02 Noviembre 2003 Seguir en 
La educación es, a la vida social, el equivalente de la nutrición y la reproducción en la vida fisiológica. Educar implica hacer partícipes de nuestras experiencias a todos los miembros de la sociedad, con el objeto de que las innovaciones progresistas pasen a ser una posesión de todos en libertad igualitaria. Ese proceso se lleva a cabo a través del intercambio en el ambiente social y, por tanto, resulta imprescindible crear en las escuelas ambientes capaces de orientar y canalizar las energías de los niños y jóvenes, dado que el resultado inmediato de ese proceso de intercambio es la capacidad de progreso ulterior. Esto escribió el filósofo y pedagogo estadounidense, John Dewey (1859-1952).
En Tucumán estamos aún muy lejos de concretar lo que escribió Dewey en 1916. Hace pocos días el Gobierno local difundió los resultados de la autoevaluación institucional y de calidad educativa en el nivel medio. En la prueba que evaluó a 5.399 alumnos desde 8º año de la EGB a 2º año del polimodal, de 197 escuelas estatales y colegios privados, el 87% quedó desaprobado (con calificaciones menores a 6). De ese total, el 61% obtuvo aplazo (calificación menor a 4). Las peores notas se observaron en asignaturas básicas como Matemáticas, desaprobada por el 94% de los estudiantes; Lengua, por el 88%; Historia, por el 91% y Geografía, por el 98%. En el 1er año del polimodal (el 3er año tradicional), ningún adolescente pudo aprobar Matemáticas.
De acuerdo con el muestreo, de los 21 espacios curriculares evaluados, 16 presentan porcentajes de desaprobación superiores al 85%; tres están en el orden del 75% y sólo dos (Tecnologías de Gestión y Tecnología de la Información y de la Comunicación) tienen porcentajes de desaprobados menores al 75%.
En diez años de transformación educativa, los alumnos tucumanos perdieron casi dos períodos lectivos completos por la falta de clases en las escuelas estatales, debido a las huelgas docentes. Pero también en esta penosa realidad influye la falta de infraestructura -desde hace casi 12 años no se construyen escuelas medias- y también tiene que ver que en los últimos tres años hubo cuatro cambios de estructuras curriculares. Eso significa, por ejemplo, que hay alumnos que pasan de año sin haber tenido Historia o Geografía.
Otro detalle no menos importante es que Tucumán carece de una ley provincial y que, en los últimos años, la educación ha sido regida por un decreto que favoreció a sectores gremiales, pero que obviamente perjudicó a los chicos tucumanos, como lo demuestra la realidad.
En 1995, Tucumán tenía 400.000 analfabetos. Pese a que aún no hay cifras oficiales, se estima que la cantidad debe haber crecido notablemente si se tiene en cuenta que en la actualidad, el 52% de los niños no asiste a la escuela, a causa de la pobreza.
Si se quiere revertir la debacle educativa, así como el retroceso cultural y social de Tucumán, hay que empezar a integrar y a comprometer a los padres en el hecho educativo, porque también en el hogar los valores esenciales están en crisis. Hay miles de padres analfabetos que deben ser educados porque los chicos son generalmente el reflejo de lo que aprenden en la casa y en la escuela. Los maestros y profesores deben ser evaluados con periodicidad. Por ejemplo, en mayo pasado, en Entre Ríos, de los 1.296 docentes que se presentaron a rendir la prueba escrita del concurso convocado por el Consejo General de Educación para cubrir cargos de director y vicedirector en escuelas primarias y secundarias de la provincia reprobó un 42%. ¿Cuál sería el resultado en Tucumán? ¿Acaso el 87% que desaprobó en la reciente autoevaluación no está reflejando también el nivel de los docentes y la incapacidad de quienes desde hace más de un lustro vienen conduciendo la cartera educativa y los gobiernos?
La realidad golpea con crudeza y nos demuestra que sin educación no existe el progreso. Es hora de que alguna vez lo entendamos, antes de que sea demasiado tarde.
En Tucumán estamos aún muy lejos de concretar lo que escribió Dewey en 1916. Hace pocos días el Gobierno local difundió los resultados de la autoevaluación institucional y de calidad educativa en el nivel medio. En la prueba que evaluó a 5.399 alumnos desde 8º año de la EGB a 2º año del polimodal, de 197 escuelas estatales y colegios privados, el 87% quedó desaprobado (con calificaciones menores a 6). De ese total, el 61% obtuvo aplazo (calificación menor a 4). Las peores notas se observaron en asignaturas básicas como Matemáticas, desaprobada por el 94% de los estudiantes; Lengua, por el 88%; Historia, por el 91% y Geografía, por el 98%. En el 1er año del polimodal (el 3er año tradicional), ningún adolescente pudo aprobar Matemáticas.
De acuerdo con el muestreo, de los 21 espacios curriculares evaluados, 16 presentan porcentajes de desaprobación superiores al 85%; tres están en el orden del 75% y sólo dos (Tecnologías de Gestión y Tecnología de la Información y de la Comunicación) tienen porcentajes de desaprobados menores al 75%.
En diez años de transformación educativa, los alumnos tucumanos perdieron casi dos períodos lectivos completos por la falta de clases en las escuelas estatales, debido a las huelgas docentes. Pero también en esta penosa realidad influye la falta de infraestructura -desde hace casi 12 años no se construyen escuelas medias- y también tiene que ver que en los últimos tres años hubo cuatro cambios de estructuras curriculares. Eso significa, por ejemplo, que hay alumnos que pasan de año sin haber tenido Historia o Geografía.
Otro detalle no menos importante es que Tucumán carece de una ley provincial y que, en los últimos años, la educación ha sido regida por un decreto que favoreció a sectores gremiales, pero que obviamente perjudicó a los chicos tucumanos, como lo demuestra la realidad.
En 1995, Tucumán tenía 400.000 analfabetos. Pese a que aún no hay cifras oficiales, se estima que la cantidad debe haber crecido notablemente si se tiene en cuenta que en la actualidad, el 52% de los niños no asiste a la escuela, a causa de la pobreza.
Si se quiere revertir la debacle educativa, así como el retroceso cultural y social de Tucumán, hay que empezar a integrar y a comprometer a los padres en el hecho educativo, porque también en el hogar los valores esenciales están en crisis. Hay miles de padres analfabetos que deben ser educados porque los chicos son generalmente el reflejo de lo que aprenden en la casa y en la escuela. Los maestros y profesores deben ser evaluados con periodicidad. Por ejemplo, en mayo pasado, en Entre Ríos, de los 1.296 docentes que se presentaron a rendir la prueba escrita del concurso convocado por el Consejo General de Educación para cubrir cargos de director y vicedirector en escuelas primarias y secundarias de la provincia reprobó un 42%. ¿Cuál sería el resultado en Tucumán? ¿Acaso el 87% que desaprobó en la reciente autoevaluación no está reflejando también el nivel de los docentes y la incapacidad de quienes desde hace más de un lustro vienen conduciendo la cartera educativa y los gobiernos?
La realidad golpea con crudeza y nos demuestra que sin educación no existe el progreso. Es hora de que alguna vez lo entendamos, antes de que sea demasiado tarde.
Lo más popular







