BUENOS AIRES.- Los ciudadanos votan cada cuatro años, los consumidores todos los días y los hombres de negocios cada vez que deciden invertir. Por eso, el Comunicado que 18 entidades empresarias dieron a conocer el viernes para respaldar "la negociación del Gobierno para la reestructuración de la deuda pública externa", puede considerarse apenas como un interesado Rosario de buenas intenciones.
Es que, ante el continuo látigo del presidente Kirchner, los empresarios ya aprendieron a decir primero que van a invertir y luego que acompañan, aunque frente a su círculo íntimo sostengan otra cosa. Se justifican diciendo que el aval al Gobierno tiene como objetivo proteger la continuidad de sus empresas y que es necesario proceder así, sin exponerse tanto, ya que el zig-zag continuo de las autoridades los obliga a seguir esa táctica.
Las escuetas 10 líneas del escrito, junto al besamanos que armó Roberto Lavagna para sustentar el show, sirvieron solamente para mostrar un apoyo formal al proceso que lleva adelante el ministerio de Economía y para enfatizar aspectos en los que nadie puede dejar de estar de acuerdo. Sobre todo en la secuencia que le gusta mostrar al ministro, a partir del superávit fiscal primario de 3% del PBI, convenido con el FMI.
La deuda social
De allí que los empresarios hayan asegurado que esa magnitud es la que resulta "compatible con el crecimiento económico y la atención de la deuda social". Tampoco dejaron de subrayar el "esfuerzo de la sociedad en su conjunto" para alcanzar ese excedente, nunca antes ofrendado a los organismos internacionales y presentado ante la opinión pública por el Gobierno como un rotundo éxito.
El ministro de Economía le había pedido a la sociedad un día antes que se encolumne tras la propuesta del Gobierno, sin advertir quizás que la mitad de la deuda a renegociar está en manos de argentinos en desgracia.
El corolario fue este desfile de empresarios, que hizo recordar los días de luna de miel que tuvieron muchos de ellos con el menemismo y Domingo Cavallo.
Pese al oportunismo que quedó en evidencia, ya que ninguno sacó la chequera, también resultó notorio que los firmantes eludieron referirse de modo preciso en el documento al contenido de la propuesta argentina y sobre todo al urticante porcentaje de quita. Quizás por este detalle no menor, el presidente Kirchner desde Puerto Madryn la emprendió agresivamente contra quienes, desde la oposición y desde sectores financieros, critican la quita de 75% propuesta por el Gobierno. "Esta es la posición definitiva del país. Que no nos corran con amenazas", dijo el Presidente aún a riesgo de no tener retorno en su promesa, si hubiere que negociar otro porcentaje, como seguramente ocurrirá.
Si bien la palabra "definitiva" parece demasiado rígida, los expertos dicen que la posibilidad de no reducir el número mágico de 75% para no desautorizar la palabra presidencial existe, siempre y cuando se juegue con los conceptos de "valor nominal" y "valor presente". Esta posibilidad es algo que el mercado estaría descontando, pero recién para una segunda instancia que podría ocurrir "entre enero y febrero", tal como dijo Lavagna.
En la City, también se descontaba el fracaso del road show que hizo Guillermo Nielsen por el mundo, ya que los números que empezaron a conocerse dejaron helados a los acreedores, aunque estaban advertidos de que "no se trata de una oferta final".
Todos los analistas tienen en claro que habrá mucho más que conversar aún, no sólo en materia de cálculos, sino también en cuanto al menú de bonos que puede surgir de combinaciones de plazos, tasas y monedas. Por eso, se auguran todavía buenos vientos bursátiles hasta que se conozca esa oferta final, aunque todo dependerá de la velocidad que quiera imprimirle el gobierno a la negociación. En este sentido, la prórroga concedida por el juez de Nueva York, Thomas Griesa antes de dictar resolución de embargo, le pone un horizonte de cierta premura al proceso y, por eso mismo, decir enero no suena tan descabellado.
Las dudas se mantienen
A esta buena noticia que distendió la tensión el viernes, se le sumó ese día otra no tan buena, ya que no cayó nada bien que 5 grandes bancos internacionales (Citigruop/SSB, Nomura, Deutsche, JPMorgan-Chase y BNP Paribas) no hayan querido acompañar al Gobierno en la negociación con acreedores privados, debido a su intransigencia.
Otro punto que abordan los hombres de negocios en privado son las dudas que les genera la cuestión fiscal, a la que describen como el talón de Aquiles que será necesario encauzar para reestructurar la deuda. Y también les preocupan los números comprimidos del presupuesto 2004.
En este aspecto, los mayores reparos surgen de aquellos que creen que se sobrestimaron los ingresos, a partir de una pauta inflacionaria excesiva, sólo para aumentar los gastos. En general, los técnicos creen en el tino de Lavagna y en su sincera vocación de sentarse sobre la caja si no se recauda tanto como se debe. Y además confían en la subestimación de los fondos a recaudar que podría sumar la demorada lucha contra la evasión.
Y en voz muy baja, los empresarios locales también se quejan del trato privilegiado y sin latigazos que reciben los piqueteros por parte del Gobierno. Aunque ahora se dicen reconfortados por la nutrida presencia oficial que habrá en el Coloquio de IDEA: viajarán a Mar del Plata nada menos que cinco ministros. (DyN)







