La política tucumana no sabe de pausas ni de treguas. El escenario provincial se transformó, después de las elecciones de congresistas nacionales del domingo pasado y de la asunción de José Alperovich. La prisión preventiva del ex gobernador Antonio Bussi completó el conjunto de mutaciones.Al peronismo ortodoxo le sorprendió la ofensiva que desató Alperovich desde que llegó a la Casa de Gobierno. Delante de Julio Miranda y de Eduardo Duhalde, leyó un discurso que los leales al ex gobernador tomaron como una declaración anticipada de guerra.
"Tenemos un Presidente que nos impulsa a un cambio", afirmó Alperovich. Con esas palabras se emparentó con la onda kirchnerista de enfrentar la corrupción administrativa y política. "De hoy en adelante, Tucumán no volverá a ser el mismo", profetizó, en franca actitud de ruptura.
El último miércoles de octubre empezó a fisurarse el acuerdo político que ligaba al mandatario entrante con el saliente.
Alperovich trazó la línea divisoria en el momento más bajo de Miranda. Este obtuvo 82.000 votos, el domingo pasado, contra los 183.000 que consiguió Alperovich cuando disputó una banca de senador en 2001.
Uno juega con las piezas blancas y el otro con las negras. Y la anulación de más de 800 nombramientos fue otro indicio que confirma las diferencias.
El extenso período que medió entre el 29 de junio y el 29 de octubre estuvo lejos de acercar a políticos y técnicos de los equipos oficialistas.
Abundan las anécdotas acerca de llaves de despachos que no se devolvieron a tiempo y de teléfonos celulares que no regresaron con rapidez a la Casa de Gobierno. Incluso, se dice que un ex ministro, de reciente militancia en el mirandismo, echó con voz destemplada al emisario que le pedía la restitución de un vehículo, tras la transferencia del mando. Las tiranteces por cuestiones baladíes revelaron tensiones mayores.
Del gabinete puesto en funciones, el que denotó mayor identificación pública con el peronismo, en las últimas décadas, es el secretario de Cultura, Ricardo Salim. Este ejerció un cargo de menor jerarquía, en el mismo ámbito, en el arranque del gobierno de Fernando Riera. Del resto del elenco, Edmundo Jiménez -en Gobierno- y Rogelio Mercado -en Trabajo- formaron parte del primer gabinete de Ramón Ortega.
La dirigencia peronista se sintió relegada cuando repasó la trayectoria de los ministros y secretarios de Estado. Algunos de ellos provienen de organizaciones y experiencias políticas sin puntos de conexión con la historia del peronismo.
Alperovich, en verdad, rompió amarras con los cuadros mirandistas. Cumplió, así, con lo prometido cuando reclutaba a especialistas y a políticos para su administración, en la etapa electoral.
Miranda, no obstante, confía en que el desgaste en el ejercicio del poder terminará empujando a Alperovich hacia la ortodoxia peronista. El actual senador no ocultó su fastidio ante los hombres de mayor confianza. Según los mirandistas, el vaticinio estaría corporizándose hacia el otoño de 2004.
Por el mal menor
Ante los legisladores, el nuevo gobernador desplegó algunas definiciones que no cayeron bien ni en la Justicia ni en la Cámara misma. El anuncio de la reforma constitucional -que relativizó luego al considerar que no era oportuna- coincidió también con la decisión de hacer regir la misma Carta Magna, que quiere demolerse.
Esta aparente contradicción se explica si se tiene presente que una elección de convencionales constituyentes en un clima político envenenado serviría para que los antirreformistas derroten al Gobierno. Los bussistas, según los datos de la última elección, se subirían en la cresta de la ola. El Tribunal Constitucional le daría al Gobierno más recursos políticos para enfrentar a una Legislatura hipotéticamente díscola. Para que aquel órgano adquiera existencia, se necesita la sanción de algunas leyes. Estas deberán crear el Tribunal, darle pautas reglamentarias y dotarlo de presupuesto.
La existencia de una institución que pueda emplazar a la Cámara para que trate proyectos de ley que demora en hacerlo por divergencias políticas o por la complejidad de la materia, es un asunto que pone los pelos de punta a más de un representante. Ante aquella perspectiva, la resistencia de los legisladores empieza a incubarse. El Gobierno acudirá al órgano que está por encima de los tres poderes clásicos cada vez que vea lesionado sus intereses o trabada su acción.
Jiménez diseñó un decreto de necesidad y urgencia en la época de Ortega con idéntica finalidad, pero que se derrumbó por falta de ratificación legislativa. Entonces, las relaciones de Ortega con el Poder Legislativo -básicamente con el PJ tradicional- eran tumultuosas.
Fernando Juri deberá moverse con la destreza de un acróbata. Por su condición de vicegobernador tiene que exponer la posición del Poder Ejecutivo, pero también debe plantear las inquietudes de los legisladores en la Casa de Gobierno. Y ante la ausencia de Miranda, desde el cargo de vicepresidente del PJ, se erige en la referencia obligada del peronismo ortodoxo. A los jueces de la Corte Suprema tampoco les agradó la idea del Gobierno. Se les recorta poder, en beneficio de un órgano que se injertó, en un tiempo en que las instituciones políticas y judiciales estaban desprestigiadas.
En la judicatura genera potentes anticuerpos un órgano que responde a una tradición jurídica extraña al modelo americano que rige en la Argentina.
Lecturas de las cifras
A una semana de la derrota mirandista y del triunfo de Fuerza Republicana, se extraen conclusiones del escrutinio final.Osvaldo Cirnigliaro otea un horizonte más propicio para su proyecto, que canalizó una franja importante del PJ descontento con Miranda. Cree que el ciclo de Olijela Rivas llegó a su fin en la política doméstica, por su performance electoral. "En el peronismo quedó en claro que Miranda está muerto, porque superó el récord de Rivas que había perdido con Bussi padre. Miranda perdió con el hijo", asegura el jefe del Partido Laborista. Se prepara para pelear por el liderazgo del PJ, frente a los comicios de 2005. Esteban Jerez ha decidido que Recrear carece de la consistencia política suficiente en Diputados y se integrará al bloque del Frente Cívico en esa Cámara del Congreso. Dentro de la UCR,se avecina un arduo debate entre los adeptos al Frente Cívico y los de la propuesta de José Ascárate.







