinete, al no asistir al acto de asunción, generó preocupación en el entorno del gobernador. Hay más: el jefe de Estado no levantó aún el teléfono para saludar a Alperovich.
El viernes comenzó el acercamiento con la Casa Rosada. Fue el ministro de Educación, Daniel Filmus, quien tanteó el estado de ánimo del mandatario provincial. "Che, por qué no le hablás al Presidente", habría sido el mensaje de Filmus a Alperovich. Este y sus más estrechos colaboradores saben que no son tiempos para dejar atrás la sensación de vacío que embargó al conductor de la provincia por la falta de crédito presidencial. Ocurre que pasará mucho tiempo hasta que el patagónico digiera la derrota electoral que las huestes republicanas de Antonio Bussi le propinaran al Partido Justicialista el 26 de octubre pasado.
Sin embargo, el gobernador quiere recuperar el cariño kirchnerista y ya teje la estrategia. Será diferenciándose de la gestión de Julio Miranda, quien, paradójicamente, lo convirtió al PJ; le abrió el Ministerio de Economía y lo proclamó senador y luego su sucesor. "No iré a Buenos Aires con las manos vacías", se le escuchó decir a Alperovich, al descartar un inminente viaje con destino a la Quinta de Olivos.
El nuevo Gobierno quiere generar efectos lo antes posible, para hacer desaparecer el estigma de que Tucumán es un caso perdido para la causa kirchnerista. Cada ministro del gabinete provincial planteará esta semana las medidas de urgentes que permitirían un cambio de imagen política, social y financiera de Tucumán. El plazo para los resultados no es mayor a dos meses.
Antecedentes
El mismo miércoles fue el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien se bajó del avión que traía a la comitiva nacional a Tucumán. Sin embargo, el ex presidente Eduardo Duhalde aprovechó su visita para testear la postura de Alperovich frente a la futura pelea que se dará en el país por la presidencia del consejo nacional del Partido Justicialista. Por lo pronto, Duhalde sedujo a Miranda, a quien considera un aliado de la primera hora.
Por ahora, Alperovich se asienta en sus propias fuerzas. En materia financiera, las circunstancias -esas mismas que le dejó su antecesor en el cargo- son propicias para cerrar el año sin mayores contratiempos. Pero aquí surge la gran pregunta: ¿hasta dónde podrá el Gobierno desarrollar un plan de gestión de emergencia sin el acompañamiento federal?
En el corto plazo se abrirán temas que definirán el escenario fiscal de 2004 para las provincias históricamente deficitarias, como es el caso de Tucumán. La discusión sobre la nueva ley de Coparticipación Federal de Impuestos y sobre la renovación del Plan de Financiamiento Ordenado se abrirá en medio del distanciamiento entre el Presidente y el gobernador. Lo malo sería que la cuestiones políticas se mezclen con las de Estado, de las que dependen 1,3 millón de habitantes de esta tierra. El programa fiscal es una de las llaves que abrirá la tranquilidad financiera para el año próximo y, a la vez, sostendrá la paz social, que se traduce en el cobro regular de salarios por parte de los estatales.
Alperovich está dando sus primeros pasos. Conserva todavía el crédito popular del que todo gobernador goza en los primeros tiempos de gestión. Pero para que ese crédito inicial se extienda por un período más prolongado el mandatario tendrá que solucionar rápidamente los problemas más urgentes que agobian a la población en salud, educación y seguridad. Esas soluciones dependerán, en gran medida, del apoyo institucional de la Casa Rosada a la nueva administración provincial.







